13/10/2026
Hay una frase que empezamos a escuchar muchísimo cuando se acerca el final del año:
“Tengo que comprar algo para desgravar.”
Y puede llevar a decisiones económicas bastante malas.
La fiscalidad debería formar parte de una decisión empresarial, pero rara vez debería ser la única razón para realizar un gasto.
Además, hay otro matiz importante:
ni siquiera todo lo que compras para el negocio tiene necesariamente el mismo tratamiento fiscal.
Dependiendo de qué adquieras, su importe, su naturaleza y el uso que vaya a tener, podríamos estar ante un gasto del ejercicio o ante una inversión que deba incorporarse al inmovilizado y cuyo coste se vaya deduciendo mediante amortización.
Y con el IVA ocurre algo parecido.
Que hayas pagado IVA en una compra no significa automáticamente que puedas deducirlo íntegramente: deben cumplirse los requisitos correspondientes y, en determinados casos, pueden existir limitaciones.
Por eso, antes de hacer una compra importante pensando en el cierre fiscal, nosotros plantearíamos las preguntas en este orden:
¿Lo necesita realmente la empresa?
¿Qué retorno esperamos obtener?
¿Cómo afecta a nuestra tesorería?
Y después:
¿Qué tratamiento fiscal tiene?
Porque pagar impuestos sobre un beneficio es una cosa.
Gastar dinero que tu empresa no necesitaba solo para reducir ese beneficio es otra muy distinta.
Una buena planificación fiscal busca eficiencia.
No busca gastos innecesarios.