Consorcio jurídico y pericial.

Consorcio jurídico y pericial. Asesoría gratuita por parte de abogados 100% titulados, y comprometidos a darle buenos resultados en sus asuntos.

05/12/2016
25/10/2016

No es fácil el camino para poder llegar al pico más alto de una montaña, pero llegar a la meta se puede, es posible. Lo mismo pasa con el proceso para cambiar tus hábitos. Dar el primer paso es lo que necesitas para lograr un gran cambio en tu vida.

Cambiar no es fácil. Es más, somos reacios, resistentes al cambio por naturaleza; le tememos, ya que casi siempre nos sacará de nuestra zona de conformidad.

No te preocupes por cambiar lo que no depende de ti, pero esfuérzate por cambiar lo que sí puedes: tu actitud, tu disposición, tu carácter, tu conducta, tu animo, tu forma de pensar, etc. y dale una oportunidad al cambio... no digas "esto se hizo siempre de esta manera", Si eres negativo y pesimista considera lo opuesto. Se abierto; acepta sugerencias, y consejos de los que desean lo mejor para ti y al mismo tiempo refuerzan tu desarrollo...

¡Se intencional en tus decisiones y que Dios guíe tus pasos!

¡Feliz dia!

“Papá y Mamá se van a separar”. Carta abierta para padres en proceso de divorcio“Para lo bueno y para lo malo, en la sal...
01/09/2016

“Papá y Mamá se van a separar”. Carta abierta para padres en proceso de divorcio
“Para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida, hasta que la muerte nos separe”- Esto es lo que nos han contado, ¿verdad?: Uno se casa para toda la vida.

Actualmente, uno de cada dos matrimonios se rompe. ¿Por qué? Hay tantas y tantas teorías. ¿Sabéis que os digo? Que me da igual los motivos, que lo que de verdad me importa es la salud emocional de todos esos niños de corazón dividido, de todas esas madres que ven truncado “su cuento de hadas infantil”, de todos esos padres que no ven a sus hijos todo lo que les gustaría. ¿Hay culpables? Habitualmente no, no los hay. No los busques.

Los años pasan, las personas cambian, evolucionan y en ocasiones toman caminos diferentes. Esa separación de sentimientos se va gestando durante meses, años. Poco a poco, con el paso del tiempo, uno se da cuenta que su compañero de viaje está en otro vagón, incluso en otro tren… De pronto llega un día en el que te miras al espejo y te dices: “Mis hijos se merecen una madre feliz”. Porque ¿Sabéis una cosa? Para que tus hijos sean felices, necesitan una madre feliz. Las mismas palabras para vosotros, los padres.

Qué duda cabe que el “egoísmo” de los niños les lleva a querer mantener a sus padres juntos, a toda costa, y cueste lo que cueste; aunque eso suponga ver a tu madre o a tu padre sumido en la tristeza. Y es así. Es la naturaleza de los hijos. No les culpo.

Pero como padres, debemos ser conscientes de ello, como también debemos saber que, ver a unos padres que no se quieren, indiferentes el uno con el otro, sin alegría o peor aún, con discusiones y desplantes en casa, no les beneficia en absoluto. Es más, marcará su desarrollo emocional y su manera de relacionarse con sus futuras parejas. ¿Cuántos adultos hay con el famoso miedo al compromiso que son hijos de divorcios traumáticos? Muchos, y muchos más habrá si no se produce un cambio.

En las separaciones, habitualmente siempre hay uno que sale ganando frente al otro, esto es así; ojalá pudiéramos cambiarlo. Ojalá todas las separaciones se hicieran desde la madurez de dos personas que ya no se hacen felices y deciden tomar caminos separados. Pero esto, no ocurre así casi nunca. Son tantos años viviendo con una persona, tantas cosas en común que uno no logra comprender qué ha ocurrido. ¿En qué momento se ha roto mi matrimonio? ¿En qué momento ha dejado de quererme? ¿Ha aparecido otra persona y por eso ya no me quiere a mí? ¿Por qué ya no siento lo mismo?

No hay un punto de inflexión. No hay un antes y un después. No hay otra persona que de repente hace que te desenamores de tu pareja y lo dejes todo. Eso sólo pasa en las películas. Es mucho más complejo.

