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21/08/2026

PROCESO Y AMPAROS
Por Gerardo Sánchez Martínez
Expresión Ciudadana!
Mientras documentos del propio Ayuntamiento de Atlixco, revelan que la seguridad pública nunca fue responsabilidad administrativa de un solo hombre, la detención y posterior vinculación a proceso penal del secretario de Seguridad Ciudadana, Antonio Hernández Pacheco, alcanzó al primer círculo del gobierno municipal: la presidenta Ariadna Ayala Camarillo acudió ante la justicia federal en busca de protección frente al riesgo de ser detenida y su tesorero, presumible sucesor en la alcaldía, Juan Francisco García Martínez, hizo lo propio, obteniendo una suspensión provisional concedida por el Juzgado Quinto de Distrito en Materia Penal.

Pese a tales circunstancias, los regidores del Cabildo de Atlixco no han dado hasta ahora una explicación pública sobre esta crisis que involucra a tres de los principales funcionarios de la administración municipal. Tampoco se conoce un pronunciamiento del síndico municipal, Iván Cortés Ambrosio, sobre las implicaciones institucionales del caso ni sobre las medidas que adoptará el Ayuntamiento para garantizar que las investigaciones se desarrollen sin interferencias, pese a que la propia Ariadna Ayala ofreció públicamente todas las facilidades y colaboración de su gobierno para el esclarecimiento de los hechos. Por el momento, la alcaldesa tampoco ha planteado solicitar licencia para separarse temporalmente del cargo mientras se desarrollan las indagaciones ministeriales.

EL PUNTO DE PARTIDA ESTÁ EN LOS PROPIOS DOCUMENTOS DEL AYUNTAMIENTO.
Los nombres que hoy aparecen alrededor de la crisis de seguridad en Atlixco ya estaban juntos en los documentos del propio Ayuntamiento.

Una evaluación que obra en poder de El Periódico de la Expresión Ciudadana! señala a Ariadna Ayala Camarillo, al tesorero Juan Francisco García Martínez, al contralor Eloy Telles Aguilar y al ahora procesado Antonio Hernández Pacheco como “Responsables del Seguimiento al Programa Presupuestal” en materia de seguridad.

El dato cobra relevancia después de la detención y vinculación a proceso de Hernández Pacheco, explicando el por que mientras el exsecretario permanece sujeto a proceso penal, Ayala Camarillo buscó la protección de la justicia federal y García Martínez hizo lo mismo, obteniendo ya una suspensión provisional. Los documentos dejan establecido que ambos formaban parte del grupo responsable de dar seguimiento a la política de seguridad que encabezaba Hernández Pacheco.

La secuencia posterior resulta, por ello, relevante.

Antonio Hernández Pacheco fue detenido y posteriormente vinculado a proceso por su probable responsabilidad en los delitos de abuso de autoridad, incumplimiento de un deber legal y cohecho. Por tal motivo el juez de control de la Casa de Justicia de la Región Judicial Centro-Poniente, con sede en Atlixco, le impuso prisión preventiva justificada y concedió dos meses para la investigación complementaria, plazo que concluirá el próximo 19 de octubre.

El 14 de agosto, día de la detención de Hernández Pacheco, Ariadna Ayala promovió una demanda de amparo ante la justicia federal. El asunto quedó registrado bajo el expediente 914/2026 del Juzgado Primero de Distrito en Materia Penal, aunque la juzgadora le requirió precisar la autoridad judicial a la que atribuye el posible acto reclamado antes de resolver sobre la admisión de la demanda.

DESPUÉS APARECIÓ UN SEGUNDO AMPARO.

Juan Francisco García Martínez, tesorero municipal y mencionado en versiones políticas como eventual sucesor de Ayala Camarillo en la alcaldía, promovió el juicio de amparo indirecto 923/2026. En este caso, el Juzgado Quinto de Distrito en Materia Penal admitió parcialmente la demanda y abrió el correspondiente incidente de suspensión.

