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SYLVIA LIKENS: TORTURADA HASTA LA MUERTELa historia de nuestra triste protagonista arranca en 1949, cuando nació en el s...
18/06/2026

SYLVIA LIKENS: TORTURADA HASTA LA MUERTE

La historia de nuestra triste protagonista arranca en 1949, cuando nació en el seno de una familia humilde formada por sus padres y sus cuatro hermanos, Diana y Daniel, mellizos dos años mayores que ella y Jenny y Benny, también mellizos pero un año menor. La familia vivía de forma humilde, era disfuncional y sus padres, Bertha y Lester Likkens, tendían a discutir con frecuencia, llegando a vivir largas temporadas separados. Precisamente uno de esos momentos en los que la pareja se separó tuvo lugar en 1965, el año en el que empezó la pesadilla de Sylvia. En aquella época Bertha Likkens se mudó a Indianapolis junto a Sylvia y Jennifer y rápidamente entabló amistad con una señora asmática que conoció en la iglesia, madre de seis hijos y que respondía al nombre de Gertrude Baniszewski. La relación de amistad se afianzó rápidamente y cuando Lester le ofreció a Bertha trabajar con él en una feria itinerante esta propuso a Gertrude como la persona encargada del cuidado de Sylvia y Jennifer. Tras conocer a la mujer y el entorno en el que vivía, Bertha y Lester acordaron con Gertrude el pago de veinte dólares a la semana a cambio de que ella cuidara de sus hijas mientras ellos estaban lejos de casa.
La llegada de Sylvia y Jennifer a la casa transcurrió con normalidad durante los primeros días. Gertrude se mostró atenta y afable con las chicas y ellas parecían tener una relación cordial con sus hijos. Sin embargo, un retraso en el pago de los veinte dólares en la primera semana hizo que la pesadilla de Sylvia comenzara.

