10/10/2018
Es un tema interesante la polémica en torno a la candidata a miss universo por parte de España –que está por demás decir es transgenero -.
El certamen es, entre otros puntos, calificar la belleza de la mujer. Partiendo de esa simple premisa, existen dos posturas al respecto.
Por un lado, quienes se oponen a la elección como candidata a mis universo de esta persona, al argumentar que el concurso es para aquellas que nacieron siendo mujer.
Por otro, que aplauden que dicha decisión permite incluir a personas en desventaja, un grupo vulnerable como lo son los transgenero.
Es curioso que este debate (incluso jurídico) se de en un concurso. Sus consecuencias pueden ser mayores, por el tema el cual se está tratando.
Es innegable que hay dos tipos de seres humanos, mujeres y hombres. Estos puede tener a su vez diferencias preferencias sexuales, y si lo desean identificarse con él género que consideran pertenecen.
El problema radica en la tolerancia y la equidad; la mayoría, los que somos heterosexuales, tachamos de incorrecto la elección porque “ella” no es naturalmente mujer… pero ya es mujer. El mismo problema radica cuando los hombres sufrimos de violencia por parte de las mujeres, que no podemos quejarnos ni defendernos por el estigma cultural que debemos aguantar. Es decir, no queremos aceptar que otros tengan mismas oportunidades o derechos pues la costumbre o incluso la naturaleza biológica es distinta, pero eso nos hace menos equitativos.
Es verdad que los transgenero nunca serán madres (de forma natural), que pueden sufrir de enfermedades propias de hombres (como el cáncer de próstata), e incluso su libido podría ser distinto.
Para algunos la solución sencilla es crear o que concursen en un evento propio para “ellas”; y esto no es más que aislar a esa persona por ser diferente a las mujeres; pues generar espacios específicos para estas personas, en estas circunstancias, es discriminatorio.
Recordemos hace algún tiempo en Estados Unidos de América, cuando, por el hecho de ser de color negro, debías acudir a escuelas o universidades para este “tipo” de personas. Las empleadas domésticas habitualmente eran negras, y tenían su propio baño, para no utilizar aquellos de la gente blanca. Este ejemplo es lo mismo si creáramos espacios propios de concurso de belleza para ciertas personas por ser distintas a las mujeres.
Al principio, tenía una opinión distinta a la que hoy alego en estas líneas, pues efectivamente afirmaba cómo puede un hombre convertido en mujer competir en un certamen de belleza para y dirigido a las mujeres; cómo muchos me parecía absurdo.
Pero consideremos que no se trata de un homosexual, sino precisamente una persona que cambió de género, y que actualmente, como tal, se ostenta como mujer – con independencia de su origen -; que resulta por lo cual, parte de un grupo vulnerable, pues ellos son un grupo poblacional que sufre (como lo hemos podido observar en múltiples comentarios y “memes”) de discriminación y violencia por su estado sexual.
Lo que pasa es que existe un duelo de dos grupos vulnerables culturalmente, por un lado las mujeres, y por el otro los transgeneros. Un lucha entre cómo un hombre puede ser la mujer más hermosa de España, sobre las propias mujeres. Sin embargo, entre estos dos, los segundos son los que se encuentran en mayor desventaja.
Por otro lado, se califica su permanencia en el concurso, por su estado actual, el cual es mujer; no por su pasado. Es cómo juzgar a un hombre adulto, por sus travesuras de niño.
Todos tenemos derecho a opinar, pero también es una obligación moral ser tolerantes. La persona hoy por hoy es mujer, y así quiere que la ubiquen, y además así debemos entenderla. El beneficio de ser electa para miss universo es más un acto de inclusión, y no deberíamos verlo como un pleito entre mujeres.