20/08/2026
El duelo no puede seguir esperando.
Resulta paradójico que en un país que ha avanzado en la ampliación de derechos laborales, la regulación del teletrabajo, el incremento de vacaciones y el fortalecimiento de la salud psicosocial en el trabajo, aún no exista en la Ley Federal del Trabajo un permiso por luto como derecho mínimo para todas las personas trabajadoras.
Hoy, cuando un trabajador mexicano pierde a su madre, a su padre, a su cónyuge, a un hijo o a un hermano, la ley le exige algo que resulta profundamente humano pero jurídicamente invisible: volver a trabajar mientras enfrenta uno de los momentos más dolorosos de su vida. Mientras el corazón procesa la pérdida, el reloj laboral sigue corriendo.
Lo más preocupante es que el reconocimiento de este derecho no es una idea nueva ni una propuesta improvisada. El Senado ha discutido y dictaminado reformas para crear permisos laborales por luto de cinco días con goce de sueldo, reconociendo que el fallecimiento de un familiar directo impacta directamente la salud mental, emocional y productiva de las personas trabajadoras. Sin embargo, pese al consenso mostrado en comisiones, la iniciativa ha permanecido durante más de un año en espera de una votación definitiva.
Mientras México mantiene esta deuda pendiente, buena parte del mundo ya entendió que el duelo no es una ausencia injustificada ni una cuestión de buena voluntad empresarial. Países como Colombia, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Ecuador, Paraguay y Venezuela han incorporado permisos por luto dentro de sus marcos laborales, reconociendo que la dignidad humana debe prevalecer incluso en los momentos más difíciles.
La verdadera discusión no debería centrarse en cuántos días otorgar, sino en reconocer que el trabajador sigue siendo una persona antes que un recurso productivo. La muerte de un ser querido genera estrés, ansiedad, afectaciones emocionales y disminución de la capacidad de concentración. Permitir que una persona afronte ese proceso sin preocuparse por perder ingresos económicos no es un privilegio; es una medida elemental de humanidad y salud mental.
Paradójicamente, la iniciativa privada ha demostrado en muchos casos mayor velocidad que el propio legislador. Cada vez más empresas incorporan permisos por luto en sus Reglamentos Interiores de Trabajo, contratos colectivos, códigos de conducta, políticas de bienestar y sistemas de gobernanza corporativa. Lo hacen no porque una ley las obligue, sino porque entienden que una cultura organizacional moderna se construye con empatía, respeto y responsabilidad social.
Desde una perspectiva de compliance laboral, otorgar permisos por luto no sólo representa una buena práctica; constituye una manifestación tangible del compromiso empresarial con los derechos humanos, el bienestar de las personas y los principios ESG que hoy exigen inversionistas, clientes y grupos de interés. Las organizaciones más avanzadas ya comprendieron que cuidar a las personas en sus momentos más vulnerables fortalece la confianza, el sentido de pertenencia y el compromiso organizacional.
México enfrenta hoy una oportunidad histórica. La reforma sobre permisos por luto no es únicamente una modificación de la Ley Federal del Trabajo. Es una declaración de principios sobre el tipo de país que queremos construir. Un país que entienda que el trabajo dignifica, pero que también reconozca que existen momentos en los que la dignidad humana debe estar por encima de cualquier indicador de productividad.
Porque cuando una persona pierde a alguien que ama, no necesita justificar su dolor. Necesita tiempo para despedirse, para acompañar a su familia, para procesar la ausencia y para reconstruirse emocionalmente.
El duelo no debería depender de la sensibilidad de un jefe ni de la política interna de una empresa.
El duelo debería ser un derecho.
Y cada día que esta reforma permanece congelada, México continúa acumulando una deuda pendiente con millones de trabajadores que, en medio del dolor más profundo, siguen teniendo que elegir entre honrar a sus seres queridos o conservar la tranquilidad de su empleo. Esa es una decisión que ninguna persona debería enfrentar en una sociedad que aspire a la justicia, la dignidad y el verdadero bienestar laboral. ES