Al no recibir el dinero, Gertrude enloqueció y castigó a las chicas como forma de represalia por la demora del cheque, a pesar que Sylvia intentó persuadirla diciendo que el dinero se habría retrasado pero que llegaría. La señora Baniszewski no hizo caso a las demandas de la chica y obligó a ambas a que se quitaran la falda y la ropa interior y se inclinaran sobre una cama. Después les azotó en las nalgas con una pala de un centímetro de grosor. Realmente sólo golpeó a Sylvia, ya que esta propuso a Gertrude que la castigara a ella en lugar de a Jennifer ya que la menor de los Likkens padecía poliomielitis y Baniszewski accedió a esa petición. Al día siguiente, el cheque llegó a la casa de la señora Baniszewski. Se había retrasado un día por un fallo en el servicio postal. Pocos días después de aquel primer incidente Bertha y Lester, los padres de Sylvia y Jenny, acudieron a la casa de Gertrude Baniszewski para ver a sus hijas. Ellas, lejos de lo esperado, no contaron nada a sus padres sobre el castigo sufrido por Sylvia algunos días antes y éstos se fueron de la casa convencidos que habían realizado una gran elección para sus hijas. Sin embargo, a partir de aquí comenzó el verdadero calvario de Sylvia Likens, a quién Gertrude consideraba una sucia y una promiscua.
La señora Baniszewski no dudaba en castigar de forma física y psicológica a la joven ante cualquier acción de esta. Por ejemplo, uno de los peores episodios que tuvo que soportar Sylvia se produjo un día en el que fue a la tienda y tardó más de la cuenta en regresar a casa ya que encontró unas botellas de soda y las fue a vender para sacar un poco de dinero extra. Gertrude no creyó a la chica y la obligó a desnudarse delante de todos sus hijos y de su hermana Jenny, después la forzó a meterse una botella de Coca-Cola por la va**na, con tan mala suerte que la botella se rompió y le provocó el desgarro de las paredes va**nales. Toda la familia Baniszewski rió ante los desgarradores gritos de dolor de Sylvia. Su hermana Jenny simplemente miraba con estupor lo que acontecía.
Los golpes que recibía Sylvia eran constantes y casi a diario. Incluso, cuando Gertrude se cansaba, cedía los honores a su hija Paula, una joven de dieciocho años con un marcado sobrepeso (cerca de 90 kilos). Ésta no dudaba en descargar toda su furia contra la chica, de la que sentía envidia por su éxito con los chicos del barrio. Por si ese castigo no fuera suficiente, frecuentemente la señora Baniszewski sentaba a Sylvia a la mesa sin ponerle comida y la obligaba a permanecer sentada mientras el resto de comensales se daban un buen festín. De vez en cuando su hermana robaba un mendrugo de pan y se lo daba, aunque estas veces eran las menos ya que Jennifer estaba aterrada ante la posible represalia que recibiría si era sorprendida dando comida a su hermana.
La situación fue empeorando para Sylvia con el paso de las semanas ya que más gente se fue uniendo al maltrato que recibía. Uno de los ‘nuevos’ fue Coy Hubbard, un adolescente de 15 años, dos metros de altura, ochenta y cinco kilos y experto en judo. Era el novio de Stephanie, una de las hijas de Gertrude. Y su primer acto consistió en lanzar a Sylvia por las escaleras del sótano como castigo a la chica por haber utilizado un chándal de Paula para poder dar la clase de Educación Física en el colegio. Aquel golpe provocó que la muchacha permaneciera dos días inconsciente. Aunque no fue la única vez que Coy actuó de forma cruel con la joven. De hecho, el muchacho gozaba practicando con Sylvia sus técnicas de judo, aunque la muchacha solía aterrizar en el suelo y no en el colchón preparado para esos ‘entrenamientos’. Por si fuera poco, cada vez que Sylvia aterrizaba en el suelo los presentes se burlaban y reían de la joven.
En una ocasión, el reverendo Roy Julian visitó a los Baniszewski y quedó preocupado por la situación en la que encontró a Gertrude, por ello dio parte a los servicios sociales y provocó que una trabajadora social llamara a la señora Baniszewski para preguntarle por la situación en casa. Gertrude no dudó en aprovechar la oportunidad y le comentó que Sylvia era una pr******ta que estaba corrompiendo a sus hijo. La trabajadora social se compadeció de la señora Baniszewski y nunca más volvió a llamar. Fue, probablemente, la última posibilidad que tuvo Sylvia para haber salido del in****no que era su vida en aquella casa en la que cada día recibía golpes en todas las partes de su cuerpo. Incluida la va**na, objetivo de las patadas de quienes le agredían y desencadenante de un Nuevo empeoramiento de la situación de la adolescente en la casa. Una noche, fruto de esos golpes, la joven perdió el control de su vejiga y se orinó en la cama algo que desató, una vez más, la ira de Gertrude. La señora Baniszewski volvió a forzarla a que se introdujera una botella de Coca-Cola por la va**na, la golpeó y después la reubicó en la casa, ya que a partir de ese momento Sylvia pasó a dormir sobre un colchón en el suelo del sótano. También cambió su menú de comidas ya que desde ese instante apenas tenía un poco de agua y galletitas saladas para comer. Por si fuera poco, la torturada muchacha fue obligada a comer su propio excremento. Huelga decir que acabó desnutrida y deshidratada.
Gertrude empezó a decir por el vecindario que Sylvia era una pr******ta e incluso la obligó a redactar cartas contando escabrosos encuentros sexuales y reconociendo que era pr******ta. También afirmó que Sylvia le había causado problemas desde que llegó y que por eso la había mandado a un reformatorio de Indiana. Los vecinos creyeron a la señora Baniszewski. O tal vez no. Nunca se sabrá. Lo único cierto es que reconocieron haber escuchados gritos viniendo de la casa pero nunca hicieron nada al respecto porque “era mejor no meterse en problemas”.
Mientras tanto, en la casa la situación de Sylvia era cada vez peor. Los varones Baniszewski solían sumergirla en baños de agua hirviendo que hacían que, al acabar, su piel estuviera muy irritada y roja por el calor. Incluso en una ocasión la joven se desmayó en el baño y la sacaron del agua tirando de su pelo. Ese fue el momento en el que la mediana de los Likens decidió dejar de resistirse ante los abusos. Y esta decisión, como casi todas, sólo empeoró las cosas ya que Gertrude Baniszewski decidió despojarla de la blusa y los pantalones y dejarla desnuda en la casa durante el tiempo que la adolescente estuviera viviendo allí. Esto no importó demasiado a una Sylvia cada vez más demacrada por las palizas de todos los miembros de la familia, incluido John Baniszewski, el joven de trece años que disfrutaba escuchando los gritos de dolor de Sylvia cuando le pegaba patadas, puñetazos, la pisaba cuando estaba en el suelo o le apagaba ci****os en su cuerpo.
