27/05/2026
El miedo puede hacerte huir.
La claridad puede hacerte creer que ya entendiste.
Pero el poder…
El poder puede hacerte olvidar quién eres.
Llega envuelto en certeza.
En conocimiento.
En reconocimiento.
En la sed silenciosa de influir, dirigir, poseer, controlar.
Se disfraza de virtud.
Habla con voz de sabiduría.
Se sienta en el altar del ego y pide ser alimentado.
Porque hay poderes que no nacen del corazón…
nacen de heridas que aprendieron a gobernar.
Y pocos tienen el valor de mirar su propio reflejo cuando el espejo deja de mostrar grandeza… y comienza a mostrar verdad.
El verdadero poder no necesita imponerse.
No busca adoración.
No reclama superioridad.
Arde.
Purifica.
Despoja.
Y obliga al guerrero a responder la pregunta más incómoda del camino:
¿Tu fuerza sirve a la vida…
o sólo alimenta la imagen que construiste de ti mismo?
Porque el poder que no atraviesa humildad…
termina convirtiéndose en prisión.
Domingos de Temazcal en Huei Tlatocan
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