14/04/2026
𝐓𝐑𝐀𝐌𝐏𝐀 𝐏𝐄𝐑𝐅𝐄𝐂𝐓𝐀: 𝐁𝐔𝐒𝐂𝐀𝐍 𝐒𝐀𝐂𝐀𝐑 𝐀 ‘𝐏𝐎𝐑𝐊𝐘’ 𝐂𝐎𝐍 𝐔𝐍𝐀 𝐄𝐋𝐄𝐂𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐅𝐀𝐁𝐑𝐈𝐂𝐀𝐃𝐀
Por: Manuel Villalva
𝑵𝒐 𝒇𝒖𝒆 𝒖𝒏 𝒆𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒏𝒊 𝒖𝒏𝒂 𝒇𝒂𝒍𝒍𝒂; 𝒇𝒖𝒆 𝒖𝒏𝒂 𝒎𝒂𝒏𝒊𝒐𝒃𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒍𝒊𝒃𝒆𝒓𝒂𝒅𝒂. 𝑫𝒖𝒓𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒎𝒆𝒔𝒆𝒔 𝒔𝒆 𝒇𝒂𝒃𝒓𝒊𝒄𝒂𝒓𝒐𝒏 𝒄𝒂𝒏𝒅𝒊𝒅𝒂𝒕𝒐𝒔, 𝒔𝒆 𝒊𝒏𝒇𝒍𝒂𝒓𝒐𝒏 𝒆𝒏𝒄𝒖𝒆𝒔𝒕𝒂𝒔 𝒚 𝒔𝒆 𝒊𝒏𝒕𝒐𝒙𝒊𝒄𝒐́ 𝒍𝒂 𝒐𝒑𝒊𝒏𝒊𝒐́𝒏 𝒑𝒖́𝒃𝒍𝒊𝒄𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒅𝒊𝒏𝒂𝒎𝒊𝒕𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒄𝒓𝒆𝒄𝒊𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒅𝒆 𝑷𝒐𝒓𝒌𝒚. 𝑳𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆 𝒊𝒏𝒕𝒆𝒏𝒕𝒐́ 𝒏𝒐 𝒇𝒖𝒆 𝒊𝒏𝒇𝒍𝒖𝒊𝒓, 𝒇𝒖𝒆 𝒕𝒐𝒓𝒄𝒆𝒓 𝒆𝒍 𝒓𝒆𝒔𝒖𝒍𝒕𝒂𝒅𝒐. 𝑵𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒖𝒏𝒂 𝒔𝒊𝒎𝒑𝒍𝒆 𝒆𝒍𝒆𝒄𝒄𝒊𝒐́𝒏, 𝒔𝒊𝒏𝒐 𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒖𝒏 𝒊𝒏𝒕𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒅𝒆𝒔𝒄𝒂𝒓𝒂𝒅𝒐 𝒅𝒆 𝒔𝒆𝒄𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂𝒓 𝒍𝒂 𝒗𝒐𝒍𝒖𝒏𝒕𝒂𝒅 𝒑𝒐𝒑𝒖𝒍𝒂𝒓 𝒚 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒅𝒊𝒓 𝒅𝒆𝒔𝒅𝒆 𝒂𝒓𝒓𝒊𝒃𝒂 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒍 𝒄𝒊𝒖𝒅𝒂𝒅𝒂𝒏𝒐 𝒅𝒆𝒃𝒊́𝒂 𝒗𝒐𝒕𝒂𝒓.
Lo ocurrido no es casualidad. Tiene la huella de una operación sostenida y deliberada: una estrategia diseñada con anticipación para desgastar la intención de voto de Rafael López Aliaga —“Porky”— utilizando un mecanismo conocido, pero cada vez más refinado: la manipulación de la opinión pública a través de ciertos medios de comunicación y encuestadoras.
En ese contexto, Beto Ortiz (Oficial) no desentona al advertir que en esta elección se habría aplicado la llamada “estrategia Morrocoy”: una lógica de intervención progresiva en la percepción ciudadana que busca inclinar el escenario antes de que el voto se exprese en las urnas.
No es un fenómeno reciente. Durante meses, se ha intentado instalar artificialmente “outsiders” a golpe de encuestas. Cada cierto tiempo aparecía un nuevo candidato inflado mediáticamente: primero uno, luego otro, siempre con el mismo patrón. Grosso, López Chau, Carlos Álvarez, Marisol Pérez Tello, Belmont… nombres que subían súbitamente en sondeos para luego desinflarse con la misma rapidez. El último intento: Nieto Montesinos, presentado como una opción “de centro”, pero con un perfil que muchos identifican como cercano al entorno caviar.
¿El objetivo? Fragmentar el voto indeciso. Ese enorme bolsón electoral que, por tendencia natural, suele inclinarse hacia opciones de centro o centro derecha. Cada candidato inflado no buscaba necesariamente ganar, sino restarle espacio a quienes realmente competían con fuerza, especialmente a Porky.
La lógica es clara: impedir que dos candidatos de derecha o centro derecha lleguen a una segunda vuelta. Ese escenario representa, para ciertos grupos de poder, una amenaza estratégica. Por eso, el esfuerzo no solo se habría centrado en orientar el voto, sino también en construir narrativas, percepciones y, eventualmente, condiciones para cuestionar o influir en el resultado final.
En ese contexto, las fallas reportadas en el sistema electoral no pasan desapercibidas. La implementación de mecanismos electrónicos bajo el argumento de modernización genera suspicacias cuando coincide con irregularidades logísticas: falta de materiales, problemas técnicos, retrasos. La explicación oficial suele ser técnica; la percepción ciudadana, en cambio, tiende a politizar esos errores.
A esto se suma el papel de los sondeos de boca de urna. Si estos no reflejan adecuadamente la realidad, pueden instalar una narrativa previa que condicione la lectura de los resultados oficiales. En procesos ajustados, la percepción puede ser tan influyente como el conteo mismo.
Sin embargo, hay un elemento que alteró el guion previsto: la reacción inmediata de los actores políticos. La rápida respuesta de algunos candidatos y la activación de mecanismos institucionales evitaron que la incertidumbre se prolongue sin control. Incluso, acciones recientes del sistema de justicia muestran que el proceso está siendo observado con mayor rigurosidad.
Más allá de nombres propios, lo que queda en evidencia es un problema estructural: la fragilidad del voto indeciso frente a la influencia mediática. Muchos ciudadanos terminan apoyando opciones construidas desde la narrativa antes que desde propuestas claras, creyendo elegir “centro” cuando, en realidad, responden a posicionamientos cuidadosamente diseñados.
El trasfondo es más profundo que una elección puntual. Se trata de una disputa por el control del relato político y, en última instancia, del poder. Cuando la competencia deja de ser solo entre candidatos y pasa a ser entre estructuras de influencia, la democracia entra en una zona de riesgo.
Aún nada está definido. Pero si algo ha quedado claro, es que el voto ya no solo se gana en las urnas: se disputa, se moldea y, muchas veces, se intenta dirigir desde mucho antes.
Video: Willax Televisión
ONPE Oficina Nacional de Procesos Electorales - Perú