23/10/2026
La tragedia reciente que cobró la vida de dos colegas abogados y culminó con el suicidio del presunto agresor es un golpe profundo para nuestra comunidad legal y para la sociedad. La práctica del derecho nos coloca a menudo en el centro de disputas intensas, recordándonos la vulnerabilidad que conlleva ejercer una profesión dedicada a mediar, representar y resolver conflictos en momentos de alta tensión emocional.
Esta dolorosa situación va más allá de los tribunales. Hoy, hay múltiples familias destrozadas que enfrentan un dolor incomprensible. No hay consuelo fácil para quienes pierden a un ser querido a causa de la violencia, ni para la familia de quien tomó un camino sin retorno.
Es un momento para la introspección sobre la presión inherente a nuestra labor y la urgencia de fomentar la empatía, el respeto y el cuidado de la salud mental en todos los niveles de nuestro sistema de justicia y de la sociedad.
Que haya paz para las víctimas y fortaleza para cada una de las familias que hoy lidian con esta triste realidad