27/12/2025
El abogado como figura de frontera.
El abogado habita en un lugar incómodo. No gobierna, no legisla, no juzga. Tampoco sufre directamente el conflicto que defiende ( 'Quien se defiende a si mismo, tiene un b***o por abogado' , reza el aforismo). Nuestro espacio propio se halla en el umbral entre estos tres lugares. Como toda figura liminal, habitamos en el límite de mundos que se tocan con fricción: el hecho y la norma; la vida y el procedimiento; la justicia y la legalidad.
Nos enseñaron que el Derecho necesita fronteras claras. El abogado trabaja donde esas fronteras se difuminan. Tenemos que traducir el dolor en relato jurídico; la indignación en pretension; el caos humano en forma procesal. No obstante, toda traducción implica una elección, y toda elección es ya un acto moral. El abogado no puede esconderse detrás de una ley como quien cumple una orden. Hemos de decidir cómo usarla y hasta dónde llevarla.
Ello nos lleva a otro territorio. El abogado es una figura inquietante para el poder. Conoce las reglas pero no se confunde con ellas. En esa dicotomía moral puede servir a la justicia o vaciarla sin, a priori, violar una sola norma. Es aquí donde radica y se revela la condición liminal: la ley pasa por nosotros antes de tocar la vida. Si prevalece el cinismo, la legalidad se convierte en coartada; si asume su responsabilidad, la ley recupera su vocación de de justicia.
Ahora llega el lamento: vivir en el umbral tiene un precio. Soledad profesional, desgaste ético, incompresión social. No hay refugio seguro: ni la neutralidad, ni la obediencia, lo eximen de responder a su conciencia. El abogado vocacional no puede delegar moral; la ejerce.
Frecuentemente recuerdo el chiste con que se inicia la película 'La guerra de Los Rose' . Dani de Vito, en su papel de cínico abogado matrimonialista, lo cuenta:
'¿Qué hacen 1000 abogados en el fondo del océano?' - pregunta uno.
' No lo se, pero es un buen comienzo'. Responde el otro.
Hilarante. Injusto.
El abogado es necesario incluso, o sobretodo, cuando el Derecho falla. No es el guardián de la ley, sino el custodio de ese paso entre la norma y la vida. Mientras existe el conflicto humano, alguien debe habitar ese límite .