12/02/2022
Es nuestro deber respetar y ser fiel a los compromisos establecidos con nuestros clientes, incluso cuando estos no siempre tengan posibilidad de respetar y ser fieles a los compromisos que adquieran con nosotros como sus abogados. La empatía y comprensión de cada situación en particular, dependerá que el cliente sea un cliente digno y que bajo ninguna circunstancia nos obligue a traspasar la línea de nuestros principios para sus pretensiones personales.
Nuestros adversarios lo son únicamente en el aspecto jurídico, donde tanto aquellos como nosotros, deberemos emplear las leyes como única arma y el conocimiento y la experiencia como nuestra armadura. Error será considerar que la contraparte es enemigo fuera del campo jurídico y de litigación, seamos superiores en armas y en escudos, pero mostremos siempre igualdad de trato, respeto y humildad frente a cualquier persona que sea nuestra contraparte.
El juzgador, desconoce la realidad de los hechos; en el actual sistema penal de nuestro país no tiene conocimiento respecto de la carpeta y si bien nuestro Código Nacional nos impone el deber de lealtad, está no debería ser una imposición, sino un simple recordatorio de que no será posible obtener justicia, si en búsqueda de esta nuestros medios y conducción no es justa y leal a su vez, mismo que no le debe ser exclusivo a la materia penal.
Al lograr ser leales con el juzgador, con nuestros adversarios y con nuestros clientes, lograremos la mayor de las lealtades como abogados, que es la que nos debemos a nosotros mismos, misma que enaltece el ejercicio de la abogacía y que resulta indispensable para alcanzar resoluciones justas y una merecida satisfacción por habernos desempeñado de acuerdo al deber ser.