26/03/2026
UN PEIX QUE ES MOSSEGA LA CUA
Reflexión criminológica:
Hay personas que sufren un proceso de victimización de forma continuada, en el que confluyen factores individuales, sociales e institucionales. Nos encontramos ante lo que podríamos entender como un trauma victimológico severo.
Ello conlleva un alto riesgo de desarrollar trastorno por estrés postraumático, ansiedad, depresión e ideación suicida.
Para evitar la victimización secundaria, el sistema debe dar una respuesta adecuada a la víctima desde el primer momento: incluir apoyo psicológico inmediato, evitar procesos judiciales largos y revictimizantes, y prevenir la estigmatización social. Asimismo, influyen —y mucho— las dudas sobre el testimonio de la víctima y la credibilidad que se le otorga. Todo ello, si no se gestiona correctamente, no hace más que agravar el trauma inicial, con consecuencias no solo a corto plazo, sino también a largo plazo y que en ocasiones son irreparables.
El sufrimiento psicológico, si no se aborda, tiende a cronificarse. En algunos casos, pueden aparecer conductas que la víctima percibe como una vía de escape —como el suicidio— cuando el trauma no ha sido resuelto y no se han generado redes de apoyo eficaces. Este fenómeno puede relacionarse con la teoría de la anomia.
Así pues, hay personas que viven episodios vitales que las sitúan en una posición de especial vulnerabilidad. No solo por los hechos sufridos, sino también por sus consecuencias, que pueden generar una doble vulnerabilidad.
Hoy se ha hecho eco de un caso que nos interpela como sociedad. Según la información disponible —procedente de medios de comunicación, comentarios, y que podría no ser completamente veraz— estaríamos ante una persona que sufrió un trauma, posteriormente un intento de suicidio que derivó en paraplejia, generando una discapacidad sobrevenida. Esto la sitúa en una posición de doble vulnerabilidad: como víctima de un delito y como persona con discapacidad.
Propuesta de intervención desde la criminología:
Intervención temprana tras la agresión: atención psicológica y criminológica especializada, acompañamiento jurídico evitando la revictimización, así como protección y apoyo social.
Seguimiento prolongado del caso: evaluación continua del riesgo e intervención a nivel familiar y comunitario.
Enfoque interdisciplinar real y aplicado: integración de criminología, psicología, sociología y derecho, situando siempre en el centro el bienestar de la víctima.
En definitiva, una cadena de decisiones no adoptadas —o adoptadas de forma inadecuada—, junto con la falta de protección, atención y acompañamiento a la víctima, puede desembocar en un desenlace profundamente insatisfactorio.