05/05/2026
Quito: restricción del transporte reflejará la crisis del capital y recaerá sobre el proletariado
Desde el martes 5 de mayo, los transportistas urbanos de Quito iniciarán la “racionalización” del servicio, limitando la circulación de buses entre las 08:00 y las 19:00. La medida, adoptada tras la eliminación de la compensación estatal al diésel, busca presionar por un incremento del pasaje en medio de lo que el sector califica como una crisis financiera.
La restricción impactará al transporte intracantonal y afectará directamente a cerca de 1,8 millones de usuarios, en su mayoría trabajadores, estudiantes y sectores populares. La reducción de horarios implicará mayores dificultades para acceder al trabajo, la educación y otros espacios esenciales, agravando la precarización de las condiciones de vida.
En la práctica, no se trata de una paralización del sistema, sino de una transferencia del problema hacia los usuarios. Las empresas mantendrán las exigencias laborales habituales, obligando a los trabajadores a resolver su movilidad por cuenta propia, muchas veces recurriendo a opciones más costosas como taxis.
Este escenario se inscribe en un proceso más amplio de ajuste. Meses atrás, el Estado eliminó subsidios al combustible para el conjunto de la población, encareciendo el costo de vida. La eliminación actual de la compensación al diésel para los transportistas marca una nueva fase del mismo proceso.
En este marco, el Estado burgués reorganiza sus recursos conforme a las exigencias del capital y del orden imperialista. No actúa como garante del bienestar general, sino como administrador de las condiciones de acumulación, trasladando progresivamente los costos de la crisis hacia las masas.
Por su parte, los propietarios del transporte —una fracción de la burguesía— actúan conforme a la lógica del capital. Ante la reducción de sus márgenes de ganancia, restringen el servicio y presionan por el alza de tarifas para sostener su rentabilidad.
A su vez, los dirigentes del sector impulsarán mesas de negociación con el Estado, utilizando una necesidad básica del pueblo como mecanismo de presión. La experiencia muestra que estos conflictos suelen resolverse mediante concesiones al sector transportista, trasladando finalmente el costo a la población.
De este modo, la dinámica se repite: el Estado ajusta, la burguesía del transporte defiende su ganancia, y el pueblo trabajador paga. Todo ello en torno a un servicio que no mejora, que se deteriora progresivamente, pero que sigue siendo imprescindible para millones.
La afectación a millones de usuarios evidencia cómo un servicio esencial, bajo el capitalismo, se organiza como mercancía y no como derecho. Las mesas de diálogo no cuestionan esta estructura, sino que administran el conflicto dentro de sus límites.
La restricción del transporte en Quito no es un hecho aislado, sino una expresión concreta de la crisis del imperialismo y de la forma en que esta se descarga sobre el proletariado urbano. Frente a ello, se impone la necesidad de fortalecer la organización independiente del pueblo trabajador y avanzar en formas de lucha que cuestionen el carácter mercantil de los servicios esenciales.