29/09/2024
A mí me gusta platicar con los taxistas, los boleros, los peluqueros, suelen ser gente sabia con la que se puede hacer buena conversación. Últimamente también he tenido buenas pláticas con los médicos veterinarios.
Ayer me fuí a cortar el cabello, como no estaba el peluquero con el que comúnmente lo hago, tuve que acudir a otro local.
Me atendió un joven venezolano, muy amable, que me contó que lleva diez días en México y que acá ha vendido desde dulces en el Metro, hasta ha lavado carros, para juntar y poder comprar la máquina cortadora de cabello con la cual, justamente me lo cortaba. Que una señor cristiana, muy gentil, le rentó un cuarto. Rentar es un decir, porque él, su sobrino y un amigo, no tenían para pagarle la renta. Así que la señora, muy amable, les dijo que no se preocuparan, que ella les rentaba, aunque no pudieran pagar, les dió de comer y a él, lo recomendó con la muchacha, dueña del local en donde él ahora trabaja. Que era su primer día de trabajo y yo, su segundo cliente. Que la señor, como no, se ofreció a cuidarle al sobrino mientras él trabaja. Su historia me dio mucha ternura y le deseé lo mejor y le dije que Dios lo iba a bendecir. Su aspiración es ir a Estados Unidos.
La vida está llena de cosas simples, como esta anécdota que, igual y a nadie más le importa, pero a mi sí, y mucho, porque me agrada saber que aún hay mucha gente buena, trabajadora, gentil y con la que se puede tener una buena conversación. Lo único malo es que nuestro país se perderá de contar con un excelente peluquero venezolano, porque él irá, persiguiendo sus sueños a Estados Unidos, allá le irá muy bien, porque a la gente buena y trabajadora, tarde que temprano, le va muy bien.
Pues eso.