Nuestro Estudio Jurídico es un emprendimiento profesional que surge al mancomunarse la actividad de las firmas Rosenbaum Abogados y Estudio Castello, fundadas en los años 1976 y 1991 respectivamente. Ambas firmas desde sus inicios se han dedicado a brindar servicios legales especializados en materia laboral, de seguridad social y relaciones colectivas de trabajo, tanto en el área contenciosa, de a
sesoría y de negociación. Una dilatada trayectoria profesional y formación académica de sus integrantes, ha posibilitado ubicarnos como un Estudio de referencia de primer nivel en el campo del Derecho laboral. Asimismo, desde este posicionamiento, la actividad profesional ha incursionado en áreas conexas propias del derecho privado (civil, comercial, corporativo) y del derecho público (administrativo). Numerosos clientes (personas físicas, organizaciones profesionales, empresas y sociedades privadas, e instituciones públicas) han requerido nuestros servicios, tanto en la búsqueda de políticas preventivas tendientes a mitigar eventuales contingencias laborales, así como para requerir nuestro patrocinio en procesos de diversa naturaleza, originados en controversias individuales y juicios, conflictos colectivos de trabajo, seguridad laboral y problemas de la previsión y seguridad social. La incorporación de profesionales responsables e idóneos, muchos de ellos jóvenes emprendedores, nos ha permitido crecer, renovar nuestro impulso y generar un clima de trabajo que redunda en beneficio de los usuarios que confían en nosotros como equipo. Como signo distintivo, en Rosenbaum, Castello & Jiménez de Aréchaga nos caracterizamos por la atención personalizada de nuestros clientes, así como por la búsqueda permanente de la excelencia y calidad de nuestros servicios. Perseguimos el objetivo de anticiparnos a situaciones imponderables y por ende desarrollamos una labor profiláctica que permita eliminar o mitigar los riesgos de quienes recurren a nuestro apoyo, consulta, patrocinio y representación. Basamos la relación profesional en la confianza y el compromiso con los intereses de nuestros clientes, ponderando y apegándonos a los valores éticos que deben guiar el desempeño de nuestra actividad profesional: estudiar, pensar, trabajar, luchar, ser leales, practicar con tolerancia, paciencia, fe y sin rencor, y por sobre todas las cosas, amar la profesión (Mandamientos del Abogado, según Eduardo J.