31/08/2026
Familias que no denuncian la desaparición de sus hijos con la esperanza de que estén escondidos.
Llamadas sin respuesta.
Padres al otro lado de la valla esperando recibir una buena noticia que no va a llegar.
Mensajes que no llegan.
Madres sin comer, sin beber y sin dormir, preocupadas y sintiéndose culpables por no haber podido dar a sus hijos todo eso que anhelan.
Más de un centenar de personas que han perdido la vida ahogadas en el mar en sólo unas horas.
Un país vacilando a otro, consciente de sus límites y usándolos en su contra, sin que nadie exija explicaciones ni responsabilidades.
Coche fúnebres en la frontera, esperando horas al sol, para que finalmente se les impida repatriar cadáveres.
Seres humanos sin identificar que son enterrados en un país en el que sus familias no pueden entrar porque quienes les empujaron al mar se niegan a cooperar.
Cadáver n°23, cadáver n°47...
Tantas caras de seres humanos que me resultan tan familiares que las conozco.
Televisiones de mi país dando un micrófono a quienes llaman a "cazar inmigrantes uno a uno".
Miles de menores sin un techo en una nación que dice pertener a eso que llaman Primer Mundo.
Jóvenes asustados, traumados, perdidos y desesperanzados que nunca se pondrán delante de una cámara a hablar de su realidad.
Europeos que sienten como una amenaza a su burbuja del bienestar la llegada de personas que no tienen unas chanclas de más.
Analfabetos emocionales escupiendo aquello de que los chavales con quien tienen que estar es con sus padres.
Civiles cayendo en la trampa de la deshumanización llamando invasores a personas con las que tanto tienen en común.
Pobres enfrentados con otros más pobres utilizados como marionetas.
Ciudadanos impidiendo que se reparta comida entre personas que tienen hambre.
Siempre con la bandera de España por delante.
Señores de la guerra recibidos como salvadores de la patria.
Miles de personas viviendo semanas en la calle ante la inacción de quien puede actuar.
Patriotas que votan en contra de ayudar a Ceuta en una situación tan delicada.
Una ciudad que lleva años pidiendo ayuda.
Vecinos enfrentándose a una complicadísima rutina diaria que a nadie ahí arriba parece preocupar.
Que paren el mundo, de verdad.
Que me duele el alma.
Y me quiero bajar.
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