La resolución permite conocer con mayor precisión qué protección buscó el funcionario: García Martínez reclamó posibles órdenes judiciales de búsqueda, aprehensión, reaprehensión, detención y comparecencia. El juez federal le concedió suspensión provisional y ordenó a las autoridades responsables informar si existe alguno de esos mandamientos y, de ser así, identificar el proceso o carpeta de investigación de donde proviene, los hechos que se le atribuyen, su clasificación jurídica y la fecha en que hubiese sido librada la orden.

Hasta ahora, la existencia de una orden de aprehensión contra el tesorero no está acreditada públicamente. La suspensión provisional tampoco significa que el juez haya reconocido que existe. Su finalidad es preservar la situación jurídica del quejoso mientras las autoridades rinden sus informes y se determina la existencia o inexistencia de los actos reclamados.

Lo que sí está documentado es otra cosa: el secretario de Seguridad está sujeto a proceso; la presidenta municipal buscó protección federal frente a posibles actos que afectaran su libertad; y el tesorero hizo lo mismo y obtuvo una suspensión provisional.

Los tres nombres ya habían aparecido juntos antes.

No en una carpeta penal, sino en los documentos mediante los cuales el propio Ayuntamiento estableció quiénes eran responsables de dar seguimiento a su política de seguridad.

El amparo promovido por Ariadna Ayala causó extrañeza incluso en el Gobierno del Estado. El secretario de Gobernación, Samuel Aguilar Pala, reconoció desconocer qué motivó a la alcaldesa a buscar la protección de la justicia federal y anunció que buscaría reunirse con ella para conocer las razones. “Voy a buscarla para ver qué pasa”, declaró, al señalar que no tenía conocimiento de alguna investigación ministerial en contra de la presidenta municipal.

EL CABILDO, SIN PRONUNCIARSE

A una semana de la detención de Hernández Pacheco y después de conocerse los amparos de la alcaldesa y su tesorero, los regidores del Cabildo, particularmente Eberth Shadai Guarneros Ortiz, presidente de la Comisión de Gobernación, Justicia y Seguridad Pública, no han fijado públicamente una posición sobre la crisis ni se conoce que hayan solicitado una explicación formal a la presidenta municipal. Tampoco el síndico Iván Cortés Ambrosio se ha pronunciado sobre las implicaciones institucionales del caso ni sobre el papel que corresponde asumir al Ayuntamiento ante las investigaciones en curso.

El silencio contrasta con el compromiso asumido por Ariadna Ayala tras la detención de su secretario de Seguridad, cuando aseguró que su gobierno actuaría conforme a derecho y colaboraría con las autoridades para esclarecer los hechos.

Hasta ahora tampoco se ha planteado públicamente que la alcaldesa solicite licencia para separarse temporalmente del cargo mientras avanzan las investigaciones, lo que colocaría al Cabildo ante la responsabilidad de resolver institucionalmente quién asumiría el gobierno municipal durante su ausencia.

Por ahora, Ayala Camarillo continúa al frente del Ayuntamiento, mientras busca la protección de la justicia federal y las investigaciones que llevaron a proceso a quien durante casi cinco años encabezó la seguridad municipal siguen su curso.

LO QUE QUEDA PARA ATLIXCO
Más allá de lo que finalmente resuelvan jueces y fiscales, esta experiencia deja una advertencia para los atlixquenses: la seguridad pública no puede descansar en la confianza depositada en un funcionario, sino en instituciones capaces de vigilarse, rendir cuentas y corregirse cuando algo falla.

La primera obligada a reconstruir esa confianza es Ariadna Ayala. No sólo porque Hernández Pacheco encabezó durante años la seguridad de su gobierno, sino porque los propios documentos municipales colocan a la presidenta entre quienes debían dar seguimiento a esa política. Su amparo es un derecho constitucional, pero no sustituye la explicación política que todavía debe a los ciudadanos.

Por lo pronto, la detención y proceso penal de quien comandó la seguridad municipal han golpeado la credibilidad de la corporación. Frenar ese deterioro exige esclarecer lo ocurrido, revisar los controles que fallaron y garantizar a los policías que cumplen con su deber y a los ciudadanos que los necesitan que la institución está por encima de cualquier funcionario.

Porque Atlixco necesita volver a confiar en su policía. Y recuperar esa confianza exige transparencia desde quien gobierna, investigaciones sin obstáculos y responsabilidades hasta donde alcancen. Porque si la seguridad pública nunca dependió de un solo hombre, su fracaso tampoco puede explicarse —ni pagarse— con un solo secretario.