Aunque no sólo los Baniszewski abusaron de la chica. Otros chicos y chicas del vecindario lo hicieron. Como el caso de Ricky Hobbs, un muchacho que había intentado ser novio de Sylvia cuando ésta llegó a la ciudad pero que había sido rechazado por la joven. Ese rechazo le había generado un odio tremendo hacia la joven y, cuando tuvo oportunidad, se desquitó. Numerosas veces acudió a la casa Baniszewski junto con Coy Hubbard para abusar de la chica, a la que ataban a una viga de madera que había en el sótano y la golpeaban hasta que acababan exhaustos. Era como un s**o de boxeo. En una ocasión la muchacha se desmayó y todo el mundo pensó que había mu**to por la ferocidad de los golpes de Ricky Hobbs. Aunque, finalmente, la joven pudo recuperarse.
A esas alturas, la casa de los Baniszewski se había convertido en la principal atracción para los chicos y chicas del barrio. Los jóvenes invitados a los grotescos espectáculos observaron que Sylvia soportaba el abuso al que era sometida y empezaron a participar en los actos. Primero comenzaron a mofarse de ella y, poco a poco, empezaron a aplicarle castigos físicos. Los chicos la mordían, la besaban, la acosaban, la intimidaban, la violaban, la sodomizaban e incluso no dudaban en llevar a sus novias y a otros amigos a que vieran el espectáculo. De hecho, no fueron pocas las ocasiones en las que estos ‘mirones’ y ‘mironas’ pasaban a la acción y participaban en el tortura que sufría Sylvia. Alguien, en una muestra más de desprecio hacía la joven, hizo un dibujo de la niña poniéndole cuerpo de mujer y una posición sexualmente explícita. Este dibujo circula hoy día por Internet.
Los abusos iban en aumento y el in****no de Sylvia parecía no tener fin, del mismo modo que las maldades que pensaban sus abusadores iban en aumento con el pasar de los días. Poco antes de su muerte, Gertrude tomó una aguja al rojo vivo y en el abdomen de la chica escribió: “Soy una pr******ta y estoy orgullosa de serlo”. Sin embargo, cuando estaba por la mitad del trabajo se cansó y cedió el mando a Ricky Hobbs, quién continuó el trabajo ayudado por John Baniszewski, quién sujetaba los brazos a Sylvia mientras esta gritaba de dolor. Hacía el final del texto, la aguja dejó de quemar la piel de la chica y Hobbs acabó el trabajo haciéndole cortes. Al acabar, Gertrude Baniszewski espetó a la chica: “Ahora ya no podrás mostrarte desnuda ante ningún hombre sin que te vea la marca. Ahora ya nunca podrás casarte. ¿Qué vas a hacer?” Ese mismo día, Coy Hubbard dejó inconsciente a Sylvia al golpearla con un palo de escoba en la cabeza.
A pesar de haber bajado los brazos, la joven todavía tuvo agallas para intentar escapar de la casa pocos días antes del fatal desenlace. Sin embargo, fue descubierta en su intento y fue castigada. En esta ocasión fue su hermana Jennifer la encargada de llevar a cabo el castigo, obligada por Gertrude. La menor de los Likens tuvo que abofetear a Sylvia en la cara hasta que su rostro quedó totalmente rojo. Tras aquel castigo, los golpes y los abusos continuaron sin cesar.
El día anterior su muerte, Sylvia Likens tuvo que soportar como Paula le echó sal en todas sus heridas. El 26 de octubre de 1965 la joven amaneció inconsciente y con delirios ya que hablaba sobre irse con sus padres a la feria. Sus moratones, cortes, cicatrices y heridas le daban un aspecto lamentable acompañado por un casi insoportable hedor fruto de la falta de aseo. Gertrude, en un penúltimo acto sá**co decidió mojar a la chica con una manguera. Los asistantes al espectáculo no dudaron en reír mientras el agua caía sobre el demacrado cuerpo de Sylvia. Fue la última vez. La joven dejó de responder y el silencio llegó a la casa Baniszewski. Richard Hobbs decidió llamar a la policía para, a través de una mentira, conseguir que estos le practicaran los primeros auxilios y que los presentes quedaran como héroes ante el vecindario. Pero nada más lejos de la realidad. Los oficiales y médicos solo pudieron certificar la muerte de la joven y, además, declararon que el de Sylvia Likens era el peor caso de abusos de la historia de Indiana. La joven murió por hemorragia cerebral, shock y desnutrición.
Durante el juicio, los adolescentes del barrio aceptaron su culpa y no dudaron en detallar los castigos a los que habían sometido a Sylvia. Gertrude Baniszewski, por su parte, descargó la culpa en sus hijos y en los adolescentes del barrio alegando que no sabía lo que ocurría en el sótano, aunque todos los jóvenes declararon que era ella quién alentaba la tortura y participaba en ella. Jennifer Likens, la hermana de Sylvia, declaró lo mismo que los otros jóvenes.
Finalmente, Gertrude Baniszewski fue hallada culpable de as*****to en primer grado y sentenciada a cadena perpetua. En 1985, tras veinte años en prisión, consiguió la libertad condicional. Aunque no fue hasta poco antes de su muerte, en 1990, cuando reconoció su culpa y achacó sus actos a problemas personales y a unos medicamentos que consumía en el momento de los hechos. Su hija Paula fue hallada culpable de as*****to en segundo grado y sentenciada a cadena perpetua. Sin embargo, tras pasar siete años en prisión obtuvo su libertad condicional en 1973. Coy Hubbard fue hallado culpable por homicidio impremeditado y sentenciado a 21 años de prisión. Se convirtió en un delincuente habitual y volvió a la cárcel con frecuencia. Richard Hobbs fue hallado culpable por homicidio involuntario y sentenciado a 21 años de prisión. Murió cuando tenia veinte años debido a un cáncer pulmonar. John Baniszewski, que contaba con trece años en el momento de los hechos, fue también sentenciado a cumplir 21 años de cárcel convirtiéndose en el preso más joven del reformatorio de la historia de ese estado. Posteriormente se convirtió en un pastor laico. Finalmente, Stephanie Baniszewski fue hallada culpable por cómplice y fue sentenciada a cumplir 12 años en prisión.
Tal ha sido el impacto de este caso que no son pocos los libros y películas que tratan sobre el mismo. Por ejemplo, el libro The Girl Next Door de 1989 escrito por Jack Ketchum tiene varias similitudes con este caso aunque los nombres y la sinopsis cambian respecto a la vida real. Este libro dio lugar a la película La chica de al lado protagonizada por Blythe Auffarth y Elisha Cuthbert. Aunque tal vez sea la película An American Crime, protagonizada por Ellen Page, la que más se acerca a la realidad, a pesar que algunos hechos reflejados en el film no encajan con lo acontecido en la vida real. Sea como sea, en esta ocasión la realidad supera la ficción.

