01/03/2026
Imagina esto: tus padres se están divorciando. Los dos adultos que más amas en el mundo se han convertido en enemigos. Y un día, un juez, alguien que no te conoce, que nunca ha jugado contigo, que solo te ve como “parte del expediente”, ordena que entres a una sala de tribunal y te sientes frente a tu papá mientras él y tu mamá pelean por ti. Tienes 7 años. No entiendes qué es una “audiencia de visitas provisionales”. Solo sabes que tienes miedo. Que algo está muy mal. Que el mundo de los adultos te está aplastando. Eso le pasó a una niña en México. Y su mamá dijo: hasta aquí.
La mamá promovió un amparo para impedir esa audiencia. El primer juez lo rechazó diciendo que era solo un trámite procesal, “cosa de abogados, no de derechos.” Pero un Tribunal Colegiado federal acaba de contradecirlo con una resolución trascendental: obligar a un menor a participar en un procedimiento judicial SÍ es un acto de imposible reparación.
¿Qué significa eso en términos simples? Que el daño psicológico que puede causarle a un niño sentarse en medio de la guerra legal de sus padres no se puede deshacer después. Que no hay sentencia, ni terapia, ni tiempo que borre lo que un tribunal mal calibrado puede grabar en la mente de un niño. Y que por eso, por primera vez con esta claridad, un tribunal mexicano dice: antes de que eso pase, el amparo procede. El niño merece protección ahora, no después.
Información y explicación tomada de un post en México.