17/04/2025
El entramado oculto de Horacio Cartes: Ci*******os, dinero sucio y conexiones globales
En la frontera entre el poder y el crimen, el nombre de Horacio Manuel Cartes Jara —ex presidente de Paraguay y magnate tabacalero— resuena con insistencia en los pasillos de las fiscalías de tres continentes. Lo que comenzó como rumores en Asunción hoy es un laberinto de sospechas: contrabando masivo de ci*******os, empresas fantasma y lavado de dinero con alcance transnacional. La pista más reciente, y macabra, lleva hasta el as*****to del fiscal paraguayo Marcelo Pecci en Colombia en 2022. Pecci, que investigaba lavado de activos, habría tenido en su mira documentos que vinculaban a Cartes con clanes libaneses. Su viuda lo dijo sin rodeos: "Marcelo sabía demasiado".
Todo empezó con los ci*******os. TABESA, la tabacalera de Cartes, fue señalada por la prensa paraguaya como una fábrica de humo legal que escondía cargamentos ilegales. Según ABC Color, camiones repletos de cajetillas sin registro fiscal cruzaban a Brasil y Argentina, donde el mercado negro mueve US$ 3.000 millones al año. Un ex empleado de la empresa declaró bajo anonimato: "Aquí se producía para las dos caras: lo que pagaba impuestos y lo que no". Pero el negocio real no estaba en el tabaco, sino en lo que venía después: blanquear las ganancias.
Ahí entraron empresas como Mundo Informático Paraguay S.A. y Apolo Informática S.A., registradas como proveedoras de tecnología. Según la Unidad de Delitos Financieros de Paraguay, entre 2019 y 2023, estas compañías facturaron US$ 50 millones por servicios nunca prestados. Los fondos, según reportes de la DEA estadounidense, se mezclaban con dinero del narcotráfico en cuentas de Miami. Pero el eslabón más intrigante está en un nombre: Kassem Mohamed Hijazi, un brasileño-libanés condenado en Nueva York en 2021 por narcotráfico. Durante el juicio, Hijazi admitió que usó empresas de Cartes —incluyendo Mobile Zone International de su socia Liz Paola Doldán— para lavar dinero. "Era como una lavadora: entraba el efectivo del narcotráfico y salía limpio como ganancias de tabaco", dijo un agente federal estadounidense bajo reserva.
Los cables de Wikileaks ya habían encendido las alarmas años antes. En 2008, un diplomático estadounidense en Asunción escribió: "Cartes es un empresario respetado, pero sus vínculos con clanes libaneses en la Triple Frontera son motivo de preocupación". Esa red incluiría a Mohamed Mohamad Hijazi (sin relación directa con Kassem), dueño de España Informática S.A., que facturó millones a Grupo Cartes por operaciones fantasma.
El rompecabezas se complica con el inmobiliario. Emprendimientos Inmobiliarios Misiones S.A., otra firma ligada a Cartes, compró tierras valuadas en US$ 20 millones con dinero de TABESA. Para los fiscales paraguayos, era un clásico movimiento de lavado: "Compras sobrevaloradas para justificar dinero negro".
Pero la sombra más larga se proyecta sobre el as*****to de Marcelo Pecci. El fiscal, mu**to a balazos en una playa colombiana días después de recibir documentos sobre cuentas offshore de Cartes, se había convertido en un obstáculo. Testigos protegidos en Paraguay revelaron a La Nación que Cartes fue advertido por aliados políticos sobre las pesquisas de Pecci. Aunque no hay pruebas directas, la viuda del fiscal insiste: "Marcelo estaba cerca de destapar todo".
Mientras tanto, el Departamento de Estado estadounidense no ha sido tímido: en 2020, incluyó a Cartes en su lista de "corruptos significativos", acusándolo de obstruir investigaciones. Para los analistas de InSight Crime, esto refleja un patrón: "Es una red que usa Paraguay como plataforma, con socios en Brasil, dinero en EE.UU. y conexiones en el Líbano".
Las preguntas siguen abiertas. ¿Cómo lograron empresas como Apolo Informática mover millones sin alertar a los reguladores? ¿Qué papel jugó el Estado paraguayo, históricamente frágil ante el crimen organizado? Y la más urgente: ¿quién dio la orden para silenciar a Marcelo Pecci?
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