GRADOS DEL CONOCIMIENTO JURIDICOAplicando los conceptos sobre conocimiento al saber jurídico, resulta que éste puede ser...
17/06/2026

GRADOS DEL CONOCIMIENTO JURIDICO

Aplicando los conceptos sobre conocimiento al saber jurídico, resulta que éste puede ser de tres grados:

1) conocimiento jurídico vulgar entre otros aspectos, es el que se refiere:

a) al concepto del derecho que tienen la generalidad de las personas, limitado a la ley, al decreto, a la ordenanza municipal, etcétera, según los casos y al carácter obligatorio de estas disposiciones; b) al conocimiento de casos particulares resueltos por los tribunales; c) a la existencia de normas jurídicas que han regido o rigen en un lugar determinado. Por ej., Que las leyes de
Estados unidos de Norteamérica y de México permiten que la gente se divorcie mas facilmente o en forma absoluta.

2) conocimiento jurídico científico. Aclarémoslo mediante un ejemplo sencillo:
una persona, por el hecho de haber celebrado un contrato de locación, puede saber como se realiza, que cláusulas contiene, etcétera, lo que configura un conocimiento vulgar. Pero, si sobre esa base nos remontamos al estudio del régimen jurídico de este contrato en nuestras leyes, jurisprudencia, etcétera y, más aun, al análisis de los elementos permanentes y accidentales de todo contrato, estaremos haciendo ya ciencia del derecho.

El enfoque científico de la realidad jurídica, es lo que da origen a las ciencias jurídicas que, por ser varias, la encaran desde distintos puntos de vista.

3) conocimientos jurídico filosófico.

Aclarémoslo también con un ejemplo:

las ciencias jurídicas dan por supuestos una serie de conceptos, como la noción del derecho, de la justicia, etcétera, que son problematizados por el pensamiento filosófico y estudiados intensivamente, analizandose así los fundamentos mismos sobre los que reposan las ciencias jurídicas.

El conjunto de todos éstos problemas -los mas generales y profundos que se refieren al derecho- es lo que origina la filosofía del derecho.

16/06/2026

VICTOR HUGO SOBRE EL HECHO DE SER JUSTO
“Ser bueno es fácil; lo difícil es ser justo.”
Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.

LA ESCUELA DE LOS GLOSADORESSu dedicación y tarea hicieron accesibles a la inteligencia de su tiempo los materiales jurí...
15/06/2026

LA ESCUELA DE LOS GLOSADORES

Su dedicación y tarea hicieron accesibles a la inteligencia de su tiempo los materiales jurídicos encerrados en la compilación de Justiniano. Actuaron desde el siglo xi hasta la segunda mitad del siglo XIII.

En el siglo XI, en Pavia, sede de la Corte del Estado Longobardo, se crea una escuela de derecho, cuyas aportaciones perviven todavía en la época de los glosadores.

El derecho romano convivía con el derecho Longobardo que se adaptó a las necesidades de la práctica. Lo cierto es que el conocimiento del sistema romano se realizó con la actividad de los glosadores, olvidado antes como expresión de derecho, el que únicamente se había hecho advertir después de la caída del imperio romano de Occidente con la lex romana visigothorum y algunas
otras expresiones que atañen a la misma época. Los glosadores trataron, en primer lugar, de llegar al dominio de la materia en que insumieron su labor.

Buscaron así mediante el análisis del corpus juris realizar una tarea netamente exegética. Síntesis de la misma es la averiguación del contenido jurídico de cada pasaje, de las fuentes, para traducir el trabajo en glosas que eran anotaciones que el jurista agregaba a su ejemplar del texto con la intención de que fueran conservadas, copiadas y difundidas. Al igual que los escolásticos, los glosadores efectuaron una labor de razonamiento lógico (Aristóteles).

Poseían la gran virtud del estilo, carecían de la pomposidad y artificio bizantino.

Los glosadores ejercieron una influencia decisiva en Europa. En el siglo XIII se verifica en España la fundación de las universidades de Salamanca y Valencia.

El corpus juris, es evidentemente, una obra difícil para el ordenamiento de las materias y los glosadores fueron los conductores de su estudio, principalmente en las universidades de los siglos xii y XIII. Se ha dicho con razón que no hubo en ellos ningún sentido histórico y que buscaron un sentido real que pudiera servir para la práctica jurídica.

Los glosadores ante esa ausencia de ordenamiento fueron tras un propósito de unidad y se convirtieron no sólo en analistas, sino que abrieron y surcaron el camino de la síntesis.

