05/08/2024
Los litigantes…
-Yo quiero ser un litigante, porque ustedes trabajan cuando quieren, ganan bien y viven bien – comentaba el estudiante, que había acudido al Tribunal a ver audiencias, mientras esperaban en el pasillo.
-Déjame decirte algo, no todo es lo que parece- respondía con mucha tranquilidad el litigante- Litigar es algo así como que te vuelves esclavo de tu celular. A veces no comes, o comes lo que puedes. Te enfrentas a algunas autoridades que como nunca han litigado no saben lo arduo que es eso y por ende, no respetan el trabajo. Tienes que generar tu propio ingreso, con sus altas y sus bajas que conlleva. Aguantar cuando ves que en ocasiones las relaciones pueden pesar más que el caso mismo. De la noche a la mañana te puedes convertir en enemigo público al tomar un caso. Requieres creatividad para buscar soluciones que nunca han tenido nacimiento jurídico. Otras veces te tienes que aventurar a llevar el asunto aunque no lo conozcas o domines del todo. Le das voz a quienes representas, los haces ver como personas reales con problemas reales, porque muchos quisieran ignorarlos. Una que otra vez, te enfrentas a amenazas. Cuando estás terminando un asunto, te estás preparando para la siguiente batalla. En los tribunales, los procesos pueden volverse espectáculos, y las partes actores dentro de ellos. Si no piensas, los excesos pueden perderte. Te puedes endeudar a veces para solventar los asuntos, o salir en números rojos en los mismos. Y así, cada litigante podría contarte más aventuras y desventuras.
-Se veía más sencillo de lo que parece- exclamaba desanimado el joven abogado.
-No te digo esto para desanimarte. Te lo digo para que seas consciente que antes de la meta está la carrera, que para llegar hay un proceso, que se va haciendo camino al andar. Que cada día somos más los abogados, pero también menos los abogados de verdad. Qué se necesita rescatar el honor de tan noble labor, cambiarle la cara al ejercicio profesional, imagínate que hasta el mismo Shakespeare ya nos quería matar. Y lo más importante, que esto nunca debe ser por dinero, posición o poder, sino por algo más: trascender.
Y en eso, la puerta de la Sala se abrió para que las partes ingresen. Una nueva odisea jurídica se venía, y es que, hay casos que terminan siendo verdaderas odiseas. Ahora tocaba uno más.
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