Y EN LA MARRANERA…!
—¿Entonces el problema era el secretario?
—Eso esperan.
—¿Ya encontraron al responsable?
—Encontraron al primero.
—¿La seguridad dependía de uno solo?
—Para cobrar responsabilidades, parece que sí.

20/08/2026

ELLA LO SABÍA
Por Gerardo Sánchez Martínez
Expresión Ciudadana!
Mientras TVE Atlixco aseguró, con base en fuentes extraoficiales, que Antonio Hernández Pacheco fue vinculado a proceso y permanecerá en prisión preventiva, por otra parte, en entrevista, el expresidente municipal Guillermo Velázquez Gutiérrez reveló que desde la alcaldía se conocía la operación del crimen organizado en Atlixco y cómo se actuaba frente a ella. Su testimonio coloca nuevamente la responsabilidad política sobre Ariadna Ayala Camarillo: si su antecesor sabía lo que ocurría en materia de seguridad, la presidenta municipal todavía tiene que explicar qué sabía ella durante los casi cinco años que mantuvo a Hernández Pacheco al frente de la corporación.

Hasta la mañana de este jueves ninguna autoridad había informado oficialmente el resultado de la audiencia celebrada contra el exsecretario de Seguridad Pública de Atlixco. La versión fue difundida la noche del miércoles por Herman Corzo, conductor de TVE Atlixco, quien aseguró contar con una “muy buena fuente” que le confirmó la vinculación a proceso, la prisión preventiva y el traslado de Hernández Pacheco al penal de San Miguel, aunque posteriormente mantuvo la precisión de que se trataba de información extraoficial.

Esta información surgió durante una entrevista en el estudio de TVE Atlixco con Guillermo Velázquez Gutiérrez, alcalde de Atlixco entre 2018 y 2021, quien habló de la presencia del crimen organizado durante su administración y de lo que sobre su operación llegaba a conocimiento de la Presidencia Municipal.

El propio Corzo se lo hizo notar: Velázquez no había hablado antes públicamente del problema en esos términos.

El exalcalde describió grupos criminales disputándose el territorio, personas baleadas y descuartizadas y una confrontación entre delincuentes que calificó como muy fuerte. Según las cifras de su último informe que citó durante la entrevista, su gobierno puso a disposición a 545 presuntos delincuentes y 196 personas murieron en enfrentamientos y ajustes entre los propios grupos delictivos.

Velázquez aseguró que conocía lo que estaba ocurriendo y que su gobierno actuó mediante la coordinación con el Ejército y posteriormente con la Guardia Nacional. También recordó que recibió una corporación de apenas 145 policías y 31 patrullas, con elementos que acumulaban más de cuatro años sin aumento salarial y padecían carencias de equipamiento.

Ahí radica la importancia de sus declaraciones para el caso que hoy sacude al Ayuntamiento.

Un presidente municipal conoce el estado de su policía, recibe información sobre la incidencia delictiva, participa en las decisiones de seguridad y sabe de la presencia de grupos criminales en su territorio. Al menos eso es lo que Velázquez acaba de revelar sobre sus tres años al frente de Atlixco.

Ariadna Ayala ocupó esa misma Presidencia Municipal inmediatamente después y mantuvo a Hernández Pacheco al frente de Seguridad Pública durante prácticamente cinco años.

Además, Velázquez y Ayala tienen una historia política que obliga a poner sus declaraciones en contexto.

El primero llegó a la alcaldía en 2018 por PAN y PRD después de una elección decidida por apenas 271 votos: 24 mil 256 contra 23 mil 985 del candidato de Morena, PT y Encuentro Social, Juan Antonio Villarroel.

En 2021 buscó reelegirse y entonces se encontró con Ariadna Ayala.

No fue una derrota menor. Ayala obtuvo 25 mil 059 votos, 49.6 por ciento, contra 13 mil 935, 27.3 por ciento, de Velázquez.

Dos años después, pese a provenir de una familia de larga tradición panista, Velázquez abandonó el PAN, en medio de versiones sobre su acercamiento al proyecto del entonces aspirante morenista a la gubernatura Ignacio Mier.