Entre los mas notables representantes que aparecen entre irnerius y accursio, se encuentran: Rogerius, Otto, Albericus, Wilhemus de cabriano, placentimus, bassianus, pillius, cyprianus, calgosius, bandinus, burgundio, vacarius, johanes sarisberiensis, petrus blecensis, giraldus, hugulinus, tacredus, azo cacciavillanus, Jacobus de ardizone, Jacobus Colombi, Jacobus belduinus, carolus de
Tocco, roffredus epiphani, petrus de vinea.

También se denomina Escuela de Bolonia o de los jurisconsultos boloñeses, por ser en esta Universidad donde apareció y se desarrolló. Comprende a los jurisconsultos que florecieron desde el siglo XI hasta la segunda mitad del siglo XIII, y que usaron las glosas como forma de sus escritos. Los glosadores prestaron un gran servicio a la ciencia del Derecho, pues separaron la enseñanza de éste de la de las artes liberales y de la teología; servicio que aún fue mayor al haber examinado, uno por uno, todos los textos del Corpus Juris Roniani y de las primeras colecciones del Canonici, comparándolas entre sí e interpretandalas.

12/06/2026
ALBERT FISH     A Grace le había hecho mucha ilusión que sus padres le hubieran dejado ir a ese cumpleaños. Le agradaba ...
11/06/2026

ALBERT FISH

A Grace le había hecho mucha ilusión que sus padres le hubieran dejado ir a ese cumpleaños. Le agradaba ese hombre, Frank, se llamaba. No sabía por qué. Tal vez fuera la forma de mirarla, como si ella le gustase mucho también. Además sus padres confiaban en él y le iba a dar trabajo a su hermano Edward. Ed había colocado un anuncio en el periódico del domingo del New York Word. Se lo había enseñado a sus papás y a ella misma. “Hombre joven, 18 años, desea posicionarse en el país. Edward Budd, 406 West 15th Street”. Él decía que seguro que encontraba pronto trabajo, porque el New York Word lo leían muchas personas. Y había tenido razón. Pasaron tres días sólo cuando vino este señor. Era un granjero de Nueva York, de Farmingdale. Grace no conocía Farmingdale, pero debía ser muy grande, se dijo, porque sabía que Nueva York era muy grande. El hombre mayor había vuelto hoy. No se iba a llevar a Edward todavía, pero le prometió que mandaría a alguien a recogerle en unos días. Fue entonces cuando Grace apareció y Frank dijo que iba a una fiesta de cumpleaños. Habría regalos, tarta y muchos niños para jugar. Convenció a sus padres, Albert Budd y Delia Flanagan, para que la dejaran ir con él.
A Grace le gustaba ese hombre, y le atraía el poder asistir a un cumpleaños y jugar con nuevos amigos. Aunque estaba un poco extrañada. En esa casa no parecía haber nadie más. Frank le había hecho esperar fuera y luego la llamó por la ventana. ¿Querría darle una sorpresa arriba? Grace no se lo pensó más y subió la escalera hasta los dormitorios. Fue la última vez que se vio a Grace con vida.
El 5 de septiembre de 1930, la policía arrestó a Charles Edward Pope como sospechoso del secuestro de Grace. Pope tenía 66 años de edad y era superintendente de unos apartamentos. A Charles Pope le perdió la forma en que había tratado a su esposa, una mujer alienada y sometida, que se rebeló contra él y le acusó falsamente del rapto de Grace. Pope ingresó en prisión y pasó 108 días en prisión entre su arresto y el juicio celebrado el 22 de diciembre de 1930 y en el que, finalmente, se le encontró “No Culpable”.
No fue hasta cuatro años después cuando una nueva pista puso a la policía en el buen camino para detener a quien se había hecho pasar por granjero y había secuestrado a Grace. La pista, a su vez, era desesperanzadora: una carta de puño y letra del asesino. La madre de Grace era analfabeta y no pudo leer la carta, por lo que tuvo que enseñársela a su hijo Edward en la que confesaba que había matado a Grace y había comido partes de su cuerpo. La carta decía lo siguiente (advertimos que no es agradable de leer):

