30/03/2021
El hambre y la desnutrición no se deben en modo alguno a la fatalidad ni a una maldición de la naturaleza;
se deben al hombre. El que muere de hambre es víctima de un as*****to: la desnutrición crónica grave,
el hambre persistente, implican una violación del derecho fundamental a la vida. Esta tragedia silenciosa tiene lugar diariamente en un planeta agobiado por la riqueza.
Jean Ziegler
HAMBRE EN EL MUNDO
Escribe: Abog. José Luis Toala Feliciano
Hoy, en el contexto mundial, millones de hermanos nuestros, padecen de esa enfermedad silenciosa llamada “hambre”. Las Naciones Unidas ya se había trazado como un primer objetivo "erradicar la pobreza extrema y el hambre", teniendo como meta el de reducir a la mitad, para el año 2015 el porcentaje de personas en situación de hambre, y para el año 2030, erradicarlo completamente, expresado en hambre cero, pero los resultados a la fecha no son nada alentadores.
Lo cierto es que a la fecha, la cruda realidad nos grafica esta calamidad de manera alarmante: existen más de 690 millones de personas que sufren hambre en el planeta, constituyendo el 11.5% de la población mundial, es decir, 1 por cada 9 habitantes, la cual constituye una catástrofe humana muy grave cuya solución no se puede aplazar por más tiempo. Sin embargo, sabemos que los logros a la fecha son muy escasos y los hambrientos no cesan de aumentar, más aun con la crisis económica provocada por el COVID-19, los alimentos están fuera del alcance de las personas más vulnerables.
No es aceptable pues, de ningún modo, que en un mundo hoy más rico que nunca, donde la riqueza existente puede saciar sobradamente el hambre de todos los seres humanos que habitamos el planeta, se permita que millones de personas sufran de hambre y de malnutrición extrema. El derecho a la alimentación implica pues que tenemos una obligación legal de erradicar el hambre.
Resulta tan paradójico en el contexto actual, cuando de un lado se sabe, que el mundo produce lo suficiente para alimentar a toda la población mundial de alrededor de ocho mil millones de personas, y que de otro lado, uno de cada nueve personas en el planeta tengan que ir a dormir con hambre cada noche; y en algunos países, uno de cada tres niños está bajo de peso.
Esta lamentable situación nos lleva pues a enfocar el derecho a la alimentación desde una perspectiva de derechos humanos, es decir, pretender lograr el respeto, la protección y garantía del derecho humano a una alimentación adecuada. El derecho a la alimentación tiene igual jerarquía que el derecho a la vida, a la libertad de locomoción o de expresión, a una vida libre de violencia, entre muchos otros derechos humanos incluidos en los instrumentos internacionales sobre la materia.
Ante esta indignante realidad, debe ser tarea de todos nosotros, el de compartir ideas y planes de acción destinados a erradicar esta grave calamidad que azota el mundo. Compete no solo a los gobiernos y organismos internacionales hacer frente a esta pandemia mundial, sino también a la sociedad civil y a las organizaciones sociales que, desde diversos ámbitos, debemos comprometernos a hacer realidad el derecho a la alimentación y, en definitiva, a luchar para la erradicación del hambre.