08/04/2026
Esta noche no pude evitar detenerme y pensar… pensar de verdad.
No como lo hacemos a veces, por encima, rápido, como si nada pasara.
Pensar en lo que está ocurriendo entre Irán, Pakistán, Israel y Estados Unidos… y en lo cerca que estuvo el mundo de despertar marcado por una tragedia irreparable.
Porque detrás de cada país, de cada bandera, de cada discurso político o militar, hay algo que muchos han olvidado:
hay vida.
Vida real.
Gente que hoy fue al supermercado sin saber si mañana existiría.
Abuelos esperando una visita que quizá nunca llegue.
Niños que hoy jugaron en un parque sin imaginar que el cielo podía convertirse en fuego.
Estudiantes que siguen soñando, enfermos que luchan en hospitales, familias que solo quieren vivir en paz.
Y sin embargo, desde lejos, desde la comodidad de nuestras pantallas, es fácil deshumanizar. Es fácil decir “son ellos”, “son conflictos de allá”, “son terroristas”.
Como si la vida civil no existiera.
Como si millones de seres humanos no importaran.
Como si borrar una nación completa fuera solo una estrategia más en un tablero geopolítico.
Lo más duro no es solo el riesgo… es la indiferencia.
Nos estamos acostumbrando a vivir al borde del abismo como si fuera normal.
Como si México estuviera fuera del mapa del mundo.
Como si las consecuencias no nos fueran a alcanzar.
Pero no se trata solo de guerras lejanas.
Se trata de una era que huele a crisis profunda, a una posible depresión global como la de 1929, a tensiones nucleares que podrían desencadenar un invierno que cambie la vida para siempre.
Y entonces surge una pregunta incómoda… en qué nos estamos convirtiendo como humanidad? Porque pareciera que cada vez nos es más fácil odiar, dividir, destruir. Que hemos olvidado lo esencial: cuidar la vida, respetarla, protegerla.
Ahora las peleas en escuelas , bares , calles es a Matar lesionar o verse más salvaje en redes
A veces pienso, con tristeza, que estamos jugando con el destino del planeta como si fuera desechable.
Y que quizá, si no despertamos, sí… podríamos ser la última generación que habite esta Tierra.
Estamos a muy poco de serlo
Pero también creo algo más:
aún estamos a tiempo de sentir, de entender, de no volvernos indiferentes
Porque el día que dejemos de ver al otro como humano… ese día ya lo habremos perdido todo.
Enrique Balderrama