Por eso sus declaraciones no pueden reducirse al ataque de un panista contra una alcaldesa de Morena. Velázquez habla también desde la experiencia de haber ocupado la misma oficina desde la cual Ayala ha conducido durante casi cinco años la seguridad municipal.

Y sus revelaciones aparecen cuando Hernández Pacheco enfrenta acusaciones por abuso de autoridad, incumplimiento de un deber legal y cohecho, mientras los antecedentes y documentos que hemos revisado muestran que durante esos años hubo advertencias sobre el desempeño de la seguridad municipal.

Nada de lo dicho por Velázquez demuestra que Ayala conociera los hechos concretos que la Fiscalía atribuye a su exsecretario.

Demuestra algo distinto: desde la Presidencia Municipal se sabe lo que ocurre en materia de seguridad.

Velázquez acaba de contar cuánto sabía él.

Ahora corresponde a Ariadna Ayala explicar qué sabía ella.

Y EN LA MARRANERA…!
—Memo dice que él sabía cómo operaba el crimen.
—¿Y Ariadna?
—Dice que no sabía cómo operaba su secretario.
—Entonces, ¿Ariadna sabía?
—Malo.
—¿Y si no sabía?
—Peor.

19/08/2026

Y TODOS LO SABÍAN
Por Gerardo Sánchez Martínez
Expresión Ciudadana!
Los documentos oficiales del propio Ayuntamiento revelan que Ariadna Ayala Camarillo, alcaldesa de Atlixco, conocía que la estrategia de seguridad encabezada por Antonio Hernández Pacheco no estaba logrando reducir la delincuencia: los delitos aumentaron 6.31 por ciento y los homicidios 12.5 por ciento. La presidenta figuraba, además, junto con el tesorero Juan Francisco García Martínez, el contralor Eloy Telles Aguilar y el propio secretario de Seguridad Pública, como responsable del “seguimiento y cumplimiento” del programa. Pese a esos resultados, Hernández Pacheco permaneció en el cargo y fue ratificado.

Hoy un juez de control deberá resolver si existen elementos para vincular a proceso al hasta hace unos días jefe policiaco de Atlixco. Será también la oportunidad para conocer con mayor precisión los hechos que la Fiscalía le imputa, hasta ahora identificados públicamente, en términos generales, como abuso de autoridad, incumplimiento de un deber legal y cohecho.

La audiencia podrá comenzar a esclarecer qué hizo Hernández Pacheco. Los documentos municipales permiten formular desde ahora otra pregunta: qué sabía el gobierno de la petista Ariadna Ayala y por qué, frente a los resultados que conocían miembros de su administración, decidió mantenerlo al frente de la seguridad de Atlixco.

NO SON CONCLUSIONES ELABORADAS POR LA OPOSICIÓN.

Desde 2022, la Evaluación del Plan Municipal de Desarrollo 2021-2024 advirtió que uno de los principales objetivos de la estrategia denominada Seguridad Pública con sentido Humanista había fracasado.

El gobierno de Ayala Camarillo se propuso reducir 5 por ciento la incidencia delictiva. La línea base era de 2 mil 137 delitos. Al concluir 2022 fueron 2 mil 272.

No disminuyeron: aumentaron 6.31 por ciento.

Con los homicidios ocurrió algo peor. Debían disminuir 3.13 por ciento y pasaron de 32 a 36: aumentaron 12.5 por ciento. Los propios evaluadores, entre ellos la consultoría López Olvera y el despacho contable legal Pérez y Pérez , recomendaron incrementar el estado de fuerza, aumentar la presencia policiaca e intensificar las acciones de prevención.

La evaluación, sin embargo, no constituye un diagnóstico criminológico de Atlixco. Su objeto es medir el desempeño del programa municipal y el ejercicio de los recursos del FORTAMUNDF, se utiliza como indicador general la incidencia delictiva registrada por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. De ahí que no analice por separado fenómenos como robos y asaltos, ni incursione en delitos de competencia federal relacionados con el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Esa limitación metodológica impide conocer, a partir de este estudio, cómo evolucionaron específicamente esos delitos, pero no modifica su conclusión central: la incidencia delictiva que el propio gobierno municipal atlixquense eligió para medir el éxito de su estrategia, lejos de disminuir, aumentó.