Es un lento proceso de mucho tiempo. Los sentimientos hacia la otra persona se van agotando, se van extinguiendo, lentamente… difícilmente nos damos cuenta hasta que llega un momento en el que si escuchas tu voz interior descubres que la vida que llevas no te hace feliz.

La decisión es dura, durísima. Se mezcla el cariño que sientes por tu pareja y el AMOR incondicional a tus hijos. Temes hacerles daño, temes hacerles sufrir, temes equivocarte… pero al final de todo, si tienes la valentía suficiente, pensarás en ti y dirás: “¡Necesito ser feliz!”. Y ese sentimiento comienza a rondarte la cabeza, te impide dormir, te impide comer, te impide sonreír… Y se convierte en una necesidad vital.

En este punto, hay personas que el miedo les bloquea y se mantienen quietecitos, donde están, sin hacer nada más que lo que todo el mundo espera de ellos. Renuncian a su propia felicidad y ahí se quedan. A todos ellos les respeto. Es su decisión. Mantienen la “unidad familiar” tradicional. Pero, ¿de verdad pensáis que eso es “unidad”? ¿De verdad es un buen ejemplo el que les damos a los niños viendo a ese padre o a esa madre resignada? ¿Es eso amor abnegado? ¿Merece la pena? Yo pienso que no.

Cuando llegué a mi casa esa noche, mientras mi esposa me servía la cena, le agarré su mano y le dije, tengo algo que dec...
31/08/2016

Cuando llegué a mi casa esa noche, mientras mi esposa me servía la cena, le agarré su mano y le dije, tengo algo que decirte. Ella se sentó y comió callada. La observé y vi el dolor en sus ojos, de pronto no sabía cómo abrir mi boca, pero tenía que decirle lo que estaba pensando. "Quiero el divorcio".
Ella no parecía estar disgustada por mis palabras y me preguntó suavemente ¿por qué?... No supe que responder.

Esa noche no hablamos, sólo escuche lo mucho que lloraba. Sabía que quería saber qué estaba pasando con nuestro matrimonio, pero no pude contestarle. Sucedió que ella había perdido mi corazón, ahora le pertenecía a otra mujer llamada Juana. Yo ya no amaba a mi esposa, solamente le tenía lástima!

Con un gran sentido de culpabilidad, escribí un acuerdo de divorcio y en este acuerdo ella se quedaba con la casa, el carro y el 30% de nuestro negocio. Ella miró el acuerdo y lo rompió a pedazos!

Ella pasó 10 años de su vida conmigo y éramos como extraños! Yo le tenía lástima, por todo su tiempo perdido, su energía pero ya no podía cambiar, yo amaba a Juana. De pronto empezó a gritar y a llorar para desahogarse. La idea del divorcio ahora era mas clara para mí.

Al día siguiente llegué a casa y la encontré escribiendo en la mesa. No cené y me fui a dormir, estaba muy cansado de haber pasado el día con Juana. Cuando desperté, todavía estaba mi esposa escribiendo en la mesa. No me importó, me viré y seguí durmiendo.

Por la mañana mi esposa me presentó sus condiciones para el divorcio. No quería nada de mí, pero necesitaba un mes de aviso antes del divorcio. En sus condiciones me pedía que por un mes tendríamos que vivir como hasta ahora, vivir normal. Su razón era simple, nuestro hijo tenía todo ese mes exámenes y no quería molestarlo con nuestro matrimonio quebrantado. Yo estuve de acuerdo, ella tenía otra petición. Que me acordara cuando yo la cargué a nuestro cuarto el día que nos casamos. Me pidió que por ese mes, todos los días la cargara del cuarto hasta la puerta de salida de la casa!

Pensé que se había vuelto loca, pero para llevar la fiesta en paz, y para que firmara el divorcio después del mes, acepté.

Le conté a Juana lo que mi esposa me había pedido. Ella se reía en voz alta, y decía que era absurdo la petición, que no importaba que truco usara, tendría que darle la cara al divorcio.

