10/16/2026
Esta mañana, en una clase de ejercicio, la instructora nos pidió hacer un movimiento que me parecía imposible. Estaba convencida de que no podía. No era falta de fuerza. Era miedo.
Vi a otra persona lograrlo y pensé: algún día yo también. Entonces una voz tranquila dentro de mí preguntó: "¿Y si algún día es hoy? ¿Qué tengo que perder?"
Lo intenté. Y lo logré. El trabajo ya estaba hecho — todos esos pasitos ya vivían en mí. Simplemente nunca me había dado la oportunidad de comprobarlo.
Me había quedado sentada con la esperanza, deseando algo que ya era capaz de hacer. Pedía, trabajaba, pero no abría las manos para recibirlo.
Y esto es justo lo que veo en mis clientes todos los días.
Tantas personas viven con la esperanza de tener un estatus legal en Estados Unidos. Ven a un amigo o familiar convertirse en residente o ciudadano y piensan: algún día me va a tocar a mí. Esperan. Trabajan duro. Pero nunca hacen la llamada. Nunca preguntan si existe una posibilidad para su caso.
Muchas veces es porque alguien, con buena intención, comparte su propia experiencia con un abogado y dice: "No pierdas tu tiempo." Pero esa es la historia de otra persona, no la tuya. Cada caso es distinto y merece su propia conversación — podrías estar parada sobre una oportunidad sin saberlo.