23/09/2022
Aunque la ruptura matrimonial ha alcanzado tasas tan altas que va camino de convertirse en una etapa normativa del ciclo vital de la familia, a la que se verán enfrentadas un porcentaje muy alto de familias, sigue siendo una experiencia especialmente traumática en la mayoría de los casos.
Efectos del divorcio en los adultos:
En la fase predivorcio, denominada de divorcio emocional, los cónyuges, o uno de ellos, sienten que sus expectativas no se cumplieron, cayendo en la desilusión, el desafecto, la ansiedad, la alienación, la confusión, el descolque y/o la desesperanza.
En la fase del divorcio los separados sienten confusión, furia, tristeza, soledad, se muestran ambivalentes… Tienen muchas tareas por delante para lograr la adaptación a esta nueva situación, entre las que destacan consultar con los abogados, separarse físicamente, considerar los acuerdos económicos y de custodia, transmitirlo a sus familiares y amigos, sentirse con fuerzas para tomar decisiones, quizás buscar trabajo, buscar nuevas amistades, estabilizar un nuevo estilo de vida y una nueva rutina diaria para los hijos, etcétera.
En la fase posdivorcio la persona siente que se acepta, recupera la autoestima, la confianza, la independencia y la autonomía. Las tareas de esta fase consisten en completar el divorcio psicológico, encontrar un nuevo objeto amoroso, encontrarse confortable con el nuevo estilo de vida y amigos, ayudar a los niños a aceptar el divorcio y a la continuación de sus roles como padres.
Efectos en la relación padres-hijos:
Disminuye el tiempo que cada padre comparte con su hijo, lo que modifica el tipo de relación que se establece entre ellos.
Se asumen nuevas responsabilidades familiares y de cuidado del niño por parte de cada progenitor.
Es necesario aprender nuevas habilidades instrumentales de asertividad en el mundo externo, habilidades parentales que antes cumplía su pareja, habilidades de resolución de problemas y de comunicación.
Disminuye, en el padre que no tiene la custodia, la responsabilidad parental y el involucramiento en las rutinas familiares.
Aparece estrés emocional e incluso enfermedades físicas del padre que tiene la custodia, debido a la pérdida de los sistemas de apoyo social, además del incremento en sus responsabilidades familiares y de cuidado diario de los hijos.
Disminuye la disponibilidad física, la implicación emocional y la supervisión que recibe el hijo de la madre/padre con la custodia.
Disminuye, en muchos casos, la economía familiar y estándar de vida. Además, se produce una desorganización del sistema familiar.