13/02/2026
Sarampión en México: entre la certificación de 2016 y la erosión de coberturas
A propósito del tema del sarampión:
En 2016, la primera dosis rondaba el 95 %, mientras que la segunda dosis se ubicaba ligeramente por debajo, alrededor del 90–92 %. El estándar para sostener eliminación exige 95 % sostenido, especialmente en ambas dosis.
En 2017 y 2018 se observa un descenso leve pero constante. La MCV1 baja hacia 93–94 %, y la MCV2 comienza a situarse en torno al 88–90 %. Es decir, aún no había un colapso, pero el blindaje comenzaba a erosionarse.
Para 2019 la MCV1 ya estaba cerca de 92 %, y la MCV2 descendía hacia 86–88 %. El país empezaba a acumular cohortes susceptibles.
El golpe más fuerte se observa en 2020 y 2021, en pleno contexto de pandemia. Las estimaciones sitúan la primera dosis en rangos de 83–89 % y la segunda incluso por debajo de 85 %. Ese descenso sí es epidemiológicamente significativo, porque el sarampión no tolera brechas prolongadas. Cuando la cobertura baja del 95 %, el riesgo no es inmediato, pero comienza a acumularse.
En 2022 y 2023 hay una recuperación parcial, pero los niveles no regresan de manera sostenida al umbral de 95 %. Se mejora, sí. Pero no se restituye completamente el blindaje colectivo óptimo.
Con esta línea temporal en la mano, el argumento debe formularse con cuidado.
Primero: en 2016 existía certificación internacional válida. Eso significa que hasta ese momento el estándar técnico estaba cumplido. La OPS no certifica sistemas frágiles.
Segundo: la erosión de coberturas comienza antes de la pandemia, pero se profundiza de manera clara entre 2020 y 2021.
Tercero: la pérdida de inmunidad colectiva es acumulativa. Cuando durante varios años consecutivos las coberturas permanecen por debajo del 95 %, el país comienza a generar “bolsas susceptibles”. Esas bolsas no aparecen en un año específico; se construyen con el tiempo.
Cuarto: si en 2025–2026 observamos mayor incidencia en menores de 1 año y en niños de 1 a 4 años —como muestran los datos recientes— eso indica que el blindaje reciente no fue suficiente. Esos niños dependen completamente de coberturas actuales y de inmunidad colectiva vigente. No son cohortes de hace veinte años.
Ahora bien, respecto a la afirmación de que la responsabilidad es exclusiva de gobiernos anteriores, la cronología no permite una conclusión tan lineal. Es cierto que el descenso inicia antes de 2020, pero también es cierto que la administración en turno hereda el estándar alcanzado en 2016 y tiene la obligación constitucional de sostenerlo.
El artículo 4° de la Constitución impone al Estado el deber de garantizar el derecho a la protección de la salud. Ese deber es continuo. No se extingue con el cambio de administración ni se limita a señalar tendencias heredadas. Si las coberturas comienzan a descender, la obligación es corregir la trayectoria.
Por tanto, el argumento técnicamente sólido es este:
– México cumplía con estándares internacionales en 2016.
– Las coberturas comenzaron a descender progresivamente después.
– La caída más pronunciada ocurre en el periodo de pandemia.
– La recuperación posterior no ha alcanzado de forma sostenida el 95 %.
– La acumulación de susceptibles explica los brotes actuales.
No se trata de criminalizar ni de eximir. Se trata de reconocer que en salud pública la responsabilidad es acumulativa y permanente. La certificación de 2016 demuestra que el sistema funcionaba bajo estándares internacionales. Los descensos posteriores, documentados por la OPS y la OMS, explican por qué hoy reaparecen casos.
El virus no responde a declaraciones retrospectivas. Responde a porcentajes sostenidos en el tiempo.
Y los porcentajes, en este caso, están publicados.
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Mtro. Mariano Rocha
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