20/04/2020
ACCION, REACCION
Los diagnósticos dinámicos son imprescindibles a la hora de aplicar soluciones en situaciones cotidianas. El símil que más se aproxima a la situación que vivimos en los últimos meses es toda esa amalgama de opiniones, sentimientos, tácticas y réplicas que rodean el mundo del fútbol. Todo el mundo opina, muchos lloran, y una derrota o empate une a la gente en esa sensación de pérdida colectiva, a la vez que el gol une a la hinchada en una explosión de serotonina colectiva.
En el día de ayer uno de los jugadores cometió un desliz, tuvo un lapsus, tuvo una crisis de sinceridad, se admite cualquier opinión al respecto, pues en eso aún mantenemos la parcelita de libertad. Por mucho que se monitorice, la neurona aún fluye libre en los circuitos del individuo, y esa esfera de libertad se mantendrá intacta por mucho que muchos se empeñen en decirnos a uno y otro lado que está en peligro.
Pero en mi esfera personal, como sufrida y agradecida hincha del Athletico de Madrid, y por tanto, más curtida como balance en la derrota que en las mieles de los títulos, he esperado y he puesto el objetivo buscando la foto fija de un detalle que probablemente los hinchas de equipos con más glorioso palmarés ni siquiera tomen en cuenta, por infrecuente o imposible. La reacción.
Un general declaró ayer a preguntas de un periodista ( que importante esta resultando la libertad de información en estas semanas), que al margen de la impagable labor que están realizando en estos tiempos, trabajan asimismo para minimizar el clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno.
Como he dicho, es absolutamente opinable el por qué utilizó esa expresión. Sinceridad, lapsus, harakiri, torpeza, eso entra en la esfera de libertad de los ojos y oídos que ven una y otra vez la jugada que rueda imparable por las redes y ha tomado los medios de comunicación. La hinchada rugirá y se tirará las manos a la cabeza, opinará y se enfrentará, surgirán debates y se llevarán las pasiones y sentimientos al límite de la resistencia.
Pero para mi lo importante es la reacción, esa reacción inmediata ( que luego puede ser matizada en base al rugido de la afición o a las presiones de la directiva), lo que ocurre tras la jugada y que define la capacidad de liderazgo y que en suma nos permite descansar sabiendo que aún con sufrimiento y con adversidades la gestión de nuestro equipo está en las manos adecuadas y en el momento adecuado.
Y la reacción ha sido inmediata, y nos ha sido comunicada con velocidad y diligencia a través de un medio de comunicación, en concreto el periódico El País: La Moncloa planea reestructurar las ruedas de prensa posteriores al Comité Técnico del Coronavirus y prescindir de los responsables de las Fuerzas Armadas, la Policía y la Guardia Civil.
Es prácticamente imposible en fútbol que a la hora de lanzar un penalti la jugada termine en gol en propia puerta y por toda la escuadra. Pero a lo inverosímil de la jugada, que aunque difícil, se ha dado, lo que estaría fuera de toda lógica, es que el entrenador decida sacar del campo y sin relevo al jugador.
En ese caso no tenemos un problema de diseño de jugada, ni una fatalidad que le ocurre a un jugador concreto. Tenemos un problema con el entrenador.
Y como en el fútbol, por encima de opiniones, pasiones, lealtades y tradiciones heredadas, prima frente a lo individual el concepto de bien común. Máxime en un momento como este, donde no vibramos con cada jugada agarrados a la bufanda que representa a nuestros colores.
En esta jugamos con la selección, y eso es lo que debe hacer reflexionar hasta al hincha más acérrimo.