03/06/2026
SIN ENERGÍA ELÉCTRICA NO HAY VIDA
Por:
Emiliano Zapata Sandoval Blasco
Tepic, Nayarit
2 de junio de 2026
Hoy amaneció feliz el día.
Todo iba excelente.
Mi esposa preparó un súper desayuno y lo disfrutamos juntos.
Como a las ocho de la mañana di una consulta jurídica vía telefónica.
Pero la primera señal fue esa y no reparé en ella:
Al terminar la llamada telefónica, me percaté de que no había señal del WiFi de la casa, pero no le di importancia y cambié a la señal de internet de mi contrato telefónico.
Justo en eso, mi esposa me llamó a la cocina y me mostró la estufa. Abríamos las llaves del gas y tratábamos de encender las parrillas, pero el botón que provoca la chispa no funcionaba. Los dos acordamos llamar al especialista.
A los pocos minutos, mi esposa me dijo:
—Emiliano, no hay energía eléctrica en la casa.
Yo, preocupado, traté de encender las luces y… nada.
Los dos intentamos tranquilizarnos diciéndonos:
—De seguro se fue la energía eléctrica en toda la cuadra.
Mi esposa salió a preguntar a los vecinos y regresó con una expresión de preocupación y asombro:
—Ay, Emiliano, se te olvidó pagar el recibo de la CFE. La vecina me comentó que hace rato vinieron los de la CFE y nos cortaron la energía eléctrica, pero que antes estuvieron tocando y no les abrimos.
Yo inmediatamente revisé la aplicación de la CFE y, efectivamente, hoy era el día de corte por no haber pagado los $1,759.00 bimestrales. De forma inmediata pagué y llamé al 071, donde con gran amabilidad me atendieron y me informaron que dentro de las próximas 24 horas me reconectarían el servicio.
Al terminar, me derrumbé en el sillón de la sala, mientras mi esposa me preguntó:
—¿Y luego, Emiliano?
Y yo le contesté:
—Fue la ida a la CDMX; me distrajo mucho.
Y si bien la CFE ya me había garantizado que me iban a reconectar el servicio porque ya lo había pagado, además de los $80.00 por la reconexión, la verdad es que la última vez que me sucedió esto fue hace como dos años, cuando me cortaron la energía eléctrica de mi despacho, y tardaron un día y medio en realizar la reconexión. Nosotros no podíamos esperar tanto.
En efecto, en el refrigerador había comida y, en especial, carne; la lavadora estaba en pleno ciclo de lavado y tuvimos que apagarla ante el temor de que el tinaco se vaciara; ni siquiera nos habíamos bañado; los ventiladores tenían agotada la batería; mi iPhone tenía apenas un tercio de carga y mi casa es muy calurosa en verano. Sin ventiladores y sin aire acondicionado, el sufrimiento ya empezaba a sentirse; yo sudaba la camiseta estando sentado en la sala.
Imagínense: yo había decidido trabajar en la comodidad de mi casa, pero sin energía eléctrica no hay laptop funcionando, no hay internet y, lo peor, no hay aire acondicionado. Y yo, con calor, no puedo trabajar intelectualmente.
Así que mi esposa y yo hicimos varias llamadas para ver si alguno de nuestros amigos conocía a un trabajador de la CFE que pudiera ayudarnos a reconectar la energía eléctrica. Todos dijeron que lo único que podían hacer era recomendarnos a un electricista, pero inmediatamente descartamos esa opción por simples razones:
1. Lo que queríamos era resolver un problema, no meternos en otro más grave.
2. Es sabido que hay quien remueve el medidor y coloca un “diablito”, pero esto es ilegal, y más ahora que los medidores son totalmente electrónicos y que, para reconectar la energía eléctrica, es necesario un escáner de la propia CFE.
Así que decidimos acudir a las oficinas de la CFE ubicadas en la avenida Independencia.
En el trayecto vimos una camioneta de la CFE y yo me bajé haciéndoles señas para poder hablar con ellos; sin embargo, lo que hicieron fue acelerar la camioneta. De regreso con mi esposa, nos reímos cuando le dije:
—Yo solo quería pedirles ayuda; no sé qué facha me vieron.
Así llegamos a las oficinas de la CFE y, de pronto, vi a un hombre que vestía uniforme ejecutivo de la propia CFE. Advertí que era un mando por su forma de ser y porque se dirigía a una camioneta con siglas de la institución. Presuroso, me acerqué a él:
—Disculpe, por favor ayúdenos. En la mañana nos suspendieron el servicio, pero ya pagué y la verdad nos urge que nos lo restablezcan.
El señor volteó a verme y, con extrema amabilidad, me solicitó ver mi recibo de luz y el comprobante de pago, los cuales le mostré en mi iPhone. Acto seguido, tomó un aparato electrónico especial que llevaba consigo, verificó información y luego habló con personal a través de un radio.
Al final me dijo, muy amable y sonriente:
—Listo, ya no se preocupe. En la tarde le reconectan su servicio, yo se lo aseguro.
Después me dio su nombre y me comentó que era directivo operativo regional de la CFE.
Yo, con lágrimas de emoción por la gran amabilidad con la que me trató, le estreché afectuosamente la mano y le agradecí infinitamente su gestión.
Ya en la casa, mi esposa tuvo que retirarse y yo me quedé en la sala soportando el calor con un ventiladorcito de batería y una cervecita “bien” fría.
Y de pronto, justo a las seis de la tarde, como si se tratara de un acto divino, se hizo la luz en mi casa. Se encendieron las lámparas y arrancó la bomba del agua. Yo, presuroso, fui apagando las luces y cerrando la casa para encender el aire acondicionado.
Para terminar, expreso mi agradecimiento al directivo y al personal de la CFE por su actuación efectiva.
Y bueno, cuando falta el agua potable, no pasa el camión recolector de basura, no hay energía eléctrica o tampoco existe seguridad pública, simplemente la vida no es posible.
Es cuanto.