07/03/2024
Muchas veces nos vemos movidos por una gran necesidad de ayudar a los otros, de "salvarlos".
Vivimos con una gran necesidad de resolverle la vida a todos, a mi madre, a mi padre, a mis hermanos, a mi pareja, a mis amistades, a todo y a todos, y sino lo hago siento culpa.
¿Para qué me sirve esa necesidad de salvar a todos?
Por lo general, esa profunda necesidad nace de un mandato o promesa infantil (fidelidad inconsciente), que hicimos a nuestra madre o a la familia.
Esto nos descoloca de nuestro correcto lugar de hijos en la familia y de adultos en el mundo, desde este lugar vivimos hacia afuera, viviendo por otros, postergando nuestras reales necesidades.
Nuestro camino en la vida se abre y se ilumina para nosotros, cuando estamos en sintonía con nuestro deseo y no con el deseo de nuestros padres o de los otros.
Decia Bert Hellinger que "donde hay orden, el buen amor fluye entre sus miembros".
En cada familia, cada quien tiene su tiempo y su rol o responsabilidad, los abuelos como abuelos, lo padres como padres y los hijos como hijos, y es esencial el saber aceptar y respetar cada lugar y cada rol (jerarquía), así como su destino, sin juicios ni expectativas, reconociendo el derecho individual de cada miembro de nuestra familia de ser diferente y hacerlo diferente.
Cuando cada miembro de la familia esta en el lugar correcto, renace la paz y florece la vida, así los hijos con el permiso e inspiración de sus padres, tienen la fuerza y el deseo para ir a la conquista de su propósito.
Cuando en mi sistema familiar, logro estar en el lugar correcto, me hago hijo y adulto, me completo y puedo dar a cada persona su correcto lugar en mi vida y en esta danza vincular se crean relaciones en armonía, así me llega la paz a mi corazón, en sintonía con la vida, mi vida.
José Miguel Molina.