19/08/2026
Novena en honor a San Luis IX Rey de Francia
Patrono de la OFS y de la TOR
Tercer día – 18 de agosto
De la mortificación de San Luis
Aunque no perdió San Luis la inocencia del Bautismo, temeroso de arriesgar tan precioso tesoro, imitaba el ejemplo de San Pablo y de los demás Santos, que con la continua mortificación de su cuerpo sujetaron sus pasiones, para no hallarse vencidos de los incentivos de la carne. Toda la vida de este Santo Rey fue una continuada penitencia, practicando rigurosos ayunos los Viernes, Adviento, Cuaresma, Vigilias de Nuestra Señora, y muchos Lunes y Miércoles entre año. Usaba de un áspero cilicio, se confesaba todos los Viernes, recibía después la disciplina, y hubo de moderarle su confesor muchas austeridades que dañaban notablemente su salud. Entre las muchas tribulaciones que padeció, coronó su paciencia la de ver malograda la empresa de conquistar la Tierra Santa; y adorando los secretos de la providencia Divina, sufrió las amenazas, insultos y trabajos de la prisión con tal constancia, que admiró al Sultán la grandeza de ánimo con que rehusó cuanto no le parecía convenir al honor de la Iglesia, exponiéndose a los tormentos y a la muerte.
Reflexión
Gran cuidado debemos poner para dominar nuestras pasiones, en mortificar los apetitos, despreciar los deleites, refrenar la se*******ad, y tolerar los trabajos y tribulaciones, para que mitigadas todas las aficiones terrenas, podamos elevar nuestros deseos a Dios con puro y resignado corazón. El ejemplo de este Santo Rey debe alentarnos a sufrir las calamidades que Dios nos enviare, y adorar sus ocultos juicios; y reconociendo cuánta más pena merecen nuestros pecados, consolarnos con la brevedad del tiempo de nuestras aflicciones, y la abundante recompensa que está preparada a nuestra paciencia.
Oremos
Dios, que del Reino de la tierra trasladaste al Bienaventurado Confesor San Luis a la Gloria de la Celestial Patria: concédenos por su intercesión y méritos, que logremos igual suerte en la compañía del Rey de los Reyes, Jesucristo tu Hijo nuestro Señor que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Pax et bonum!