02/09/2026
AYOTLÁN NO DEBE SER TIERRA DE ABUSOS
Vergonzoso, aberrante e inaceptable resulta la manera en que, en los últimos días, elementos del cuerpo de Seguridad Pública de Ayotlán, Jalisco, han sido señalados por la forma en que ejercen la fuerza y someten a la ciudadanía.
La seguridad pública no puede convertirse en una herramienta de intimidación, violencia o abuso de poder. Quien porta un uniforme tiene la obligación de proteger, no de violentar; de garantizar derechos, no de pisotearlos.
Particularmente grave resulta el señalamiento de que un menor de edad habría sido brutalmente golpeado durante su detención, presentando lesiones que requieren atención y esclarecimiento. Si estos hechos se acreditan, estamos frente a una conducta absolutamente inadmisible y contraria a los principios más elementales de legalidad, dignidad humana y protección de niñas, niños y adolescentes.
Y aquí hay una responsabilidad que no puede evadirse:
El Presidente Municipal es el primer responsable de garantizar la seguridad pública dentro del municipio.
Su obligación no se limita a encabezar actos públicos, inaugurar obras o emitir discursos huecos. Tiene el deber de velar por la integridad, seguridad y bienestar de quienes habitan Ayotlán, así como de vigilar que los elementos bajo su responsabilidad actúen dentro del marco de la ley.
Hoy, lamentablemente, pareciera que la situación está completamente invertida: quienes deberían proteger al pueblo son precisamente quienes están siendo señalados por ejercer violencia contra él.
No podemos normalizar que una persona sea golpeada por un agente de seguridad.
No podemos justificar el abuso bajo el argumento de “hacer cumplir la ley”.
No podemos permitir que un uniforme se convierta en una licencia para violentar derechos.
La autoridad no está por encima de la ley.
Exigimos que los hechos sean investigados de manera seria, objetiva e imparcial; que se deslinden responsabilidades y que, de acreditarse cualquier abuso, se sancione a quienes resulten responsables conforme a derecho.
Porque la seguridad pública debe generar confianza, no miedo.
Porque Ayotlán merece policías que protejan a su gente, no que la sometan mediante la violencia.
Y porque ningún cargo público, ningún uniforme y ninguna institución están por encima de los derechos humanos.
¡AYOTLÁN MERECE SEGURIDAD, JUSTICIA Y RESPETO!
El silencio ante el abuso también termina protegiendo al abusador.