24/12/2025
La Constitución no es opcional
El caso "Cócteles" ha revelado una crisis que va más allá de los nombres propios: el intento de colocar causas personales por encima de la Constitución. En un Estado de derecho, las sentencias del Tribunal Constitucional (TC) no se negocian ni se seleccionan; se cumplen.
Cuando un fiscal o un juez decide qué fallos acatar basándose en su propio criterio, rompe el orden institucional. El TC es el intérprete supremo de la ley y sus decisiones son vinculantes, nos gusten o no. La "insubordinación" bajo el pretexto de que un fallo es político es el camino más rápido hacia la arbitrariedad.
Este caos es el resultado de años de estirar las leyes y abusar de las prisiones preventivas. Hoy, el constitucionalismo actúa como el freno necesario que el proceso penal perdió. Si permitimos que el deseo de castigar pase por encima de la jerarquía jurídica, el sistema deja de ser justicia para convertirse en voluntad personal. Ninguna causa justifica resquebrajar la democracia.