20/03/2026
EL CUENTO DEL SOCIALISMO
En el pueblo de San Jacinto, Mateo llevaba años trabajando de sol a sol. Con esfuerzo, logró algo que para él era más que un objeto: una pequeña máquina de carpintería que había comprado tras ahorrar durante cinco años. Era su orgullo y también su sustento.
Una mañana, mientras abría su taller, aparecieron tres hombres con papeles en la mano. No venían a comprar ni a encargar nada.
—Desde hoy —dijo uno con tono firme—, esta máquina ya no es solo tuya. Debes entregarla por turnos a otros vecinos que la necesitan.
Mateo frunció el ceño.
—Pero… yo la compré. Me costó años.
—No es justo que solo tú la tengas —respondieron—. Hay otros que también la necesitan.
Al día siguiente, la máquina empezó a pasar de mano en mano. Algunos la usaban con cuidado; otros, sin experiencia ni interés, la estropeaban. Mateo ya no podía trabajar como antes. Su producción cayó. Sus ingresos también.
Los vecinos que recibían la máquina tampoco mejoraron. Al no haberla conseguido con esfuerzo, no la valoraban ni sabían mantenerla. Pronto, la herramienta empezó a fallar.
Meses después, la máquina estaba casi inutilizable. Mateo había perdido su negocio. Los demás no habían progresado. Y aquellos que habían impuesto la medida… seguían pasando por el pueblo, cada vez en mejores carros, con nuevas órdenes bajo el brazo.
Mateo, mirando su taller vacío, comprendió algo que nunca olvidaría:
cuando te quitan lo que construiste con esfuerzo para repartirlo sin responsabilidad, no se multiplica la riqueza… se reparte la escasez.