NO ERA SÓLO RESPONSABILIDAD DEL JEFE POLICIACO.

Una segunda fuente documental, la Evaluación Específica de Desempeño del FORTAMUNDF 2022, permite saber quiénes tenían la responsabilidad institucional de enterarse de esos resultados y darles seguimiento.

Los identifica por nombre:
Ariadna Ayala Camarillo, presidenta municipal.
Juan Francisco García Martínez, tesorero.
Eloy Telles Aguilar, contralor.
Y Antonio Hernández Pacheco, secretario de Seguridad Pública.

Los cuatro aparecen como responsables del “seguimiento y cumplimiento” del programa de Seguridad Pública.

Y no se trataba de una responsabilidad meramente decorativa. Existían reportes periódicos de la Secretaría, firmados por Hernández Pacheco y su enlace, y el evaluador dejó asentado que “los resultados sí fueron informados a los superiores jerárquicos”.

De ahí que la explicación de desconocimiento tenga límites.

Estos documentos no demuestran que Ayala conociera las conductas concretas que ahora investiga la Fiscalía. Eso deberá esclarecerse judicialmente.

Sí demuestran que conocía —y tenía la obligación institucional de seguir— los resultados de la estrategia encabezada por Hernández Pacheco, y que éstos ya habían encendido alertas desde 2022.

Aun así, el secretario continuó haciendo valida su trayectoria como agente de la policía judicial, guardaespaldas de quién fuera gobernador del estado Miguel Barbosa Huerta. Posteriormente, llegó a Atlixco y el 15 de octubre de 2021, al inicio del primer gobierno municipal de Ariadna Ayala, fue nombrado responsable de la seguridad pública.

Durante ese primer periodo permaneció al frente de la corporación y en octubre de 2024 fue ratificado por Ariadna Ayala para continuar como secretario de Seguridad Ciudadana.

LOS TRASCENDIDOS
La detención ha desatado versiones mucho más graves: supuestos vínculos con organizaciones criminales, participación de otros policías, investigaciones federales, propiedades y operaciones realizadas después de su captura.

Hasta ahora, esas versiones no han sido confirmadas oficialmente. Tampoco deben confundirse con las imputaciones que efectivamente sostenga la Fiscalía. La audiencia de hoy deberá permitir separar parte de los trascendidos de los hechos que el Ministerio Público esté dispuesto a llevar ante un juez.

Pero para determinar la responsabilidad política de mantener a Hernández Pacheco durante años no hace falta esperar esas revelaciones.

El Ayuntamiento ya había medido su estrategia. Los delitos aumentaban. Los homicidios aumentaban. Ariadna Ayala, su tesorero Juan Francisco García Martínez y su contralor Eloy Telles Aguilar aparecían junto con Hernández Pacheco como responsables de vigilar su cumplimiento. Y los resultados llegaban a los superiores.

La Fiscalía tendrá ahora que demostrar de qué acusa al secretario.

Ariadna Ayala tiene otra explicación pendiente: por qué, sabiendo que la seguridad que debía mejorar empeoraba, decidió mantener al hombre que estaba al frenteen complicidad con sus funcionarios cercanos su tesorero Juan Francisco García Martínez, a quien en sus audiencias públicas presenta como su sucesor “para que lo vayan conociendo” y su contralor Eloy Telles Aguilar, quien funge asimismo como su principal asesor legal.

Y EN LA MARRANERA…!
—Los delitos aumentaron.
—¿Y el responsable?
—Fue ratificado cinco años.

18/08/2026

¿NOS ESTARÁN ESCUCHANDO?
Por Gerardo Sánchez Martínez
Expresión Ciudadana!
En Atlixco hubo advertencias antes de que el jefe de la policía terminara detenido el pasado fin de semana. Ayer, en la Vía Atlixcáyotl, familiares de una joven desaparecida bloquearon la autopista para exigir atención. En Cuautla, a principios de este año, unos ciudadanos tuvieron que esperar hasta encontrarse con Claudia Sheinbaum para denunciar lo que ocurría en su municipio. Y en Tamaulipas, apenas hace unos días, una mujer enfurecida llegó al extremo de golpear la camioneta presidencial para conseguir que alguien escuchara su problema.

