13/09/2026
Tuve la oportunidad de participar como docente en el Curso de Formación de Aspirantes a Notario del Colegio de Notarios del Estado de México.
Para esta sesión quise plantear un caso práctico que nos permitiera ir más allá de la elaboración de un instrumento notarial. Un caso que exigiera analizar un mismo problema desde distintas perspectivas, civil, familiar, sucesoria, mercantil, fiscal y registral, pero también desde una dimensión que considero indispensable, la ética y la responsabilidad del notario frente a las personas que depositan su confianza en él.
Porque en la práctica los problemas pocas veces llegan ordenados por materias o acompañados de una respuesta evidente. Llegan personas con familias, empresas, patrimonios, intereses distintos, conflictos y decisiones que pueden producir consecuencias durante muchos años.
Por eso, formar a quienes aspiran al notariado no puede limitarse a enseñarles a elaborar instrumentos jurídicamente correctos. También implica enseñar a preguntar, escuchar, analizar, anticipar riesgos y, cuando sea necesario, saber decir que no.
El conocimiento jurídico es indispensable, pero nuestra función exige algo más, criterio, prudencia, responsabilidad y un profundo compromiso ético.
Estoy convencido de que contribuir a la formación de nuevas generaciones de notarios es también una manera de contribuir al fortalecimiento de nuestro Colegio y, sobre todo, de la función notarial que representamos.