02/10/2021
La legalidad del ab**to debe ser una disposición legal optativa, potestativa, que depende de la voluntad y decisión de la mujer, absolutamente de acuerdo con la naturaleza laica del Estado Mexicano.
Muchos de quienes se han pronunciado al respecto, por más inteligentes y preparados que sean, llevan su ideología o religión al extremo de la intolerancia y satanizan el tema, además de condenar cualquier criterio contrario a sus ideas; como sucedió hace unos años con la polémica desatada por las declaraciones del entonces Rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente, (y con quien concuerdo plenamente), y quien señaló que lo del ab**to obliga a repasar seriamente la historia del laicismo mexicano, que viene desde la Constitución de 1857 que consagró los principios liberales que nos rigen en la actualidad.
Lo que pasa es que no entienden que los ciclos históricos están siempre sujetos a una constante revisión y actualización; incluso por supuesto a una reconsideración que jamás es un rompimiento radical con el pasado, que equivaldría a la negación de la historia.
Tal vez no les conviene entenderlo desde su corta visión política. A ellos hay que recordarles que el laicismo y liberalismo mexicano hoy se hayan bajo la presión y conservadurismo retardatario, obsoleto, en que no se asimila que la libertad es el mejor espacio para que florezcan todas las inquietudes espirituales del hombre, expresadas o no en la religión. Su oscurantismo es sinuoso, riesgoso y anticristiano.
En tal virtud procede defender la libertad, la de cada quien, ateniéndonos a la voz de nuestra conciencia (que es el libre albedrío que nos ha dado el Creador) y que cuando es honesta, y por ende sincera, es sin duda la voz de Dios.
Si a la vida y si a la libertad