10/05/2021
2.-Las ventas de la tienda de productos orgánicos “La Trocha” triplicó sus ventas desde que se instaló la cuarentena en Bogotá.
Natalia Peris lleva tres años a cargo, junto a su socia, de una tienda de barrio llamada “La Trocha” en el centro de Bogotá que comercializa principalmente alimentos y envasados orgánicos de pequeños productores y artesanos locales.
Acostumbrada a trabajar en una tienda de atención al público de lunes a sábado, la implementación de la cuarentena le preocupó.
“Decidimos cerrar las puertas y seguir funcionando de puertas para adentro solamente con domicilios y entrega personal a los vecinos que pudieran pasar a recoger la compra”, explica.
Se vieron obligadas, además, a cambiar su operación. Ahora trabajarían solo lunes, miércoles y viernes en la tienda preparando las entregas y los demás días recibirían los pedidos y se organizarían con las fincas y los productores.
“No teníamos ningún sistema de domicilios organizados, así que tuvimos que movernos a encontrar un servicio de bicimensajería”, explica Peris.
La acogida hacia su negocio empezó a incrementarse y llegaron más pedidos.
“Nuestras ventas han subido tres veces lo que eran. Ha pasado de ser un negocio que se mantenía como podía poco a poco a vernos por primera vez con un volumen de ventas que, por suerte, conseguimos manejar”, describe. Bogotá, como muchas otras ciudades de la región, luchan para hacerle frente al virus.
En Bogotá, las entregas a domicilio son parte del ADN de la ciudad, por lo que también es posible hacer órdenes a supermercados grandes, pero Peris advierte que en tiempos de pandemia algunos han presentado retrasos con las entregas y eso ha representado una oportunidad para empresas más pequeñas como la suya.
“Es bonito ver que mucha gente ha decidido irse por el lado de la comida orgánica y que ha visto esto como un buen momento para apoyar al campo”, añade.
La restructuración y el rápido crecimiento hicieron que contrataran a dos personas más.
Las redes sociales, además, han sido sus grandes aliadas ahora. En el pasado “las teníamos muy abandonadas”, dice.
“Ahora soy una especie de ejecutiva campesina: me paso todo el día delante del teléfono y del computador tomando pedidos”.
De establecer esto como la “nueva normalidad” en su negocio, Peris considera que puede funcionar, pero afirma que su actividad es “muy de barrio” y espera que se quede así.