Son historias diferentes, ocurridas bajo gobiernos de Morena, pero todas conducen a la misma pregunta: ¿qué tiene que hacer un ciudadano común para que la autoridad lo escuche?

La interrogante adquiere particular significado después de lo ocurrido en Atlixco.

Desde el viernes, Ariadna Ayala insiste en que desconoce las razones por las cuales fue detenido su secretario de Seguridad Ciudadana, Antonio Hernández Pacheco. Y probablemente desconocía el contenido de la investigación ministerial. Pero ésa no es la pregunta.

La pregunta es cuánto sabía de los antecedentes, quejas y señalamientos que durante su gobierno fueron acumulándose alrededor de quien durante casi cinco años tuvo bajo su responsabilidad la seguridad de Atlixco, y qué hizo cuando tuvo conocimiento de ellos.

Había quejas, antecedentes y problemas de inseguridad. Y aunque Ariadna Ayala suele presumir su doctorado en Derecho, hubo ciudadanas que recurrieron precisamente a las vías legales sin encontrar la respuesta esperada; incluso, un llamado desde la Secretaría de Gobernación tampoco habría sido atendido.

Nada de eso prueba que Ayala conociera los hechos concretos por los cuales Hernández Pacheco fue detenido ni permite vincular aquellas denuncias con los delitos que hoy investiga la Fiscalía. Pero sí derrumba una salida demasiado cómoda: decir simplemente que no sabía.

Un gobernante no solamente responde por aquello que hace personalmente. También tiene una responsabilidad política sobre aquello que, teniendo elementos para conocer, investigar o corregir dentro de su propia administración, decide ignorar.

El problema para Ariadna Ayala no es demostrar que desconocía la carpeta de investigación contra su jefe policiaco. Es explicar por qué, conociendo lo que sí ocurría afuera de esa carpeta, decidió mantenerlo al frente de la seguridad de Atlixco.

BLOQUEO EN LA AUTOPISTA ATLIXCO
Ayer, mientras Atlixco trataba todavía de asimilar que el hombre encargado durante casi cinco años de proteger a sus habitantes se encontraba en prisión, otra escena ocurría en la misma región.

Familiares de América Pamela Colotl, desaparecida desde el 25 de julio en Santa Clara Ocoyucan, cerraron durante horas la Vía Atlixcáyotl para exigir a la Fiscalía agilizar su búsqueda.

Para miles de automovilistas fue un bloqueo.

Para una familia desesperada fue la manera que encontró de hacerse escuchar.

Y quizá ahí está el problema.

Nos hemos acostumbrado a que los ciudadanos tengan que cerrar carreteras, tomar oficinas, manifestarse frente a Palacio o esperar la visita de algún gobernante para conseguir una atención que deberían recibir sin necesidad de provocar una crisis.

DIFIEREN ARMENTA Y SHEINBAUM
El gobernador Alejandro Armenta habló ayer en su mañanera de Atlixco. Cuando le preguntaron por la detención de Hernández Pacheco y por la decisión de Ariadna Ayala de no incorporar un mando de Marina, anunció que este martes se abordarán asuntos de seguridad y dejó una sentencia:
“No hay impunidad en Puebla, porque se respeta la ley, sea quien sea”.
Qué bueno.

Pero combatir la impunidad también debería significar escuchar antes de que los problemas terminen convertidos en carpetas de investigación, órdenes de aprehensión o bloqueos carreteros.

Por eso resulta desafortunada otra expresión del propio gobernador durante la misma conferencia.

Al referirse a quienes cotidianamente comunican que algo no funciona, Armenta dijo que “no son felices” y bromeó con regalarles un vuelo para que disfruten de la felicidad y dejen de estar frustrados.

La ironía puede provocar risas entre quienes rodean al poder.

El problema es que a veces detrás de una queja hay una advertencia.

CLAUDIA SHEINBAUM PARECE HABERLO ENTENDIDO DE OTRA MANERA.

