07/04/2020
Dia 23 de cuarentena (Soy el oso Yogui)
Hoy ha sido día de hombres (o sea ayer por que lo estáis leyendo un día después.)
Y el cuerpo lo sabe. Allá que vamos todos como perritos a oler el árbol, porque no se ustedes, pero yo me muero de ganas de poder irme a ver cabras al campo y dar volteretas, pero como no se puede… me aguanto.
Así que lo único que me queda es ir hacer las compras y por lo menos veo el sol. Debidamente uniformado, claro está. Hay que seguir las reglas para no ponernos “malucos”.
Como no he encontrado otra, me he puesto una de las mascarillas que compro mi esposa, para ella. Es rosa y con corazones. Para terminarla de matar y como tampoco encontraba gafas he recordado que del año nuevo tenía unas gafas de corazones amarillos (las de la hora loca) y como tengo más miedo al coronavirus que al ridíc**o así me he marchado, conjuntado.
Cuando he llegado, había un carro de los militares fuera de mi bloque, espero que no haya pasado nada, pero como los vecinos no han hecho mención deduzco que todo esta bien.
Tengo que contarles que, por suerte, mis vecinos “molan” o lo que aquí diríamos, son bacanes.
Somos un grupo heterogéneo, donde la mayoría, siempre están de buen humor y con los que es agradable cruzarse e intercambiar nuestras vivencias del día a día.
Además, son únicos en iniciativa, más cuando están aburridos, con lo que de repente te sorprenden y están todos asomados en la ventana charloteando.
La imagen es como las casitas esas que se ponen en navidad, no sé si alguna vez las han tenido en sus casas. Son esas que se ponen en el mes de navidad y cada día se abre una ventanita para ir incentivando que va llegando la navidad.
Hoy, he visto un cordel desde la ventana de mi cocina y resulta que Gabriel (el vecino de arriba), había improvisado una suerte de polea, para darle algo a Isabel (la vecina de abajo)
Yo como buen casi peruano, e interceptado la comanda, porque nada pasa por mi ventana sin pagar respectiva coima.
Ante mi reclamo, (porque el que no llora no mama y además por probar no pierdo nada) Gabriel me ha obsequiado con un café que el mismo hace de Chanchamayo, buenísimo que no te da cagalera ni dolor de cabeza.
Se llama Samyeél coffee. (¡¡¡TOMA PUBLICIDAD!!!. ¡¡¡Ahora soy influencers, de esos!!!)
Tenía que mencionarlo porque es mi vecino y es producto peruano, hay que apoyar a lo nuestro.
Lo mas importante, es que, los vecinos hemos dejado las pequeñas peleas de escalera (… que si tu gato se caga en mis rosales…), para preocuparnos mas en si todos estamos bien, porque estos son días es más importante cuidarnos unos de otros, porque de no ser así ya no quedaran vecinos con los que discutir.
Lo que me recuerda que mi esposa me dice que parezco el oso “Yogui,” porque siempre voy andando con los brazos caídos y con un aire desenfadado, sonriendo.
Y más que sentirlo como una burla, para mí es un halago, ya que prefiero levantarme y regalar mi “ángel”, o por lo menos, lo más interesante a los de mi alrededor, teniendo la sana costumbre de sonreír, por una sola razón:
Tengan en cuenta, que, una vez que el desierto cubra el mar, lo único que quedará es la huella que hayas dejado en los demás.
Feliz día sonreíd mucho y ánimos, que de esta salimos vivos o en una caja… pero con actitud.
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