“Estimada Señora Budd. En 1894 un amigo mío fue enviado como asistente de plataforma en el barco de v***r Tacoma, el Capitán John Davis. Viajaron de San Francisco a Hong Kong China. Al llegar ahí el y otros dos fueron a tierra y se embriagaron. Cuando regresaron el barco se había marchado. En aquel tiempo había hambruna en China. La carne de cualquier tipo costaba de 1-3 dólares por libra. Así tan grande era el sufrimiento entre lo más pobres que todos los niños menores de 12 años eran vendidos como alimentos en orden de mantener a los demás libres de morir de hambre. Un chico o chica menores de catorce años no estaban seguros en las calles. Usted podía entrar a cualquier tienda y pedir corte en filete o carne de estofado. La parte del cuerpo desnudo de un chico o chica sería sacada y lo que usted quisiera sería cortado de él. El trasero de un chico o chica la cual es la parte más dulce del cuerpo era vendida como chuleta de ternera a un precio muy alto. John permaneció ahí durante mucho tiempo adquiriendo gusto por la carne humana. A su regreso a N.Y. robó a dos chicos uno de 7 y uno de 11 años de edad. Los llevó a su casa los despojó y desnudó y los ató a un armario. Entonces quemó todo lo que ellos portaban. Varias veces cada día y cada noche los azotó -los torturó - para hacer su carne buena y tierna. Primero mató al chico de 11 años de edad porque tenía el trasero más gordo y por supuesto una mayor cantidad de carne en él. Cada parte de su cuerpo fue cocinado y comido excepto la cabeza, huesos e intestinos. Fue asado en el horno (todo su trasero), hervido, asado, frito y estofado. El chico pequeño fue el siguiente, fue de la misma manera. En aquel tiempo, yo vivía en la calle 409 E 100 cercana a la derecha. Él me decía frecuentemente cuan buena era la carne humana, que decidí probarla.
El domingo 3 de junio de 1928, yo le visité en el 406 W calle 15. Le llevé un pote de queso -fresas. Almorzamos, Grace se sentó en mi regazo y me besó. Decidí comerla. Con el pretexto de llevarla a una fiesta. Usted dijo que sí, que ella podría ir. La llevé a una casa vacía en Westchester que yo ya había escogido. Cuando llegamos, le dije que se quedara afuera. Ella recogió flores, subí y me quite mis ropas. Yo sabía que si no lo hacía las habría de manchar con su sangre. Cuando todo estuvo listo, me asomé a la ventana y la llamé. Entonces me oculté en un armario hasta que ella estuvo en la habitación. Cuando ella me vio completamente desnudo comenzó a llorar y a tratar de correr escaleras abajo. La atrapé y me dijo que se lo diría a su mamá. La desnudé. Pateó y me rasguñó. La estrangulé y entonces la corté en pequeños pedazos para poder llevarme la carne a mis habitaciones. La cociné y comí. Cuan dulce y tierno fue su trasero asado en el horno. Me llevó nueve días comer su cuerpo entero estaba deliciosa, carnosa y jugosa. No la violé aunque podría haberlo hecho si lo hubiera deseado. Murió virgen.
Frank no se llamaba Frank, sino Albert, o mejor Hamilton Howard. Y ya había matado antes.
Quién era Albert Fish
A Hamilton Howard le llevó su madre allí con cinco años, en 1875, cuando su padre, Randall, murió de un infarto. Su madre era aún joven, pero su padre, 43 años mayor que ella, había vivido ya una vida intensa. Había sido patrón de un barco de río y, luego, ya para cuando Hamilton Howard nació, se ganaba la vida en una fábrica de fertilizantes. No hay documentación al respecto, pero tal vez fueran los v***res que respiraba en su trabajo los que acabaron con su vida. A Hamilton Howard no le gustaba el orfanato. Y él no le gustaba a los demás niños y no le gustaba a los celadores. Las autoridades del orfanato solían aplicarle castigos físicos. Le azotaban, le golpeaban. Pronto, sin embargo, descubrió que eso no le molestaba. Al contrario. A veces lo buscaba. No sabía por qué, pero el castigo físico le producía un placer extremo mezclado con el dolor e incluso llegaba a tener intensos or****os. Los otros niños, tal vez por ese rechazo visceral que sienten los niños a lo que son diferentes, tal vez por miedo a esa diferencia, se burlaban de él por ese motivo y, tomando su nombre como motivo, le llamaban “Ham and Eggs” (Huevos con Jamón). Hamilton aborrecía ese apodo.
En 1879, cuatro años después, su madre logró un empleo y pudo cuidarle, regresando por él y sacándolo del orfanato, pero ya era tarde para Hamilton. Las experiencias vividas en aquél centro le marcarían de por vida.
Por de pronto, lo primero que hizo fue cambiarse el nombre. Albert fue el elegido. Así conjuraría el apodo del orfanato. Ya no sería más “Ham and Eggs” Hamilton.
Tampoco es que el resto de su vida fuera un paseo por el paraíso. En su familia se registraron no pocos casos de enfermedad mental, alguno de ellos relacionado con manía religiosa. Con 12 años tuvo su primera relación homosexual. Fue con el hijo de un telegrafista, que le introdujo en la práctica de la coprofagia (comer sus propias heces) y la urolagnia (beber su propia o***a). Albert comenzó también a frecuentar, los fines de semana, baños públicos en donde podía ver a los chicos duchándose desnudos, convirtiéndose esta afición en su principal pasatiempo de los fines de semana.
