23/07/2022
CARTA A UNA ESTUDIANTE DE DERECHO.
MIGUEL CARBONELL.
El compromiso, la dedicación, el esfuerzo y la disciplina, son elementos esenciales, no solo para el estudiante de derecho, sino para todo a aquel que ejerce la licenciatura en derecho y que todos los días se enfrenta a un sin fin de vicisitudes.
No tuve la oportunidad de estudiar en una universidad autónoma, y la privada donde realice mis estudios, desafortunadamente, si tienen planes de estudios, no es en realidad aplicado, pues los maestros, no son seleccionados por su preparación académica y cada quien imparte su catedra a su libre albedrio, de ahí que no se puede hablar de hábitos de estudios, mucho menos de disciplina.
Es evidente que la preparación académica en la licenciatura fue débil y como abogados postulantes te ves en muchos apuros, es uno de los motivos que me ha inspirado a continuar la preparación académica a través de la maestría y la autolectura constante; sin embargo, reconozco que me falta disciplina, dedicación y esfuerzo.
Es la razón por el cual he acudido a la librería del Doctor Miguel Carbonell; tuve la oportunidad de adquirir libros, “Teorías Contemporáneas de la Justicia”, del doctor Rodolfo Vázquez, fue emocionante, pues, no tiene mucho que había empezado a leer la novela de “La Montaña Mágica” de Thomas Man y descubrir que el distinguido filósofo hablara del personaje de Hans Castorp, es una circunstancia para leerlo y que contiene una gran riqueza jurídica.
El Abogado Rebelde, de John Grisham, es inspirador para no darse por vencido, si realmente deseamos continuar en el ejercicio de la profesión, si no entras a una audiencia sin sentir una preocupación o indecisión, creo que será la hora de retirarse.
Después de haber leído Los Derechos Fundamentales, empecé a leer el libro de Epistemología Jurídica y Garantismo, de Luigi Ferrajoli, no es digerible, al menos para el suscrito, por lo que me obligo a buscar otras lecturas, para ver si logro en un segundo intento digerir la epistemología, de ahí que me llamo la atención el libro de Carbonell de “conociendo a Luigi Ferrajoli”, no he alcanzado a leerlo, pero está dentro de los libros a seguir leyendo.
La carta a un estudiante derecho, desde mi perspectiva subjetiva, es un buen libro, que contiene los consejos mínimos y esenciales, no solo para un estudiante de derecho, sino incluso, para los que han salido de la universidad, y se encuentran ejerciendo la licenciatura en derecho desde cualquier trinchera, pues no debe pasar por alto que incluso el distinguido doctor Carbonell ha afirmado que el profesional de derecho toda su vida tendrá que ser un estudiante.
El capítulo, que, a mi humilde opinión, falto de nutrirlo de un breve análisis, sobre lecturas de juristas, como Jesús Gerardo Sotomayor, la deontología jurídica, la abogacía; Ángel Ossorio y Gallardo El Alma de la toga; José Campillo Introducción a la ética profesional de abogado; y, recomiendo un libro, aun cuando no comparto todas las ideas de Piero Calamandrei, la elocuencia de los jueces.
Es claro, su recomendación, que el abogado debe buscar la humanización para sensibilizarse a los cambios constantes de la justicia, y efectivamente comparto la idea, que, en este rubro, solamente se obtiene a través de las lecturas de novelas, aun cuando no todas deben ser clásicas, existen novelas que no son clásicas y te dejan excelentes enseñanzas, por ejemplo, las novelas de John Grisham, el abogado rebelde, que nos sensibiliza luchar por los anhelos de la justicia, más allá de las adversidades.
En especial una novela que me causo un gran impacto, no solo para la visión del ejercicio de la profesión, es la novela “El hijo del Hombre”, de Jean Baptiste del Amo; es una extraordinaria historia, dolorosa y profundamente humana, que explora la transmisión de la violencia de generación en generación; y, sin ser muy partidario de escribir palabras soeces, sin embargo, el escritor las escribió, “era un viejo hijo de p**a, desde luego, pero él también tenía sus heridas. Y no hay nada peor que un hombre herido.”; al menor me deja una gran reflexión.
He tenido la oportunidad de leer dos novelas de Clifford Irving, como son “El Juicio” y “El Alegato”, de las que recomendaría, que también alientan a no darse por vencido, y aún cuando a veces nos vemos inmiscuidos en situaciones comprometedoras, por sentir compasión por algún cliente, que consideras que se encuentre en desventaja ante el acceso a la justicia, debemos luchar según nuestra propia convicción, a resolver a que se aplique la máxima de luchar por la justicia.
LIC. SHUGAR ALEXANDER HERNANDEZ BATUN.