03/01/2026
Comparto un fragmento de una entrevista clave para entender hacia dónde podría moverse el debate de seguridad y justicia en la región.
El pasado mes de noviembre de 2025, el presidente de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, Miguel Ontiveros Alonso, en entrevista con la periodista Carmen Aristegui, dio a conocer una propuesta que, por su alcance y profundidad, hoy resulta inevitable traer a la mesa: la construcción de un modelo unificado de política criminal, seguridad y justicia para América del Norte.
La relevancia de esta propuesta se acentúa frente a los acontecimientos recientes en el plano internacional, particularmente la actuación de Estados Unidos en Venezuela y la detención del presidente Nicolás Maduro por delitos relacionados con narcotráfico, terrorismo, lavado de dinero y delincuencia organizada. Hechos que, nos gusten o no, evidencian que el combate al crimen organizado ya no se concibe desde una lógica estrictamente nacional, sino regional y transnacional.
En este contexto, México no puede permanecer ajeno ni limitarse a una visión aislada de su política criminal.
La Academia Mexicana de Ciencias Penales está integrada, en su gran mayoría, por abogados penalistas que fueron funcionarios públicos de gobiernos anteriores a la Cuarta Transformación, exfuncionarios públicos provenientes de administraciones priistas y panistas, muchos de ellos responsables directos de áreas estratégicas de seguridad pública y procuración de justicia. Se trata de perfiles que operaron sistemas de inteligencia, diseñaron políticas de seguridad y enfrentaron de manera directa al crimen organizado, con aciertos y errores, pero con experiencia real en el terreno.
La propuesta de un Sistema de protección, seguridad y justicia para América del Norte se sostiene en tres ejes centrales:
1. Un modelo único de protección a las víctimas.
2. Una política criminal homologada para combatir al crimen organizado, entendiendo que las organizaciones criminales no respetan fronteras, pero los Estados siguen actuando como si lo hicieran.
3. Un código penal único para América del Norte (Canadá, Estados Unidos y México), limitado a un núcleo de tipos penales que afectan directamente a la región y que hoy se combaten de forma fragmentada e ineficiente.
Como abogado penalista, considero que esta propuesta merece ser discutida con seriedad y sin prejuicios ideológicos.
Me sumo al análisis y, en breve, haré llegar mis comentarios y reflexiones al presidente de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, en un ánimo estrictamente técnico y propositivo.
Marco López
Abogado Penalista