10/04/2026
Nunca olvidaré noviembre de 2025, cuando la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos llegó a Charlotte como parte de la “Operación Charlotte’s Web.”
El 15 de noviembre, agentes de la Patrulla Fronteriza comenzaron a realizar operativos de inmigración por toda Charlotte, incluso a lo largo de Central Avenue, justo en el corazón de nuestra comunidad latina e inmigrante.
Yo estuve allí. Vi con mis propios ojos el impacto que tuvo.
La palabra que me viene a la mente es: aterrorizados.
Central Avenue, normalmente llena de gente, tráfico, familias y negocios, quedó en un silencio escalofriante. Prácticamente no había nadie en las calles. Los negocios estaban vacíos o cerrados. Parecía que había agentes de la Patrulla Fronteriza por todas partes.
Justo frente a nosotros estaba Manolo’s Bakery, una institución de Charlotte que había servido a esta comunidad durante casi tres décadas. Incluso Manolo’s cerró sus puertas por primera vez en 28 años debido al temor que estaba causando todo lo que sucedía.
Mi personal estaba aterrorizado. Yo también estaba aterrorizada.
Como abogada de inmigración con más de 30 años ejerciendo la profesión, he vivido muchos cambios en las políticas migratorias y en la manera en que se hacen cumplir nuestras leyes de inmigración. Pero nunca había presenciado personalmente algo así.
El efecto paralizante que tuvo sobre nuestra comunidad fue peor que lo que recuerdo durante la pandemia de COVID.
Durante el COVID, nuestras calles quedaron vacías porque la gente tenía miedo de un virus mortal. Esta vez, nuestras calles quedaron vacías porque la gente tenía miedo de su propio gobierno.
Piénsenlo.
Sin importar cuáles sean sus creencias políticas o su posición sobre la inmigración, ninguna comunidad en Estados Unidos debería vivir con tanto miedo que las personas teman ir a trabajar, comprar comida, visitar una panadería, salir con sus hijos o simplemente caminar por la calle.
Existe una gran diferencia entre hacer cumplir la ley y sembrar el miedo en toda una comunidad.
Nunca olvidaré cómo se veía y cómo se sentía Central Avenue durante esos días. El silencio. Las calles vacías. Los empleados aterrorizados. Los negocios cerrados. El miedo en los rostros de la gente.
Esto ocurrió aquí, en Charlotte, Carolina del Norte.
Y para quienes lo presenciamos con nuestros propios ojos, es algo que nunca debemos olvidar.
Podemos hacer cumplir nuestras leyes de inmigración y, al mismo tiempo, respetar la dignidad humana, las protecciones constitucionales y el debido proceso legal. Esos principios nunca deberían depender del lugar donde una persona nació ni del idioma que habla.
Charlotte es nuestra comunidad. Y ninguna comunidad debería jamás tener que vivir con miedo.