12/12/2025
Tal día como hoy, un 12/12, nació mi abuela materna o como la llamábamos en casa, la yaya fina.
A mi abuela no la encontrarás en ningún libro de historia, ni en Wikipedia, ni tampoco descubrió o inventó nada. Fue una “simple” ama de casa, capaz de criar sola a sus 10 hijos (“Qué dedo de la mano me corto que no me duela”) y dejar atrás su Murcia querida para irse a vivir donde a mi abuelo (su nene, como le decía ella) lo destinaran como guardia civil.
La casa de mi abuela olía a Jazmín, café recién hecho, familia y tradición. Todavía recuerdo el sabor de su paella valenciana pero con el toque murciano del pimiento rojo o su bizcocho (que aún conservo su receta).
A la yaya le costaba escribir su nombre completo y a la vez le encantaba leer la sección de sucesos en los periódicos.
Nunca recuerdo haberla visto enfadada o criticar o hablar mal de alguien, al revés, siempre con su sonrisa.
Sin embargo, todo lo que en su momento podía parecerme una virtud, hoy lo veo con otros ojos y me producen hasta tristeza, porque detrás de esa sonrisa:
¿Cuántas emociones no pudiste expresar y se quedaron enquistadas en tu corazón?
¿Cuántos gritos te callaste?
En definitiva, ¿cuánto no pudiste ser?
Ojalá pudieras verme ahora.
Mira yaya, he podido estudiar una carrera (¿que te hubiera gustado estudiar si hubieras tenido la oportunidad?),
Mira yaya, he conseguido trabajar como abogada y vivir de ello (¿Qué profesión te hubiera gustado ser si hubieras podido elegir?)
Mira yaya, también soy madre pero me planté en dos (¿en verdad hubieras querido tener 10 si hubieras podido decidir?).
Hoy no podré merendar contigo ese chocolate con ensaimadas que nos hacías para celebrar tu cumpleaños, y no me podrás dar esos abrazos blanditos, recostando mi cara encima de tu bata o tu delantal cogido al pecho con imperdibles.
Lo que espero es que, allá donde estés, te puedas sentir orgullosa de mí como yo lo estoy de ti, porque tu historia me ha inspirado a ser la mujer que soy ahora.
Te quiero.