28/08/2026
LA VIOLENCIA NO DEJA DE SER VIOLENCIA PORQUE LA VÍCTIMA SEA HOMBRE.
En esta semana he conocido y sabido de situaciones que me han llevado a reflexionar: hombres que son víctimas de violencia física, emocional e incluso económica dentro de su entorno familiar.
Es una realidad que las mujeres han sido y continúan siendo, de manera preponderante, víctimas de violencia. Reconocer que también existen hombres que la padecen no minimiza, compite ni resta importancia al dolor de ninguna víctima.
Sin embargo, algo llamó profundamente mi atención en ambos casos:
Los dos tenían miedo de denunciar.
Miedo a que no les crean.
Miedo a ser juzgados.
Miedo a las burlas.
Miedo a reconocer frente a los demás que están siendo víctimas.
Incluso existe el temor de acudir ante las autoridades porque sienten que, por ser hombres, su denuncia no será tomada con seriedad.
Y eso también debe preocuparnos como sociedad.
Nadie debería sentir vergüenza por pedir ayuda. Nadie debería acostumbrarse a vivir entre golpes, amenazas, humillaciones, manipulación, control o violencia económica.
La violencia no tiene justificación, venga de quien venga.
Ser hombre no significa tener que soportarlo todo.
Ser mujer tampoco.
Vivir una vida libre de violencia es un derecho.
Y cuando existen hijos de por medio, guardar silencio puede tener consecuencias todavía más profundas. Los niños quizá no comprendan completamente los conflictos entre sus padres, pero sí ven, escuchan, sienten y aprenden del ambiente en el que están creciendo.
No normalicemos frente a nuestros hijos aquello que jamás quisiéramos que ellos vivieran mañana.
Salir de una relación o de un entorno violento puede ser difícil. Habrá miedo, incertidumbre y decisiones complicadas. Pero el primer paso puede comenzar simplemente diciendo:
“Necesito ayuda.”
Como abogados, pero sobre todo como seres humanos, tenemos la responsabilidad de escuchar antes de juzgar y de orientar con seriedad a quien encuentra el valor para hablar.
Si alguien te dice que está viviendo violencia, no te burles.
No lo minimices.
No le digas que aguante.
Escúchalo. Créelo. Oriéntalo.
Y si eres tú quien está atravesando una situación de violencia:
Pedir ayuda no te hace débil.
Hablar no debería darte vergüenza.
Denunciar es ejercer tus derechos.
Sea hombre o mujer, nadie merece vivir con miedo.
La violencia se combate haciéndola visible.
Escuchemos. Acompañemos. Actuemos.
LEGATUM
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