02/08/2026
¿TUS HIJOS O TUS NOTIFICACIONES? EL VALOR DEL TIEMPO QUE NO REGRESA.
¿Alguna vez te has detenido a contar cuántas horas al día pasas deslizando el dedo en la pantalla de tu celular?.
A nivel mundial, una persona pasa en promedio 2 horas y 21 minutos al día en redes sociales. Pero en México la cifra es aún mayor: alcanzamos un promedio de 3 horas y 12 minutos diarios. Entre revisar Facebook, Instagram, TikTok o contestar mensajes, se nos va una parte significativa de nuestra jornada frente a una pantalla.
Ahora, hagamos una pausa y comparemos esta cifra con el tiempo real de calidad que dedicamos a nuestros hijos.
Diversos estudios sobre crianza revelan que más del 54% de los padres dedica menos de 30 minutos al día a conversar de manera profunda y significativa con sus hijos —es decir, una charla cara a cara, libre de distracciones y pantallas.
Aunque el tiempo total de convivencia en el hogar suele oscilar entre 85 y 115 minutos diarios, la gran mayoría de ese lapso se consume en la logística de la rutina: dar indicaciones, revisar tareas, coordinar horarios o resolver pendientes.
El reto de reconectar.
Las jornadas laborales extensas, el cansancio y la distracción constante de las notificaciones reducen el contacto visual y la escucha activa que nuestros niños y adolescentes necesitan. Conforme van creciendo, si no construimos a diario un canal de comunicación sólido, es natural que busquen aislarse o refugiarse también en sus propias pantallas.
Nadie dice que las redes sociales sean malas; son herramientas útiles para el trabajo, el entretenimiento y la información. Sin embargo, vale la pena preguntarnos: ¿qué pasaría si redirigimos aunque sea 30 o 40 minutos de nuestro tiempo en redes para conversar sobre lo que sienten, sueñan o les preocupa a nuestros hijos?.
Las redes sociales siempre estarán ahí al abrir la aplicación, pero la infancia y la juventud de nuestros hijos pasan en un abrir y cerrar de ojos.
Hoy es un buen día para apagar un momento la pantalla, mirar a los ojos a quienes más queremos y escuchar lo que tienen para contarnos.