26/12/2025
Hay libros que no enseñan normas, sino criterios. No forman técnicos, sino conciencias jurídicas. Derecho, libertad y justicia. Una introducción al estudio del derecho, de Nuria González Martín y Rogelio Pérez Perdomo, pertenece a esa estirpe. No es un manual para memorizar conceptos, sino una invitación a comprender por qué el derecho existe y a quién debe servir.
Desde sus primeras páginas, la obra parte de una premisa sencilla pero exigente: el derecho no puede entenderse al margen de la libertad ni justificarse sin la justicia. Estudiar derecho, entonces, no es aprender a aplicar reglas, sino aprender a ordenar la convivencia sin anular a la persona. Esta afirmación, que parece elemental, resulta profundamente subversiva en contextos donde la legalidad se ha vuelto un refugio del poder y no un límite frente a él.
El libro propone una lectura no reduccionista del fenómeno jurídico. El derecho aparece como un producto social, político y ético, atravesado por valores, conflictos y decisiones. No es neutral, ni inocente. Regula, controla, pero también puede emancipar. De ahí que la libertad no sea tratada como un problema externo al derecho, sino como su condición de posibilidad: sin libertad, la norma degenera en imposición; sin norma, la libertad se disuelve en arbitrariedad.
Uno de los aportes más relevantes de la obra es su insistencia en que la justicia no es un adorno moral del sistema jurídico, sino su principio legitimador. Una norma puede ser válida, eficaz y aplicada, y aun así ser injusta. Esta distinción —clásica, pero a menudo olvidada— devuelve al estudio del derecho una dimensión crítica indispensable. No basta preguntar si una norma existe; hay que preguntar para qué existe y a quién beneficia.
En este punto, el texto dialoga con una tradición que va desde Aristóteles hasta el constitucionalismo contemporáneo: la idea de que el derecho no se agota en su forma. La justicia opera como un criterio material que permite evaluar al derecho positivo y, llegado el caso, cuestionarlo. Esta mirada resulta especialmente pertinente para sociedades marcadas por desigualdades estructurales, donde la ley ha sido muchas veces un instrumento de orden antes que de equidad.
El libro también acierta al presentar el derecho como un espacio de intersección: política, ética, religión, control social e instituciones se cruzan constantemente. El jurista que ignora esta complejidad corre el riesgo de convertirse en un mero operador del sistema, incapaz de comprender el impacto real de las normas que aplica o defiende.
Por eso, este libro no solo introduce al estudio del derecho: introduce a la responsabilidad de ejercerlo.
Estimada comunidad lectora de Pasión Constitucional compartimos el libro aquí
https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/16/7700/13_7700.pdf