15/01/2026
SI QUEREMOS ENTENDER EL DELITO EN ECUADOR Y DETENERLO, NO PODEMOS RELEGAR A LA VÍCTIMA
“Desde siempre, la víctima no ha sido suficientemente estudiada, suficientemente defendida en la justicia, ni suficientemente apoyada en la opinión pública en la vida social”.
— B. Mendelsohn, “La victimologie” (1958).
Son 68 años desde esa advertencia, y la víctima sigue tratada como un elemento secundario: aparece para abrir el caso, para el titular, para el discurso de ocasión… y luego queda sola: expuesta, cuestionada, revictimizada. Eso no es solo injusto: es indolente e ineficaz para hacer justicia y para detener el delito.
La víctima puede ser clave para frenar la delincuencia porque ahí está el dato real: cómo operan los delincuentes, dónde presionan, cómo amenazan, por qué no se denuncia, qué patrones se repiten. Si se ignora a la víctima, el sistema persigue sombras, llega tarde y repite los mismos errores.
Y hay un problema de fondo: el Estado se apropió de la persecución penal (acción penal y uso de la fuerza). Eso debía ordenar la respuesta. Pero cuando ese monopolio termina dejando a la víctima relegada, el resultado es impunidad y un mensaje brutal: “Te quito el derecho de empujar justicia y, además, no te protejo”.
Mensaje final y ojalá se escuche: la ciencia está ahí para usarse. La victimología existe para algo. ¿Por qué no la aplican? Dejemos de perseguir el viento y seamos, como país, al menos, más instruidos que los delincuentes.