01/12/2020
El Cabildo suelta el hermoso tarro canelo al que injertó 20 plumas, ejemplo de la quincena de aves amenazadas que salva al año
• Alzó el vuelo en Jinámar tras la particular odisea que inició cuando alguien le cercenó adrede las plumas para domesticarlo
• El Centro ha atendido en lo que va de año más de 1.500 animales, 1.300 de ellos aves
• Entre las especies en peligro que llegan con mayor frecuencia se encuentran los cuervos canarios y los halcones de tagorote
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El Cabildo liberó hoy al hermoso tarro canelo al que injertó 20 plumas que sustituyen las que alguien le cortó adrede para domesticarlo, una intervención que brinda otra oportunidad a este ejemplar, una especie de pato en peligro crítico de extinción, y que es un ejemplo de la quincena de aves amenazadas que salva al año su Centro de Recuperación de Fauna.
La suelta tuvo lugar junto a una charca del campo de golf de Jinámar, uno de los humedales donde nidifica la especie en Gran Canaria y donde lo primero que hizo el tarro canelo en cuanto fundó sus patas en el césped fue batir con fuerza sus alas, lo que confirmó la correcta adherencia de los injertos y con ello el éxito de la devolución de un animal a su hábitat natural.
El animal dedicó unos minutos a reconocer el entorno antes de emprender un vuelo circular que expresó la gracilidad de su especie, con patas y cuello más alargados que el común de los patos, maniobra que emocionó a quienes han participado en su minucioso proceso de curación, pues es el mayor injerto de plumas realizado por el Centro de Fauna tras los hechos en búhos chicos o cernícalos.
La liberación alcanzó su inesperado cénit cuando otros dos ejemplares de tarro canelo se sumaron al vuelo, lo que permitió g***r de tres ejemplares de una especie que se puede encontrar también en humedales de distintas partes de Asia, Europa y África, incluidas las charcas y embalses de Gran Canaria.
La odisea de este tarro canelo comenzó cuando algún desaprensivo lo capturó y decidió cortar sus plumas para domesticarlo, aunque de algún modo logró escapar y alguien dio la voz de alarma al encontrarlo deambulando por Tamaraceite débil, desnutrido y convertido en un ejemplo de maltrato animal.
La piedra angular de su curación fue un ejemplar fallecido de su mismo tamaño conservado por la Facultad de Veterinaria, lo que ofreció la opción del injerto, un delicado trabajo casi artesanal que consiste en cortar cada tallo de pluma, afilar las nuevas e introducirlas en dichos tallos, donde quedan fijadas gracias a un adherente, tarea que tomó varios días para evitar el excesivo nerviosismo del animal, que elevó su silueta en el cielo que se reflejaba en la charca del campo del golf.
El injerto no detiene el proceso de crecimiento de sus plumas naturales, que en el plazo de un año y de forma paulatina volverán a ocupar su lugar y desplazarán las insertadas, que se desprenderán por sí solas.