Hace unos meses la presidenta de México relató que ciudadanos de Cuautla consiguieron acercarse a ella durante una visita para denunciar sus sospechas sobre posibles vínculos entre delincuencia y autoridades municipales. La presidenta no los declaró culpables ni convirtió el dicho ciudadano en sentencia. Hizo algo mucho más sencillo: llevó el señalamiento al Gabinete de Seguridad y pidió investigar.

“¿Denuncian? Pues entonces se investiga”, explicó después.

Las investigaciones siguieron su curso y meses más tarde el presidente municipal de Cuautla terminó detenido por autoridades federales.

El episodio deja una pregunta incómoda: ¿qué habría pasado si aquellos ciudadanos nunca hubieran logrado acercarse a la mandataria?

Y este fin de semana ocurrió algo parecido en Tamaulipas.

Una mujer, enojada, golpeó la camioneta de Sheinbaum para reclamar atención por un problema que atribuía a delincuentes. La presidenta pudo molestarse por las formas, descalificarla o diagnosticar su enojo.

Prefirió escucharla.

Después explicó que pidió obtener sus datos y que las autoridades acudieran a revisar el caso. Su razonamiento fue bastante sencillo: si alguien le plantea un problema, hay que acercarse, conocerlo y buscar una solución.

Ahí podría estar una diferencia importante dentro de los propios gobiernos de Morena.

Porque el humanismo del que hablan constantemente no debería medirse solamente en programas sociales, , asambleas, discursos o conferencias mañaneras.

También se mide en la capacidad de escuchar al que reclama, al que incomoda y hasta al que se equivoca.

Ariadna Ayala puede desconocer qué había dentro de la investigación contra su jefe policiaco. Alejandro Armenta puede asegurar que en Puebla no hay impunidad. Y Claudia Sheinbaum puede ordenar que se investigue cada denuncia que logra llegar personalmente hasta ella.

Pero el ciudadano común no tendría por qué llegar hasta la presidenta de la República.

Por eso, después de Atlixco, de una familia cerrando una carretera y de una mujer golpeando una camioneta presidencial, la pregunta sigue siendo la misma:

¿Qué tiene que hacer un ciudadano para que lo escuchen?

Porque si para conseguir que el poder los escuche tienen que encontrar personalmente a Claudia Sheinbaum, golpear su camioneta, bloquear una autopista o esperar hasta que detengan al funcionario sobre el que antes habían advertido, entonces el problema ya no es de comunicación política.

Es de gobierno.

Y EN LA MARRANERA…!
—¿Ya presentaste tu denuncia?
—Sí.
—¿Y ahora?
—Estoy buscando dónde bloquear.

17/08/2026

LA COARTADA DE ARIADNA
Por Gerardo Sánchez Martínez
Expresión Ciudadana!
La detención del secretario de Seguridad Ciudadana de Atlixco, Antonio Hernández Pacheco, acusado de abuso de autoridad, incumplimiento de un deber legal y cohecho, colocó políticamente en el mismo expediente a la presidenta municipal Ariadna Ayala Camarillo.

No porque exista hasta ahora alguna imputación penal en su contra, sino porque fue ella quien lo nombró, lo sostuvo durante casi cinco años y lo mantuvo al frente de la policía pese a antecedentes y advertencias que obligaban, cuando menos, a revisar la actuación de uno de sus funcionarios de mayor confianza.

El próximo miércoles, cuando continúe la audiencia, probablemente se conocerá más sobre Hernández Pacheco: de qué deriva el cohecho, cuáles son los hechos concretos que le atribuye la Fiscalía y si existe alguna relación con las versiones que lo vinculan con protección a grupos criminales.

HOY EL PROBLEMA ES ARIADNA.

Y la pregunta es otra:

¿Qué sabía de su secretario y desde cuándo?

La alcaldesa sostiene que desconocía las razones de la detención. Puede ser cierto. Una investigación ministerial es reservada y la Fiscalía no tenía obligación de informarle.

Pero Hernández Pacheco no llegó a la orden de aprehensión con una hoja en blanco.