Las peores tendencias de Albert se manifestaron, de todas maneras, a partir de 1890. Albert se trasladó a Nueva York, convertido en chapero. No debían satisfacerle del todo este tipo de relaciones porque comenzó a violar a algunos muchachos jóvenes. No fue aquél un breve periodo. Pasaron ocho años así, hasta que su madre, viendo las tendencias de su hijo, le amañó un matrimonio con una mujer nueve años más joven que él y con quien tuvo seis hijos: Albert, Anna, Gertrude, Eugene, John y Henry. Pero siguió violando a varios chicos.
Durante 1898 encontró trabajo como pintor de casas. Esto, según él mismo confesó luego, le dio la oportunidad de conocer a muchos niños. Dijo haber abusado de más de un centenar, generalmente menores de 6 años de edad. Curiosamente, le detienen años más tarde, en 1903, por malversación de fondos, llevándole a la prisión de Sing Sing, donde mantiene relaciones homosexuales con otros presos.
Ésta sólo fue la primera detención, a lo largo de su vida y hasta la detención definitiva, muchos años después, a Albert le detienen otras siete veces: por tentativa de estaba, por robo, por pago con cheques sin fondos y por cartas obscenas a los anuncios de agencias matrimoniales de los periódicos.
Aquí ya empiezan las fechas y los hechos a mezclarse y ser imprecisos. Albert siguió violando, a la vez que visitaba a menudo ciertos burdeles donde podía ser azotado y realizar prácticas masoquistas. Descubrió placer clavándose agujas por todo el cuerpo, especialmente en los ge***ales, y descubrió su pasión por la castración. Para explicar esto último, Albert Fish contaba que un amante masculino lo llevó un día al museo de cera en donde Fish quedaría fascinado al ver la reproducción de un pene diseccionado. Albert Fish intentó pasar a la práctica y, en uno de sus ataques, a un hombre con deficiencia mental, intentó castrarle, pero su víctima se asustó y pudo huir.
Llegó, así, el primer ataque. Era 1910 Se trataba de un niño llamado Thomas Bedden, al que Fish atacó y acuchilló en Wilmington (Delaware).
Con este panorama, no es difícil ver por qué su esposa le abandonó. Lo hizo por un amante, John Straube, que supo ganarse el favor de la familia Fish y que, finalmente, se hizo con su recompensa, a costa de la ira de Albert Fish, que a raíz de este episodio (o tal vez coincidiendo con él), comenzó a escuchar voces en su cabeza, que le dictaban acciones a veces extravagantes. Una vez, se envolvió en una alfombra porque “se lo había dicho el Apóstol San Juan”. Fish se casaría otra vez, en 1930, aunque se divorció una semana después.
En 1919, Fish volvió a acuchillar a otro niño, esta vez en Goergetown (Washington), siendo la víctima un joven con discapacidad mental.
Quien sí pudo salvar su vida fue Beatrice Kiell, una niña de 8 años de edad, que se encontraba jugando sola en la granja de sus padres en Staten Island el 11 de julio de 1924, cuando Fish acertó a pasar por allí. Fish le ofreció dinero para que lo acompañara y le ayudase a buscar ruibarbo en los campos vecinos. La niña, confiada, estuvo a punto de abandonar la granja cuando su madre la vio y ahuyentó a Fish. Pero Fish no estaba dispuesto a dejar a su presa y trató de dormir, por la noche, en el granero de la familia. Esta vez, sin embargo, fue descubierto también, esta vez por Hans Kiell quien le dijo que se marchara.
Fish buscó otra víctima. Tras la sentencia, cuando ya no tenía nada que perder, Albert Fish confesó también el as*****to de Francis X. McDonnell de 8 años de edad, mu**to en Staten Island, cuyo cuerpo, estrangulado con su propia ropa interior, fue encontrado en los bosques cercanos a la casa del niño, en Port Richmond, gracias a un vecino que vio al niño y a un anciano dirigirse hacia allí. Fue el 15 de julio de 1924, cuatro días después de su intento fallido con la niña de los Kiell. La madre del pequeño Francis recordó entonces que había visto merodear a un anciano que apretaba los puños y miraba jugar al chiquillo y a sus amigos.
Tres años más tarde, el 11 de febrero de 1927, Billy Gaffney jugaba en un pasillo exterior con el que contaba el apartamento de su familia en Brooklyn. Con él estaba su amigo, Billy Beaton. Ambos chicos desaparecieron, pero Beaton fue encontrado, finalmente, en el tejado del edificio de apartamentos. Cuando se le preguntó sobre qué había pasado con el chico de los Gaffney, Beaton dijo: "se lo ha llevado el Coco". La investigación señaló primero a Peter Kudzinowski, otro asesino en serie, que mató al menos a un adulto y dos niños y que actuaba en la misma zona y en la misma época en que lo hizo Albert Fish. Sin embargo, un conductor de tranvía de Brooklyn, Joseph Meehan, vio una foto de Fish en los diarios y lo identificó como el hombre que vio el 11 de febrero de 1927, tratando de calmar a un niño sentado a su lado en el tranvía. Según contó Meehan, el chico no llevaba chaqueta y lloraba por su madre. La situación estaba poniendo nervioso al hombre que le acompañaba, así que arrastró al niño fuera del vehículo. La policía comparó la descripción del niño con la de Billy y comprendió que se equivocaban de sospechoso con Kudzinowski. El cuerpo de Gaffney nunca fue recuperado pero Albert Fish confesó luego, a la madre de Billy, que lo visitó en la prisión de Sing Sing, que lo había atado y lo había rajado con un cuchillo, sacándole los ojos, hasta matarlo. Luego, lo había desmembrado y había cortado su nariz y algunos otros trozos de carne para comérselos. El resto, lo había arrojado a las aguas fangosas de un camino. visitó a Fish en la correccional de Sing Sing para tratar de obtener más detalles de la muerte de su hijo.
