16/11/2020
¡¡¡SEAMOS MEJORES... SEÁMOSLO SIEMPRE, POR NUESTRO PERÚ!!!
Es imposible no estar de luto cuando un hermano muere. Pues sí, han mu**to dos de los nuestros. De igual forma, resulta imposible no cargarse de diversos sentimientos positivos y negativos frente a lo sucedido y a lo que estamos viviendo. Pero, nuestra inteligencia y valores deben hacernos mirar en 360º nuestra realidad e identificar que necesita nuestra sociedad para salir del hoyo en que se encuentra y como podemos contribuir día a día a que logremos lo que nuestro Perú merece, una sociedad realmente digna.
Mi lectura sobre la situación actual transciende al escenario político. Nuestro querido Perú tiene, lamentablemente, serios problemas y la corrupción no es el primero de ellos, ni mucho menos el único. No creo que nuestro problema sea sólo un “grupeto” de corruptos y oportunistas que ejercen cargos de elección popular, o aquellos que los manipulan cual títeres dentro de una función a la que llamamos escenario político peruano. No creo que la solución pase por un simple ¡váyanse todos!, aunque de seguro podría ser un punto de partida.
Las marchas... no sólo las recientes, sino todas ellas. Las que hemos visto desde hace mucho tiempo, llamaban a nuestra reflexión: por la no violencia contra la mujer, contra la corrupción en el gobierno, contra la destitución de fiscales, contra actos del Fiscal de la Nación, en pro del adelanto de elecciones, en pro de derechos educativos, en contra de un indulto, contra la “Ley Pulpín”, contra la “repartija”, la de los 4 suyos, etc. De seguro mi memoria se queda corta contra las diversas protestas que han surgido en estos últimos 20 años. Sin embargo, tengo claro que a mis 35 años la palabra vacancia presidencial no es nueva y no por que sea un hombre formado en derecho, sino por que escuché de ella y vi en prensa su aplicación práctica a mis tempranos 15 años y luego escuché instaurarse un llamado “gobierno de transición democrática”, que entiendo nos ilusionó por que se logre una reforma política y social, pero no fue así. El que sucedió a la década del 90 fue más de lo mismo... un delincuente.
En ese sentido, nuestra “crisis política” no es reciente, ni esporádica, sino por el contrario
permanente en el tiempo. Llevo más de la mitad de mi vida en una Nación en crisis política, y si analizamos la sociedad que transcurrió en mis primeros cinco lustros, de seguro diremos que toda ella estuvo en crisis.
Entonces, debemos sentirnos orgullosos de haber logrado formarnos como hombres y mujeres de bien en medio de una sociedad en crisis, somos una suerte de generación de sobrevivientes y de “obligados” a marcar un punto de inflexión para lograr un cambio de nuestra realidad.
Retomando mis primeras líneas, considero firmemente que se logrará ello únicamente si es que cada uno de nosotros reformamos nuestra vida y por ende nuestra forma de contribuir con nuestra sociedad. Seamos:
- Ciudadanos que honremos nuestra palabra, más que nuestra firma puesta en un papel.
- Ciudadanos que honremos a nuestras madres y padres, con una devoción admirable. No se puede ser bueno si ello no es una máxima de nuestra vida.
- Ciudadanos tolerantes con el disenso, pero firmes en nuestras convicciones.
- Ciudadanos que rechacemos todo acto de violencia, desde la verbal. Pues muchas veces se repudia la violencia, cuando somos diestros en ella en nuestros hogares o familia.
- Ciudadanos responsables con nuestras obligaciones personales, sociales, laborales, tributarias, empresariales, etc.
- Ciudadanos que formemos a nuestras hijas e hijos con fuertes y sólidos valores morales. Tales que les impida doblegarse frente al mal, ese que entendemos por corrupción, oportunismo, facilismo, etc.
- Ciudadanos que entendamos que la política no es sólo una forma de distribución del poder, sino que es el instrumento para encargársela a los mejores.
- Ciudadanos que repudien tanto un acto de corrupción institucional como el del privado. Que aspiremos por que el estado de cosas tal y como lo conocemos cambie y entendamos que ese cambio comienza en nosotros.
- Ciudadanos que vivamos menos para demostrar y más para disfrutar.
- Ciudadanos que dejemos de tener doble moral, una para las redes sociales y otra para nuestra vida diaria.
- Ciudadanos que protestemos con la firmeza de nuestro ejemplo de vida en nuestro diario actuar.
- Ciudadanos que seamos el principal filtro de la educación que reciben nuestros hijos y nosotros mismos.
- Ciudadanos que no hagamos que se conviertan en líderes de opinión quienes prodigan dotes para armar torres de vasos de plástico, en vez de aquellos que son fuente de ideas que podrían construir un mejor país.
- Ciudadanos solidarios y empáticos.
- Ciudadanos que rechacemos todo acto de injusticia y no seamos espectadores pasivos de ninguno de ellos.
- Ciudadanos que hablemos con la verdad del respeto por nuestras ideas y principios.
- Ciudadanos que amemos más y busquemos odiar menos.
- Ciudadanos que no persigamos la riqueza material y luchemos por la espiritual.
- Ciudadanos que entendamos que el dinero es efímero y que sólo nos permite alcanzar comodidades que, si bien son importantes para el diario vivir, no puede ser el centro de nuestro universo y que una obsesión por su acumulación compulsiva o desmedida nos acarreará más amarguras y aflicciones que dicha y felicidad.
- Ciudadanos que aprendamos a enseñar sin dar lecciones.
- Ciudadanos que compartamos nuestros conocimientos, pues ellos son del universo. Y tratemos siempre que, en la medida de lo posible, ese universo nos invada cada día un poco más.
- Ciudadanos a los que no nos tiente el poder por vanidad, superioridad o interés de lucro, sino que entendamos que aquel es un instrumento para hacer el bien en favor de los demás.
- Ciudadanos que tratemos de mirar la sociedad sin el lente convexo de nuestras taras de formación y seamos más receptivos y respetuosos frente a las posiciones disímiles y antagónicas.
- Ciudadanos más generosos y menos envidiosos.
- Ciudadanos que busquemos soluciones y en vez de lamentarnos por los problemas.
- Ciudadanos que no discriminemos por ninguna índole.
- Ciudadanos que no califiquemos al otro por su color de piel, de ojos o cabello. O por lo holgado de su bolsillo.
- Ciudadanos que dejemos de gritar para ser escuchados y empecemos a hablar en forma clara y consecuente.
- Ciudadanos que elijamos con inteligencia y convicción.
- Ciudadanos que tratemos de ser ejemplo de los nuestros.
- Ciudadanos que actuemos de tal forma, que jamás tengamos que bajar la mirada ante nadie.
Considero que el cambio comienza en nosotros mismos. Así que, empecemos...
¡¡¡Seamos mejores... Seámoslo siempre!!!
Rubén Darío Linares Roca