Mi esposa y yo no teníamos contacto físico desde que expresé mis intenciones de divorcio, así que cuando la cargué el primer día hasta la puerta de salida, los dos nos sentimos mal, incómodos. Nuestro hijo caminaba detrás aplaudiendo y diciendo: Papá está cargando a mi mami en sus brazos. Sus palabras me causaron mucho dolor. Caminé los 10 metros con mi esposa en mis brazos, ella cerró los ojos y me dijo en voz baja: No le digas a nuestro hijo del divorcio. Afirmé con la cabeza un poco disgustado, la bajé cuando llegué a la puerta, y se fue a esperar el transporte para ir al trabajo.

El segundo día, los dos estábamos más relajados. Ella se apoyó en mi pecho. Pude sentir su fragancia, me di cuenta que hacia tiempo que no la miraba detenidamente. Ya no era tan joven, tenía algunas arrugas, algunas canas. Era notable el daño de nuestro matrimonio! Por un momento pensé y me pregunté. ¿Qué fue lo que le hice?...

El cuarto día, la cargué, sentí que la intimidad estaba regresando entre ambos. Esta era la mujer que me dio 10 años de su vida. En el quinto y sexto día, seguía creciendo nuestra intimidad. No le dije nada al respecto a Juana, pero cada día era más fácil cargar a mi esposa. Pensé que me estaba acostumbrando a cargarla porque era menos notable cargar el peso de su cuerpo conforme pasaban los días.

Una mañana ella estaba viendo que ponerse, se había probado muchos vestidos pero no servían. Se quejó diciendo: ¡Mi ropa se ha puesto grande!!! Y fue ahí que me di cuenta que estaba muy delgada, y esa era la razón por la cual yo no sentía su peso al cargarla.

De pronto sentí que le había enterrado mucho dolor y amargura. Sin darme cuenta le toqué su cabello, en ese momento nuestro hijo entró a la recamará y dijo: "papá llegó el momento de que cargues a mamá hasta la puerta!!".

Para mi hijo ver a su padre día tras día cargar a su mamá hasta la puerta, se había convertido en una parte esencial de su vida. Mi esposa lo abrazó, yo vire mi cara, sentí temor que cambiara mi forma de pensar sobre el divorcio.

Cargar a mi esposa en mis brazos hasta la puerta, se sentía igual que el primer día de nuestra boda. Ella acariciaba mi cuello suavemente y natural, yo la abrazaba fuerte, igual que nuestra noche de bodas. La abracé y no me moví, pero la sentí tan livianita y delgada que me dio tristeza.

El último día igual la abracé y no quería moverme, quería que el momento durara mucho más.

Manejé para la oficina, un impulso dentro de mí me hizo cambiar de dirección. Al llegar a mi nuevo destino salí del auto, subí las escaleras y al tocar la puerta Juana me abrió. La vi a los ojos y sin vacilar le dije: Lo siento, no quiero ni voy a divorciarme de mi esposa.

Juana me miró con asombro, quería explicaciones. Yo, amaba a mi esposa y ella a mí. Era que entramos en rutina y estaba aburrido, no valoré los detalles de nuestra vida, hasta que empecé a cargarla de nuevo, me di cuenta que debo y quiero cargarla por el resto de nuestras vidas.

Juana lloró, me dio una bofetada y cerró la puerta. Bajé las escaleras, subí al auto y llegué a la florería. Compré el arreglo más hermoso para mi esposa.

La joven en la florería me entregó una tarjeta, donde de puño y letra escribí: "Te cargaré todas las mañanas hasta que la muerte nos separe".

Llegué a mi casa con flores en la mano y una sonrisa, corrí y subí para encontrarme con mi esposa, pero ella estaba mu**ta!!!!

Le habían detectado cáncer y yo estaba tan ocupado con Juana que no me di cuenta. Mi esposa sabía que se estaba muriendo, y por ese motivo pidió un mes de aviso antes del divorcio, para que nuestro hijo no le quedará un mal recuerdo de la vida matrimonial de sus padres. Para que no tuviera una reacción negativa. Por lo menos, le quedaría saber que su padre era un esposo que amaba a su esposa.

Estos pequeños detalles es lo que importa en una relación, no la casa, el carro, el dinero en el banco. Crean un ambiente que crees te llevará a la felicidad, pero en realidad, no es así!!!!

Trata de mantener tu matrimonio feliz, comparte esta historia y quizás estés salvando un matrimonio. Todas las historias de fracaso son iguales, se dan por vencidos cuando están a punto de entrar en éxito.

12/07/2016

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