10/08/2026
A veces, sobre todo con recién nacidos y niños pequeños, otros adultos llegan con preocupaciones, opiniones o soluciones para situaciones que para nosotros ni siquiera son un problema o que hemos decidido que sea de determinada manera.
En ese momento es necesario poner límites, aunque a veces no sabemos cómo.
Yo he tenido momentos en los que no supe poner el límite. Y otros en los que, intentando ponerlo, no lo hice con todo el cuidado que hubiera querido.
Porque a poner límites se aprende.
La maternidad me mostró también que si habiendo explicado las razones, alguien no quiere escuchar un límite, eso ya no es responsabilidad mía. Mi responsabilidad es el bienestar de mi peque.
Que alguien esté preocupado no le da permiso para invadir mi espacio como mamá.
Puedo escuchar, agradecer la intención y aun así decir:
“Gracias, pero esto lo estamos manejando nosotros.”
Y sí, a veces poner ese límite cuesta mucho. Especialmente cuando necesitamos de esa persona, cuando convivimos o cuando forma parte importante de la vida de nuestros hijos.
Poner un límite no significa alejarlos de nuestros hijos. Significa decidir qué tipo de participación tienen y hasta dónde llega su opinión, no el cariño.
Cuidar las relaciones familiares también implica cuidar y respetar el estilo de crianza, mientras seguimos acompañados y protegemos los vínculos 🤍