09/09/2024
ALGUNAS IMPRESIONES SOBRE LA REFORMA JUDICIAL
« El Poder y la ley no son sinónimos. La verdad es que con frecuencia se encuentran en irreductible oposición » Taylor Cadwell.
Cualquiera que en ejercicio de la abogacía haya acudido a algún juzgado, ya sea local o federal, puede afirmar que es necesaria una reforma judicial. Pero mas allá de ello, para entender qué es lo que se debe reformar debemos plantearnos para qué se requiere una reforma. Esa pregunta se responde de la forma mas simple, para que el gobernado tenga justicia. Esa justicia sobre la que, en términos teóricos, se ha escrito mucho, ya desde la filosofía o de la administración de la misma en términos legales.
Ahora, el poder judicial de la federación tiene su talón de Aquiles al parecer en su endogamia, sumado al señalamiento retumbante de corrupción, hoy día, por parte del ejecutivo.
La primera cuestión consiste en que por muchos años el poder judicial de la federación se caracterizó por configurarse bajo criterios internos y personales de quienes ya ocupaban algún cargo dentro, antes de la carrera judicial, se resolvería con terminar con esa cerrazón en la integración del poder judicial mediante concursos abiertos con la posibilidad de que cualquier ciudadano que cumpliera con lo requisitos tanto formal como material pudiera acceder al servicio público en dicho poder; eso se requería.
Por lo que hace al señalamiento de corrupción que hace el ejecutivo federal es entendible, pues ninguno de los poderes está exento de ello. Sin embargo, de los pilares que sostienen el estado mexicano, el más salvable es, precisamente, el poder judicial de la federación. Es ahí donde el justiciable encuentra la posibilidad de que sus derechos sean analizados a la luz de las leyes; son muchas las ocasiones en que es el poder judicial federal quien corrige los errores o excesos de los juzgadores de los tribunales de las entidades federativas.
Otra cuestión necesaria para terminar con los excesos en la administración de la justicia es eliminar lo que el mismo poder judicial ha denominado error judicial. Entendiéndose por tal la equivocación de los juzgadores ya sea por un mal razonamiento de derecho, bien por una incorrecta aplicación del derecho o bien por no atender con precisión los hechos controvertidos. Y así, tras es escudo de esos “errores judiciales”, precisamente los intereses políticos influyen para el dictado de resoluciones judiciales injustas tanto de los poderes judiciales locales como federales. Entonces aisladamente se ven casos en los que el poder político incide en las resoluciones del poder judicial. Ejemplo de esas injerencias la encontramos en la cobertura y defensa que hizo el poder judicial federal a la reforma educativa de 2013, que afectó al magisterio y, en ese entonces, fue precisamente, el poder judicial de la federación quien con sobrada soberbia cumplió con las órdenes del poder ejecutivo para sostener la reforma en su integridad.
El error judicial visto desde la perspectiva de la responsabilidad en el ejercicio de las atribuciones que deben los juzgadores, es un cheque en blanco a aquellos pues se excluyen de las responsabilidades que les son propias de su cargo, pues las regulaciones sobre el tópico contenidas en las leyes orgánicas y las leyes de responsabilidades son letra mu**ta. Por ello, una propuesta racional sería la conformación de un consejo de la judicatura ciudadanizado, porque dicho consejo es un órgano vigilante de la actuación de las autoridades jurisdiccionales, con autonomía técnica de gestión y presupuestaria.
La reforma al poder judicial en los términos en que se plantea no resuelve las necesidades de administración de justicia para los gobernados. Es un mecanismo de superposición de las reglas de elección de autoridades al poder judicial, como si históricamente el sistema de elección de autoridades hubiera dado al estado mexicano los resultados óptimos. Sin embargo, debe observarse que en prospectiva la consecuencia será el desequilibrio del sistema de frenos y contrapesos que prevé la parte orgánica de la constitución federal; un sistema que si bien, no es puro, porque jamás podría ser así, lo cierto es que es la base de configuración del estado mexicano.
En la obra La clase política mexicana, se hace una descripción del comportamiento de la clase política y las consideraciones de los autores Gilberto Ramírez y Emilio Salim, parecieran aplicables atemporalmente.
Fortino Santiago Gómez Socio fundador de Asejure-Abogados