04/08/2026
Siete horas para firmar una escritura… y meses para hacerla posible.
Pocas cosas mueven tantas emociones como comprar o vender una casa.
Hace meses acepté vender una casa que otras agencias quizá no tomarían.
No porque estuviera fea o cara, sino porque tenía dos gravámenes vigentes: uno con Infonavit y otro con FOVISSSTE. Más de una persona me dijo que sería muy difícil venderla.
Y sí… tenían razón.
Existe la idea errónea generalizada de que una casa con dos créditos no se puede vender o que representa un riesgo para quien compra. La realidad es que sí es posible, siempre que exista la estrategia adecuada, la coordinación correcta y la persona compradora indicada.
Y esa persona llegó. Fue una pareja jubilada de la Ciudad de México que decidió comenzar una nueva etapa de su vida en León, para estar cerca de parte de su familia. ❤️
Encontrar a la persona compradora correcta es solo el 50 % del trabajo. El otro 50 % consiste en lograr que toda la operación llegue exitosamente a la firma de la escritura.
Aquí comienza la parte que casi nadie ve, en este tipo de operación hay candados:
✅Cuando una propiedad tiene créditos vigentes, el dinero no se deposita directamente a quienes venden. Primero se liquidan los adeudos con las instituciones financieras mediante las cartas saldo, documentos que indican el monto exacto que debe pagarse y la cuenta donde debe realizarse el depósito. Este procedimiento protege a la parte compradora.
✅ Hacer la firma en dos partes. Ese día, la firma comenzó con las personas vendedoras. Después vino la parte más intensa: acudir a los bancos para liquidar los créditos de Infonavit y FOVISSSTE, verificar que todos los pagos fueran correctos, presentar los comprobantes en la notaría y esperar la validación de cada movimiento, a contrarreloj, porque las cartas saldo tienen una vigencia limitada.
Una vez comprobados todos los pagos, la parte compradora pudo firmar la escritura. Así, ambas partes quedaron protegidas.
✅Después el último paso: la entrega de la casa.
Porque una cosa es la posesión legal, que se adquiere al firmar la escritura, y otra muy distinta es la posesión física, cuando se entregan las llaves y las personas cruzan por primera vez la puerta de la que será su nueva casa.
Ese momento siempre me emociona, porque mientras una familia comienza un nuevo capítulo llena de ilusión, otra se despide de un lugar que durante años fue parte de su historia.
Quienes compran celebran un sueño.
Quienes venden, muchas veces también viven un duelo.
Y en medio de esas dos emociones estamos quienes nos dedicamos a acompañar este proceso, procurando que todo ocurra con seguridad, orden y tranquilidad.
Al final, después de decenas de llamadas, reuniones, documentos, negociaciones, imprevistos y siete horas de firma, la operación se concretó.
Por eso me apasionan los bienes raíces. Porque no vendo casas; acompaño cambios de vida.
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