Llegamos de nuevo a 1934. La carta enviada por Fish a la madre de Grace llegó en un sobre marcado con un símbolo hexagonal con las siglas N.Y.P.C.B.A., iniciales y emblema de la Mutua Privada de Chóferes de Nueva York. Siguiendo esta pista, la policía interrogó a los miembros de la compañía y sus trabajadores y dio con un portero que recordó que, cuando se mudó, había dejado olvidados algunos de esos sobres en una habitación que había alquilado en la calle 200 East 52nd. Street. Los agentes fueron al lugar y la propietaria de los apartamentos pudo corroborar que un tal Albert Fish se había alojado unos días antes. Fish vivía del dinero que le mandaba un hijo suyo. Y no debía fiarse demasiado de su padre porque en su último envío había pedido a la mujer que retuviera su siguiente cheque para él.
El responsable de la investigación era el agente William King. Guiado por su instinto, no estuvo dispuesto a dejar a escapar al asesino y, viendo que no se encontraba en su apartamento, esperó en la puerta del mismo, hasta que Fish regresó. Éste accedió a acudir a la comisaría para responder a unas preguntas pero, viéndose descubierto, en cuanto bajaron la escalera y llegaron al portal, Fish sacó dos navajas de sus bolsillos y con una de ellas en cada mano amenazó al policía. Éste no tuvo miedo. Se abalanzó sobre Fish y le desarmó, conduciéndole a comisaría. Fish confesó sin necesidad de que le presionaran. Y confesó también que la muerte de Grace fue incidental, porque la víctima que él perseguía era su hermano, el muchacho de los Budd, Edward.
El juicio del pueblo contra Albert Fish comenzó el lunes 11 de marzo de 1935 en White Plains, New York. El abogado fiscal de distrito Ellbert F. Gallagher, le acusaba de un solo crimen, el único que realmente podían probar: el de Grace Budd. La estrategia del defensor de Fish, James Dempsey, fue alegar locura. Durante diez días Fish juró haber escuchado voces de Dios ordenándole matar a los niños y un nutrido número de psiquiatras forenses testificaron tanto a favor como en contra de esa locura. Todos coincidían en enumerar las múltiples desviaciones de Fish, su fetichismo sexual, la coprofagia, la urofilia, la pedofilia, el masoquismo… Una radiografía de Fish tomada al cuerpo tras su muerte mostró que tenía un total de 29 agujas clavadas alrededor de la zona ge***al. Sin embargo, los especialistas no se ponían de acuerdo en cuál de todas estas “desviaciones” podía convertir a Fish en un demente sin control de sus actos. Así lo creía (o al menos así lo declaró) el jefe de los expertos de la defensa, un psiquiatra especializado en desarrollo infantil llamado Fredric Wertham, que realizaba exámenes en las cortes criminales de Nueva York. También declaró para la defensa la hijastra de Fish, Mary Nicholas, con 17 años de edad, que describió cómo su padrastro la involucraba a ella y a sus hermanos a juegos sexuales que incluían el masoquismo y el abuso.
El jurado lo encontró cuerdo y culpable, y el magistrado, Frederick P. Close ordenó su ejecución en la silla eléctrica.
Fish ingresó en el correccional de Sing Sing en marzo de 1935 y fue ejecutado el 16 de enero de 1936. Entró a la cámara de ejecución a las 11:06 p. m. Tres minutos después, el doctor certificaba su muerte. Fue sepultado en el cementerio de Sing Sing. Se tiene por cierto que, ante la expectativa de sufrir el mayor dolor conocido por la descarga eléctrica, comentó: “será la experiencia suprema de mi vida".
Aunque Albert Fish negó estar involucrado en más as*****tos y confesó sin problemas los que ya hemos mencionado, el investigador que le detuvo, el detective William King estuvo siempre convencido de que Fish podía haber sido "el vampiro de Brooklyn", un violador y asesino cuyas víctimas eran principalmente niños.
Si eso fuera así y King estaba en lo cierto, a la lista de víctimas de Fish habría que añadir al menos tres más:
Yetta Abramowitz, de 12 años de edad. Estrangulada y golpeada el 14 de mayo de 1927 en el tejado de un edificio de apartamentos de 5 niveles ubicado en 1013 Simpson Street, en el Bronx. Murió en el hospital minutos después de ser hallada. El asesino escapó, pero 20 detectives y muchos policías uniformados estuvieron buscando a un joven alto que había intentado atraer a varias jovencitas hacia callejones oscuros.
Mary Ellen O'Connor, de 16 años de edad, que desapareció en Far Rockaway, en Queens, el 15 de febrero de 1932. Su cuerpo se encontró, más tarde, en los bosques cercanos a una casa que Fish había estado pintando. Su asesino la había mutilado.
Benjamin Collings, de 17 años, asesinado en 1932.
Albert Fish también fue conocido como el "Hombre Lobo de Wysteria", "el anciano caníbal" o "El hombre gris"

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