17/01/2022
El proceso de separación o divorcio de los padres es vivido por los niños de forma especialmente negativa cuando existe tensión entre ambos padres, y esta tensión se refleja en la relación que el niño mantenga con sus padres, pues normalmente en estas situaciones negativas el niño suele decantarse por uno u otro de sus progenitores, cosa que no suele ocurrir cuando la separación o divorcio se produce en unos términos tranquilos y sosegados entre el matrimonio.
En el caso de que la situación sea tensa y que no haya opciones de que la guarda y custodia del niño sea compartida por ambos progenitores, ¿quién decide con quien debe de vivir el niño? ¿A qué edad se le puede hacer partícipe de esa importante decisión?
En este asunto la norma a aplicar sería nuestro Código Civil no dice nada expresamente sobre la edad que debe tener el niño para decidir con quien quiere vivir, sino que establece que el Juez deberá recabar informe del Ministerio Público, y oír a los menores que tengan suficiente juicio cuando se estime necesario (…),
En todos los casos se oirá a los niños mayores de doce años.Esto quiere decir ni más ni menos que el menor siempre será escuchado cuando se considere que tiene una madurez apropiada para decidir sobre una cuestión tan vital como con quién quiere vivir, o cuando tenga más de doce años, pero nunca será obligado cumplimiento su opinión al respecto. El menor será escuchado sí, pero será el juez quien decida que es lo mejor para el mismo.
Vayamos a lo práctico
Para entender mejor la cuestión trataremos de ilustrar el caso con varios ejemplos:
Ejemplo 1: Imaginemos un niño de 13 años cuyos padres están pasando por un divorcio contencioso en el que no se ponen de acuerdo en nada y todo son discusiones en casa. El menor en principio se ha quedado viviendo con su madre en la casa familiar y el padre ha abandonado el domicilio. Los fines de semana el niño se va con el padre y durante estos días deja de estar sometido a las rutinas de colegio, estudiar y dormir pronto, su padre le deja acostarse más tarde de lo normal y con él todo son diversiones y juegos. En este caso, si al niño se le preguntara directamente con quien quiere vivir lo normal sería que eligiera vivir con su padre, pues para un niño de trece años no es divertido estar sometido a una rutina diaria, aunque evidentemente sí es necesario. En este caso el juez podrá entrevistarse con el menor y ver como es su relación con ambos padres y así decidir con quién debe quedarse, pero evidentemente aunque él diga que quiere vivir con papá, lo propio sería que la guarda y custodia se le otorgue a la madre, que es más capaz de darle al niño la estabilidad necesaria para su correcto desarrollo.
Ejemplo 2: Imaginemos en este caso una niña de 11 años. El divorcio de sus padres es un divorcio pacífico, pero no se puede otorgar la custodia compartida porque la madre por motivos de trabajo se tendrá que trasladar a vivir a una ciudad diferente. En este caso la niña tiene la estabilidad necesaria para su desarrollo con ambos progenitores y todos coinciden que es una niña muy madura. Dado que la niña prefiere quedarse con su padre, pues es donde menos se alterará su vida, el padre pide que el juez escuche a la menor. En este caso, tras el examen de la niña por parte del juez y del fiscal, y dada la madurez de la niña, a pesar de no tener los doce años cumplidos, el juez en su sentencia tendrá en cuenta la opinión de esta niña y dará la custodia al padre, pues efectivamente la niña estará mejor con su padre ya que se alterará lo mínimo posible su vida diaria.
Como vemos, lo importante en sí no es la edad del niño en general, si no la madurez del mismo y el interés superior del menor. Lo importante al decidir con quien vive un niño no siempre será la opinión que el niño tenga, sino la alteración que se vaya a producir en su vida o la estabilidad que cada uno de los progenitores le pueda brindar, para asegurar que su desarrollo es el correcto y deseable.