27/09/2017
RECORDANDO A NUESTROS MU***OS
ESTA ES LA HISTORIA DE CECI QUE PERDIÓ LA BATALLA CONTRA EL CANCER PERO QUIEN NOS DEJÓ UNA GRAN LECCIÓN DE VIDA.
LA VIDA DESDE MI VENTANITA.
Por Alejandro Amaya García
Hermana ¿Cómo estás? ¿Cómo sigues de salud? Hermano, fíjate que hoy habló el doctor muy seriamente conmigo, mi salud se ha deteriorado mucho en los últimos días, este último tratamiento para el cáncer ha terminado por afectar mis riñones que ya lo deje, uno de los pulmones no tarda en colapsar. Me dice el Dr. Que estoy desperdiciando energía que necesito en este momento. Así que hermano, hay que estar ya preparados, yo ya lo estoy, me causa pesar su sufrimiento, el de toda la familia, porque no han inventado una pastilla que cure el dolor de una pérdida. (Me quedé mudo por unos momentos) Me lo dijo con tanta serenidad, que pareciera que me estaba hablando de otra persona. Le acababan de decir que ya no era posible seguirlo intentando y ella aún conserva íntegra su fe, su alegría, su entusiasmo, su pasión por vivir, su inmenso amor por todos. (Antes de publicar esta reflexión pedí la autorización de mi hermana, que en forma muy atinada me dijo, así es mi vida desde mi ventanita).
Ceci ha decidido que no importa el tiempo, sea poco o sea mucho, importa como encara cada segundo, decidió afrontar con dignidad estos dolorosos momentos. La vida es un regalo en sí misma, es un preciado tesoro, nada ni nadie es eterno. El tiempo es algo que se nos otorga a todos por igual, lo que marcará la diferencia será la forma en cómo lo ocupamos, cada quien dictamina si lo invierte o lo malgasta. Es posible que creamos que este nunca se va terminar, y que tampoco terminará el de la gente que amamos. No, error número uno, a pesar de sabernos mortales, creer que somos eternos. Error número dos visualizar el tiempo ajeno como si fuera el tiempo propio. Es asimétrica la visión del tiempo para un niño, un adulto y un anciano, incluso hay prismas distintos para una persona que goza de buena salud que para otra que está enferma. De pronto hacer proyectos a largo plazo resulta una misión titánica cuando existen estas diferencias, decir un hasta pronto puede ser determinante, hablar a mediano plazo.
El tiempo tiene que ver con la forma en cómo afrontamos la vida, cuando hablo de encarar quiero dejar claro que es el modo en el que nos plantamos ante el pasado, el presente y el futuro. Cierto, la lógica señala al presente como lo único que tenemos y allí está la clave de nuestra felicidad o de nuestra desdicha. Perder el tiempo es anclarnos al pasado para revivir una y otra vez añejos traumas, dolores innecesarios, golpes, ausencias, palabras, personas, situaciones, lugares, amores, desamores, rupturas, distancias, regaños, traiciones, injusticias, Aun peor, nos aferramos a ellas, se prefiere andar lamiendo heridas, llorando p***s, profiriendo insultos. Exigimos con nuestros actos una graduación en la universidad del dolor, para escalar a la maestría del sin sentido y doctorarnos en vacío.
Error número tres, proyectar el futuro, olvidándonos del hoy, pensar en el mañana sin invertir en el presente. Capitalizar el tiempo implica en primera instancia valorar la vida que tenemos, luego entonces reconocer la misma valía de quienes son nuestros compañeros de viaje. Atesorar cada momento, honrar cada día, acumular instantes llenos de plenitud, de encuentros, de afecto, de alivio, de comprensión, de espiritualidad.
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora: 2 Tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado…4 tiempo de llorar y tiempo de reír, tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar…6 tiempo de buscar y tiempo de perder, tiempo de guardar y tiempo de tirar, 7 tiempo de rasgar y tiempo de coser,
tiempo de callar y tiempo de hablar, 8 tiempo de amar…tiempo de guerra, y tiempo de paz.”
ECLESIASTÉS 3
No solo el adecuado uso del tiempo determina nuestros grados de madurez y crecimiento, también nuestras acciones, la forma en cómo aprovechamos las oportunidades, en como afrontamos nuestros problemas, nuestras pequeñas o grandes tragedias así como las ajenas, como guardamos los puntos de equilibrio a nivel emocional, como compensamos vacios, la orientación de nuestros días alineándolos a un propósito.
Ceci decidió vivir el hoy, concilió el pasado, lo único que vislumbra más adelante es que está lista para cuando Dios le llame a cuentas. ¿Cómo se logra esto? Simple, la fe es la diferencia entre ver ciertos hechos como una tragedia o como una oportunidad de seguir creciendo, entre agradecer amanecer o maldecir un día, entre ser feliz o vivir quejándose, es la diferencia entre encerrarse y consumirse en un dolor, o abrirse descaradamente a la vida, exprimiendo cada minuto para ser plenos. Y aún así en medio de la más terrible tempestad, mantener la llama “de la esperanza encendida, sabiendo que hay un ser superior que tiene la última palabra en todo.
Carpie Diem “Aprovecha el día” La vida es gozo, si aún respiras, y puedes ponerte pie, disfrutar del milagro de un amanecer, de ver llover, mirar la estrellas, de disfrutar el paso de las horas junto a la gente que amas, degustar un platillo, de una buena película, deleitarte en la música, de conocer un nuevo lugar, redescubrir a una persona, encontrarle un sentido a lo que haces, hacer algo por alguien, de eso se trata el transcurrir del tiempo. Quien encuentre esto insulso enfrentará el hastío como destino, si antepone la selva urbana por encima de la simplicidad de una flor, el stress por un momento de meditación, el movimiento sobre la paz, la excitación fugaz ante una plenitud integradora, la burla opacando una sonrisa, privilegiar la lejanía ante un milagroso abrazo, el silencio sobre el gozo de un te quiero, el llanto hiriente ante el sosiego que da la sensatez de un buen hijo, un buen padre un buen hermano, un buen amante, el mejor de los amigos. Si preponderamos el orgullo sobre el perdón. Esto sin duda es morirse en vida, mutilar el alma, fragmentar el espíritu.
El tiempo está esperando matices de cada uno que transformen la realidad en hermosos sueños y no en trágicas pesadillas. Ganarse la vida no es llevar el pan a la casa es llevar amor a manos llenas a cada hogar. El tiempo se consume, se gasta en la mediocridad, se multiplica cuando es compartido amando, es bendecido cuando aprendemos a no renegar de Dios y en cambio asumimos que la vida y las horas que nos restan son un maravilloso regalo para escribir la más ejemplar historia, y no la más ridícula caricatura de nuestra representación.