En 2022, policías municipales intervinieron en la detención de Samantha Marian Martínez Ruiz. Durante aquel proceso, TVE Atlixco publicó que Hernández Pacheco no se había presentado a “confirmar su acusación”. Marian terminó absuelta en diciembre de 2024 y esa resolución fue posteriormente confirmada por unanimidad.

Distinto fue el caso de Ana María López Romero, otra joven atlixquense. También en 2022, pero en hechos ajenos al proceso de Marian, presentó una queja ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado por una presunta detención arbitraria atribuida a policías municipales de Atlixco y pidió investigar también a Hernández Pacheco.

La CEDH no tiene publicada una recomendación que lo declare responsable en ese asunto. Pero la queja y el señalamiento existieron.

Y Hernández siguió.

Después llegó una advertencia mucho más difícil de ignorar.

En julio pasado, seis responsables municipales de Seguridad Pública fueron detenidos en Puebla dentro de investigaciones relacionadas con presunto encubrimiento y protección de actividades criminales.

La reacción del secretario de Gobernación estatal, Samuel Aguilar Pala, fue dirigida precisamente a los presidentes municipales: debían vigilar a sus funcionarios y cuerpos de seguridad.

Incluso lanzó una frase que hoy adquiere otro significado en Atlixco:
“La omisión o la complicidad puede expresarse con su silencio”.

Había razones para mirar hacia dentro.

¿Lo hizo Ariadna Ayala?

¿Revisó los antecedentes de Hernández Pacheco? ¿Preguntó a Contraloría o a la Fiscalía? ¿Existían juicios, quejas o procedimientos internos?

Un mes después de aquella advertencia, la Fiscalía fue por él.

Es ahí donde aparece la omisión política de Ariadna Ayala.

No hacía falta conocer una carpeta reservada para supervisar al funcionario responsable de la seguridad municipal. Había antecedentes públicos, una absolución que obligaba cuando menos a revisar lo ocurrido y una advertencia expresa del gobierno estatal después de la caída de otros mandos policiacos.

A ello se agrega una característica conocida de su administración: Ayala Camarillo ejerce un gobierno centralizado, mantiene estrecho control férreo sobre sus funcionarios, exige información, desconfía y ha convertido al titular de la Contraloría municipal en uno de sus principales filtros de consulta jurídica.

Por eso resulta difícil conciliar esa forma de ejercer el poder con la imagen de una presidenta completamente ajena a lo que ocurría alrededor de su secretario de Seguridad.

Ahora Ayala asegura estar “segura, cierta” de que la detención no obedece a ningún móvil político, aunque reconoce que desconoce sus causas. Una certeza difícil de explicar, salvo que al negar anticipadamente cualquier motivación política esté pensando menos en Hernández Pacheco que en su propio futuro: las versiones sobre una eventual candidatura a diputada federal y la sucesión que dejaría abierta en favor del Tesorero municipal de Atlixco Francisco García Martínez o su esposa Valerie Bartsch Aburto.. Proyectos políticos que este escándalo, inevitablemente, también ponen en juego.

La declaración establece una distancia: ella no sabía que investigaban a su secretario.

Quizá.

Pero la omisión política no consiste solamente en conocer y callar. También existe cuando hay señales suficientes para preguntar y no se pregunta; antecedentes para revisar y no se revisan; razones para supervisar y se conserva intacta la confianza.

Hernández Pacheco conserva su presunción de inocencia y tendrá oportunidad de defenderse ante un juez.

El miércoles comenzaremos a conocer qué tiene la Fiscalía contra él.

Ariadna Ayala enfrenta desde ahora una responsabilidad distinta.

No tiene que explicar por qué no separo del cargo o detuvo a su secretario para que lo investigarán.

Tiene que explicar por qué, después de los antecedentes, de la absolución de Marian, la queja presentada por Ana María y de la advertencia pública del gobierno estatal para vigilar a los mandos municipales, Hernández Pacheco siguió siendo el hombre encargado de su confianza para cuidar Atlixco.

Porque si algo dejó claro Samuel Aguilar Pala apenas un mes antes de su detención es que, tratándose de seguridad pública, la omisión también cuenta.

Y EN LA MARRANERA…!
—Presidenta, ¿confiaba en su jefe de Seguridad?
—Por supuesto.
—Pues ése parece haber sido el problema.

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