12/07/2022
Les comparto esta breve reflexión que hago con motivo del día: ¿QUÉ SE FESTEJA EL DÍA DEL ABOGADO?
Cuando estudié la carrera de abogado, recuerdo que algunas personas me preguntaban si estudiaba leyes, por cortesía respondía generalmente que sí, pero algunas veces respondía que en realidad estudiaba derecho, ésto porque considero que más allá de las leyes está el derecho como esencia y eso es lo que estudia un abogado; algunos colegas dirán que las fuentes del derecho sitúan primero a la ley, ese es un tema que no trataré en este momento.
Así entonces, si lo que estudiamos en la carrera es el derecho (así lato sensu), nuestra formación se ve necesariamente impregnada de una serie de valores, axiomas o principios, encaminados a la justicia, (la más aceptada idea de justicia es la de Úlpiano) a la verdad legal; luego de un tiempo y derivado de la práctica forense, descubrimos que nuestra profesión es altamente moldeable en todos los sentidos, tanto si nos dedicamos como servidores públicos o en la iniciativa privada; el derecho positivo en ocasiones altamente especializado en algunos temas y ramas, y en otras es poco más que letra mu**ta, a final de cuentas lo que es valorado la mayoría de las veces es el resultado de nuestro desempeño, esa es la realidad, la medida de nuestro desempeño influye altamente en nuestra calificación como buenos o malos abogados.
La sociedad en general tiene una visión del abogado exitoso como aquél que gana todos los asuntos, y además tiene más que una estabilidad económica, que es implacable en tribunales y en ocasiones hasta que llegué a ser amenazante, tal cual si se tratara de un arma humana compuesta de interpretaciones amañadas de las leyes, influencias, y ferocidad protectora hacia quién lo contrata. Siguiendo esa idea, el abogado cede su calidad a la mejor o peor interpretación que el cliente tenga de lo que es un abogado.
Lo anterior nos lleva a reflexionar entonces para nosotros, nosotros los abogados, los estudiantes de derecho, los licenciados en derecho, ¿Qué somos?, ¿Cómo calificamos nuestros éxitos y fracasos?, indudablemente quienes pueden medirnos son nuestros contemporáneos, es decir, otros abogados; conozco abogados que tienen una gran preparación académica, pero no la habilidad para tratar con sus clientes, otros que no tienen gran conocimiento pero son tremendamente hábiles para encontrar soluciones prácticas a problemas jurídicos; de todos se aprende.
Todos nacemos con una predisposición a la defensa de nuestras ideas, con mayor o menor grado en relación a la justicia, pero sólo algunos están dispuestos a estudiar derecho y aplicarlo a la justicia; llegar a ser un abogado es un proceso, el proceso mismo.
Un abogado observa a la sociedad, y se mueve con ella; cuando es necesario también la dirige, defiende sus ideas, y cuando coinciden estas con la pretensión del cliente hace su labor con cabal honorabilidad.
Ser abogado es una esencia, no un modo; no se puede "estar" como abogado, es algo que una vez que nos vestimos con la cédula profesional que nos faculta para ejercer la profesión, no se quita y se pone; pero lamentablemente si se puede llegar a difuminar, puedes ser cada día menos abogado; el éxito profesional lo determinamos nosotros mismos, superando nuestras propias capacidades; ser un buen abogado es difícil, fácil es: repartir dádivas, cobrar excesivos honorarios por actuaciones dilatorias sin posibilidades, ingeniar "tornillos" (obstáculos con pruebas apocrifas, simulación de actos jurídicos). Ser un buen abogado también tiene su costo, tanto para él mismo como para la sociedad, ese sería un buen tema a tratar ¿Cuánto te cuesta ser un buen abogado? obviamente me refiero más allá del costo económico.
Pero como el título de esta breve reflexión, es ¿Qué se festeja el día del abogado?, lo lógico y natural es decir que se festeja que aún pueden existir abogados de verdad. ́aDelAbogado